Caracterización de pacientes geriátricos con intento suicida en un área de salud

 

Maria Zayda Guridi González
Psicóloga
Especialista de Psicología de la Salud
Policlínico Mártires de Calabazar
La Habana, Cuba



MsC. Felipe Ramón García
Especialista en Psicología de la Salud
Profesor Asistente de Psicología de la Salud


Dra. Anai Medina Valdés

Especialista de 1er grado en Medicina General Integral
Profesora Asistente de Medicina General Integral


Dr. Miguel Ángel Pérez Meneses
Especialista de 1er grado en Medicina General Integral
Profesora Asistente de Medicina General Integral


Dra. Zaily Dorta Guridi
Especialista de 1er grado en Medicina General Integral
Profesora instructora de Medicina General Integral


Policlínico Docente Mártires de Calabazar, municipio Boyeros
Ciudad de La Habana, Cuba


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Fecha publicación: 15/noviembre/2007

 


Para citar este artículo:
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Guridi, González, M. Z. (2007, 15 de noviembre). Caracterización de pacientes geriátricos con intento suicida en un área de salud. Revista PsicologiaCientifica.com, 9(60). Disponible en:
http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-304-1-caracterizacion-de-pacientes-geriatricos-con-intento-suicida.html

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RESUMEN

En la actualidad, se considera que la causa del suicidio es multifactorial. Los ancianos son quienes tienen mayores tasas en ese aspecto, razón que motivó a nuestro equipo de trabajo a realizar un estudio descriptivo, retrospectivo y transversal de un grupo de pacientes mayores de 60 años, pertenecientes al área de salud del Policlínico de Calabazar y quienes llevaron a cabo intentos suicidas en los últimos 10 años. El objetivo de la presente investigación es identificar las características psicosociales presentes en estos pacientes geriátricos. Se estudiaron 12 pacientes a quienes se les aplicó el Minimental State y una encuesta confeccionada para la recolección de información. Como resultados se encontró: predominio del grupo de 60 a 65 años (50%), la escolaridad primaria (75%); el 50% presentó alteraciones psicológicas con dependencia a psicofármacos (91.7%); presencia de insomnio, sentimiento de soledad, incapacidad (91.6%);  desesperanza, tristeza, necesidad de apoyo familiar y aislamiento social (100%). Un porcentaje elevado (75%) no se encontraba satisfecho con las actividades realizadas en su tiempo libre. Se recomienda profundizar en el programa de atención al anciano para mejor la calidad de vida de los mismos para lograr una longevidad satisfactoria.

 

 



Introducción



El suicidio tiene antecedentes que se remontan a la existencia misma del hombre y varían sus características de acuerdo con la cultura y la estructura socioeconómica existente. Como fenómeno individual se ha conocido en todas las sociedades (Árlaes et al., 1999).


El término suicidio, como tal, se aplicó por primera vez en el siglo XVIII por el abate Desfontaine. La etimología de la palabra proviene del latín sui que significa sí mismo y cidium, que significa matar (García, 2001). El suicidio constituye la máxima expresión de autoagresión, abarca todos aquellos actos lesivos autoinflingidos con resultado de muerte (Pérez, 2001). La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su clasificación internacional de enfermedades (1976) define dicha conducta como "un acto con resultado letal, deliberadamente iniciado y realizado por el sujeto, sabiendo o esperando su resultado letal y siendo considerado el resultado por el autor como instrumento para obtener cambios deseables en su actividad consciente y medio social". Para la definición de conducta suicida es indispensable que la víctima coincida con el agresor y que sea conocedora de los resultados fatales a los que puede llevar su actuación (Pérez, 2001; Kaplan y Sadok, 1980).


Diferentes teorías han tratado de encontrar el por qué de esta controvertida conducta que resulta tan inexplicable por oponerse al instinto básico de conservación que posee el ser humano. Existen corrientes biológicas, psicológicas y sociales cuyos representantes, al tratar de explicar la etiología de esta conducta, convergen hoy con el criterio de que la etiología de la conducta suicida es multifactorial y que el valorar cada factor independiente sólo resta posibilidad de detectar a tiempo a un posible suicida (González, 1988; Baca et al., 2003; Comtois, 2002; Laserate, 2003). Ha sido explicado por las ciencias desde distintos ángulos, predominando los enfoques sociológicos y psicológicos (Sáchica, 1997). Desde el ángulo de la Psicología, uno de los iniciadores de este tipo de estudio fue Freud, que se apoyó exclusivamente en los mecanismos relacionados con el psiquismo del individuo para explicar el fenómeno (Freud, 1988).


En la actualidad, se considera que la causa del suicidio es multifactorial, determinado por elementos psicológicos y sociales, aunque no se descarta la influencia de algunas condiciones biológicas; sin embargo, parece que los factores principales son los psicológicos y se considera que cuando ocurre un intento suicida o este se consuma es debido al fallo en el individuo de los mecanismos autorreguladores que le permiten adaptarse adecuadamente a su ambiente (Sáchica, 1997).


El intento de suicidio, junto con el suicidio son las dos formas más representativas de esta conducta, aunque no las únicas. El espectro completo del comportamiento suicida está conformado por la ideación de autodestrucción en sus diferentes grados, las amenazas, el gesto, el intento y el hecho consumado (Pérez, 2001). La presencia de cualquiera de estos indicadores constituye un signo de alto riesgo en el individuo que los presenta. La identificación y detección oportuna de estas señales que emiten las personas con riesgo suicida es importante para la prevención de esta conducta (Pérez, 2001; Sarracent, 1996; Rodríguez, 1998). El intento suicida, también denominado parasuicidio, tentativa de suicidio, intento de autoeliminación o autolesión intencionada, se ha definido como aquel acto sin resultado de muerte en el que un individuo, de forma deliberada, se hace daño a sí mismo (Pérez, 1996).


El suicidio ocupa un lugar entre las diez causas de muerte en las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se considera que cada diez días se suicidan en el mundo 1110 personas y lo intentan cientos de miles, independientemente de la geografía, cultura, etnia, religión, posición económica, etc. (Pérez, 1996, 2001; Clavijo, 1998). Por cada suicidio se producen de 10 a 15 intentos y es mayor la relación para los adolescentes. En estudios de seguimiento de pacientes después del intento se ha visto que del 15 al 10% se suicidan y que del 10 al 60% de los pacientes que se suicidaron había tenido intentos previos (Nielsen et al., 1999).


En los países desarrollados de Europa y América del Norte el suicidio figura entre la quinta y décima causa de defunción más importante y aparece como la segunda y tercera causa entre las personas de 15 a 64 años de edad (Árlaes et al., 1999). Cuba no escapa de esta realidad, y el suicidio se encuentra entre las diez primeras causas de muerte, aunque con una tendencia descendente y muestra en los últimos años una tasa inferior a 20 por 100000 habitantes (Barroso, 2007). En nuestro país, Cuba, existe un programa para la prevención y la atención de la conducta suicida, iniciado en 1986. El programa está dirigido fundamentalmente a los grupos de riesgo, aunque las acciones de promoción de salud conciernen a toda la población (Barroso, 2007).


En la literatura sobre suicidio se mencionan múltiples factores de riesgo suicida que no se abordarán en el presente trabajo en su totalidad por considerar que estos rasgos son individuales, genéricos y generacionales, por lo que se profundizará en  aquellos que puedan anteceder al intento suicida en la tercera edad.


El envejecimiento es una manifestación del desarrollo biológico, psicológico y social de los seres humanos en las diferentes manifestaciones de su actividad, modificándose tanto el individuo como su medio (Quintero y Hernández, 1996). La vejez, última etapa de la vida, es un período matizado por una serie de peculiaridades biopsicosociales que ha requerido el desarrollo de áreas médicas especializadas en su estudio. La vejez no es una enfermedad, es un estado normal de la vida del hombre. A este período de la vida se llega con una amplia gama de minusvalía que, si no se conoce, pueden hacer de la ancianidad una etapa de amargura y sufrimiento que dista mucho de lo que se desea (Clavijo, 1998).


El anciano asiste, poco a poco, a pérdidas y limitaciones que día a día la vida le va imponiendo;  la depresión es la primera manifestación  psicológica que se presenta en él, por lo que los ancianos constituyen una población con riesgo de padecer cuadros depresivos según la discapacidad, su intensidad y la organización de la personalidad del anciano (Cruz, 1992).


Cumplir 60 años significa entrar en un nuevo período del ciclo vital. Según consenso general, en la Asamblea Mundial sobre Envejecimiento que sesionó en Viena en 1982, comienza una nueva etapa en la vida de las personas en la que se sufrirán crisis, se tendrá tiempo para encontrarse consigo mismo y se percibirá su realidad; es entonces cuando se comienza a tomar conciencia de que la vida está cambiando y experimentarán los cambios físicos que surgen en él (Cruz, 1992).


Por otra parte, el anciano es un ser socialmente deficiente en el sentido de haber perdido a este nivel algunos de los pilares básicos en los que sustentaba su vida (cónyuge, familiares, amigos, actividades y prestigio profesional). Todos estos elementos, además de la jubilación, la pérdida de estatus y de las funciones familiares pueden tornarse peligrosos para el anciano si no logra encontrar un equilibrio que favorezca su armonía psíquica, conllevando a una alteración afectiva (Carpeta Metodológica de Atención Primaria de Salud y Medicina Familiar, 2000).


La salud y el logro de una vejez saludable y feliz no se resuelven en el terreno de la medicina solamente, hay que mejorar la calidad de las condiciones sociales de vida (Cruz, 1992). En el estudio de la vejez es de crucial importancia tomar en cuenta las consideraciones relativas al bienestar subjetivo para la evaluación de la calidad de su vida, pues varios estudios han demostrado que el bienestar no declina con la edad y que permanece relativamente independiente de las circunstancia objetivas en que transcurre la vida del anciano y de su propio estado de salud (Quintero y González, 1996).


A pesar de la presión popular sobre el suicidio en la juventud y las numerosas investigaciones en torno a este fenómeno, los ancianos son quienes tienen mayores tasas en ese aspecto. En la medida en que las personas mayores constituyen el segmento de más rápido crecimiento de la población, el número absoluto de sus suicidios continuará incrementándose y se pronostica que para 2030 será el doble, por lo que se hace necesario profundizar en los factores de riesgo en la vejez para atenuar en cierta medida dicha predicción. El estudio de los intentos suicidas tiene importancia porque éstos en su mayoría son antecedentes de los suicidios consumados, además, posibilitan identificar factores de riesgo y procesos importantes en su dinámica psicológica que permita conocer el comportamiento psicosocial de la población (Pérez, 1996).


El presente trabajo investigativo tiene el objetivo de identificar características demográficas, psicológicas y sociales presentes en pacientes de la tercera edad, con la finalidad de prevenir la conducta suicida y mejorar la calidad de vida de nuestros ancianos.



Marco teórico conceptual



La primera contribución importante al estudio del problema del suicidio fue realizada a finales del siglo XIX por el sociólogo francés Emile Durkheim. En su intento por explicar las pautas estadísticas, dividió los suicidios en tres categorías sociales: suicidios egoístas, altruistas y anómicos (Kaplan y Sadok, 1996).


En 1917 Freud  presentó la primera concepción psicológica importante del suicidio, considerando éste como un deseo reprimido de matar a alguien. La concepción del suicidio como un pecado desempeñó un importante papel en las culturas cristianas. Las excesivas restricciones de la iglesia católica fueron en un momento dado contraproducentes y dieron lugar a la degradación, difamación y persecución de las personas con conductas suicidas (Kaplan y Sadok, 1996).


En Inglaterra y Francia, desde tiempos remotos, el suicidio fue considerado una falta grave, un crimen contra el Estado y un hecho que provocaba la represalia y la venganza de la sociedad. Sólo hasta 1961 se aprobó en Inglaterra una ley que cambiaba estos criterios, y en Francia, hasta después de la Revolución Francesa no fueron suprimidas las penas contra los que intentaban suicidarse (García, 2001).


Se han planteado diversas teorías para explicar por qué una persona intenta quitarse la vida. Las teorías psicológicas representadas por Freud, Meninger y Garman invocan diferentes mecanismos inherentes al psiquismo del individuo, pero desconocen cualquier otro punto de vista, mientras que las teorías sociológicas, representadas por Durkheim toman en consideración sólo la influencia de los factores sociales. Por todo esto, el suicidio debe ser considerado un hecho de causa multifactorial, en el que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales, considerándose como una falla de los mecanismos adaptativos del sujeto a su medio, provocada por una situación conflictiva actual o permanente que genera un estado de tensión emocional (Cuba, Ministerio de Salud Pública).


Kaplan y Sadock definen la depresión como una alteración que presupone un humor deprimido o una pérdida de interés o placer por todo o por casi todas las actividades o pasatiempos cotidianos (Cruz, 1992). La importancia de los trastornos depresivos en la práctica clínica médica y especializada viene resaltada por la elevada frecuencia con se presenta y por su alto porcentaje de morbilidad e incluso mortalidad indirecta por el riesgo de suicidio. Los trastornos depresivos son los trastornos psiquiátricos que se presentan con mayor frecuencia (Cruz, 1992).


El análisis de las estadísticas sobre la depresión hace pensar que esta problemática de la salud mental que afecta a tantas personas en los tiempos actuales y en todo el mundo hace que muchos individuos arriben a la ancianidad portando signos depresivos. Si a esto se suma que esta etapa de la vida, por sus características muy peculiares, condiciona en muchos casos la aparición de trastornos depresivos, entonces no cabría dudas de por qué es necesaria la atención a esta problemática de salud (Cruz, 1992).


Cabe señalar que no solamente tiene implicaciones para el bienestar y la calidad de vida la depresión en aquellas personas que la padecen, sino que el riesgo suicida que en ellas subyace hace más trágica y conmovedora la situación. Para que se tenga una idea, 25% de los suicidios se da en sujetos mayores de 65 años producto de la depresión (Cruz, 1992). Las tasas de mortalidad por suicidio en diferentes países presentan amplias variaciones. Según la Organización Mundial de la Salud, las estadísticas de las defunciones por suicidio están sujetas a la influencia de una amplia serie de factores algunos de ellos resultantes del método que se aplique en un país dado.


En Cuba el enfoque del fenómeno suicida en etapas prerrevolucionarias resultaba de interés para publicaciones sensacionalistas, no científicas, que destacaban los casos de suicidio como simples sucesos que atraía la curiosidad de los lectores. La medicina capitalista no se interesaba, ni podía abordar el estudio de este hecho en un país subdesarrollado donde se producían muertes por enfermedades perfectamente prevenibles. Con el triunfo revolucionario se produjo un salto cuantitativo y cualitativo en el desarrollo de la salud pública y una vez resueltos los principales problemas de salud de la población,  nos encontramos en condiciones de abordar la problemática del suicidio. Desde 1989, el Sistema Nacional de Salud cubano ha creado un Programa de Prevención de la Conducta Suicida, cuyo objetivo principal es evitar el primer intento suicida, su repetición  y la consumación. Es por ello que el médico de familia juega un papel importante en la ejecución de este programa; por su estrecha vinculación con la comunidad está en mejores condiciones de detectar al presunto suicida y conociendo las particularidades de esta conducta anómala, puede ejercer las acciones de salud que impidan este acto.


El intento de suicidio, junto con el suicidio son las dos formas más representativas de esta conducta, aunque no las únicas. Desgraciadamente existen muchos textos que sólo tienen en cuenta estos dos aspectos, los que, por demás, son los más graves, y no otros que detectándolos y tomándolos en consideración de forma oportuna evitarían que ambos ocurrieran. El comportamiento suicida está conformado por la ideación de autodestrucción en sus diferentes gradaciones: las amenazas, el gesto, el intento y el hecho consumado (Folstein et al., 1975; Pérez y Reytor, 1999). 


En la literatura suicidológica se mencionan múltiples factores de riesgo que pueden orientar al médico en su detección, adecuada evaluación y manejo. Ante todo hay que considerar que estos factores individuales, pues lo que para algunos es un elemento de riesgo, para otros no representa problema alguno. Además de individuales son generacionales, ya que los factores en la niñez pueden no serlo en la adultez o en la vejez. Por otra parte, son genéricos, pues los de la mujer no son similares a los de los hombres, aunque existen factores comunes a cualquier edad y sexo. 


 

 

En la medida en que las personas mayores constituyan el segmento de más rápido crecimiento de la población, el número absoluto de sus suicidios continuará incrementándose y se pronostica que será el doble, por lo que se hace necesario profundizar en los factores de riesgo en la vejez para atenuar en cierta medida dicha predicción (Pérez, 1996).


El envejecimiento individual no es un fenómeno exclusivo de las sociedades modernas, sino que ha estado presente en todas las etapas del desarrollo social, siendo de interés para la Filosofía el Arte y la Medicina de todas las época; sin embargo, en la actualidad, más y más personas sobrepasan las barreras cronológicas que el hombre ha situado como etapa de vejez y que convierte al envejecimiento poblacional en uno de los retos más importante para las sociedades modernas (Prieto y Vega, 1996).


La repercusión de este fenómeno es muy amplia y a todos los niveles de la estructura social. Por supuesto, el crecimiento de la población anciana determina un aumento de los gastos estatales para el mantenimiento de esta fracción, por lo general no productiva económicamente, no sólo porque aumenta su número y proporción, sino porque se prolonga también la cantidad de años  que estas personas vivirán en esta etapa de la vida (Prieto y Vega, 1996).


Los esfuerzos por describir la salud de la población anciana han sido marcados por varios años: "la salud en los ancianos debe medirse en técnicas de función". En algunos estudios llega a considerarse la función como medida unitaria de salud, pero hay evidencia de que el diagnóstico de los estados de salud y la medición de la función cumplen fines complementarios (Prieto y Vega, 1996).


El bienestar subjetivo en los ancianos ha despertado el interés de la Gerontología Social. Su conceptualización y formas de medición, al igual que los términos ya mencionados, han sido motivo de controversias. El proceso de envejecimiento es caracterizado como un cambio en los papeles sociales, tanto en número como en contenido. El producto de este cambio es un reducido número de funciones, un espacio vital potencialmente disminuido y consecuencias secundarias negativas: pérdida de la autoestima, depresión, etc. El cambio de papeles requiere reajustes de uno aprendido a otro por aprender y aceptarlo, esto exige, por supuesto,  condiciones tanto físicas y psíquicas, como sociales (Prieto y Vega, 1996).


A través del ciclo vital, el paso de una edad a otra se caracteriza por el cambio de papeles. Cada una de estas etapas tiene sus propias exigencias en el aspecto de las relaciones humanas, sexualidad, comunicación, madurez y otras muchas cualidades. Existe una estrecha relación entre el individuo y la sociedad a través del desempeño de funciones; el ser humano como portador de papeles sociales se halla en el punto de intersección entre lo social y lo individual, en una relación recíproca entre la exigencia social del papel y los intereses y motivaciones personales. Esta relación no necesariamente puede corresponderse, apareciendo entonces inadaptaciones e inconformidades tanto por parte del individuo como por lo esperado por la sociedad  (Quintero y González, 1996).


El fracaso en el desempeño de papeles en la vejez puede ser causado por diferentes factores (Quintero y González, 1996):


- Ausencias de condiciones físicas y mentales

- Ausencia de condiciones sociales

- Ausencia de aptitudes y actitudes para el desempeño de un determinado papel

- Que el papel no satisfaga las expectativas del individuo

- Que el papel no se ajuste a las expectativas de los demás


La salud social, definida como una dimensión de bienestar individual, implica los vínculos del individuo con otros (qué son y cómo se da tal interacción); cómo interactúan socialmente; con qué recursos cuenta; sus vínculos con las instituciones sociales y cómo la finalidad de los cuidados médicos ha de ser integrar al individuo a una vida normal y productiva en sociedad, más que el enfoque biológico de las enfermedades (Prieto y Vega, 1996).


Desde el punto de vista micro social deben tenerse en cuenta aquellos componentes básicos de la función familiar, disminuidos o nulos y que inciden en la satisfacción del anciano (Prieto y Vega, 1996):



- Apoyo: Ayuda que recibe de la familia en caso de necesidad.

- Aceptación: Manera que tienen los miembros de la familia de aceptar los deseos del individuo de iniciar nuevas actividades y realizar cambios en el estilo de vida.

- Participación: Forma cómo la familia le brinda lugar en la discusión de cuestiones y soluciones de problemas de interés común.

- Comprensión: Modo en que los miembros de la familia son capaces de entender las conductas y puntos de vista esenciales del anciano.

- Protección: Manera en que la familia le brinda cuidados, en dependencia de las limitaciones funcionales que pueda presentar el individuo.


En la atención integral al anciano, el desarrollo de los programas y servicios médicos sociales reviste una mayor importancia, pues constituye el fundamento lógico para lograr que los individuos de la tercera edad obtengan el mayor bienestar posible (Carpeta Metodológica de Atención Primaria de Salud y Medicina Familiar, 2000).


Indudablemente, como individuo, el anciano presenta determinadas características médicas psicológicas y sociales que lo diferencian de las personas de otras edades; incluso dentro de su propio grupo poblacional existen diferencias, pues al ser el envejecimiento un fenómeno individual, asincrónico e irrepetible, en la planificación de salud éste debe ser tomado en cuenta. En toda planificación de servicio a grupos poblacionales existe una serie de premisas que debe ser considerada y debe tenerse en cuenta. Estas son (Carpeta Metodológica de Atención Primaria de Salud y Medicina Familiar, 2000):


- El anciano es un individuo con necesidades médico-sociales y el objetivo básico de su atención debe ser  mantenerlo capacitado e independientemente en el seno de la familia y comunidad.

- Los servicios médicos-sociales deben formar parte de un sistema coordinado de prestaciones de servicios para la tercera edad, que debe estar indisolublemente ligado al sistema de atención para el  resto de la población.

 - Las facilidades de atención médica para aquellos que lo necesitan, por razones de enfermedad físicas o mentales, deben tener como base la atención primaria.

- Siempre debe hacerse énfasis en la promoción de salud y en la prevención de incapacidades del anciano.

- Los programas y los servicios que se planifiquen deben tener como base la accesibilidad para todos aquellos que lo necesiten.

- El espectro de los servicios ofertados debe ser lo suficientemente amplio y establecer distintos niveles de atención. Esto permite introducir el término atención progresiva para el cuidado de los individuos de la tercera edad.


Todas las medidas de ayuda en relación con el bienestar del anciano deben partir, como se decía anteriormente, de una realidad: las demandas médico-sociales que requieren estas personas, lo que conlleva la interrelación dinámica entre los sectores médicos, sociales y comunitarios de todo punto imprescindible. Pero para que esta realidad sea bien utilizada en la práctica intersectorial, es necesario conocer la magnitud del problema por enfrentar, es decir, conocer las condiciones generales de esta población, refiriéndonos como tales a los procesos biológicos, psicológicos y sociales que definen el estado de salud de un individuo y de una población (Carpeta Metodológica de Atención Primaria de Salud y Medicina Familiar, 2000).


La familia constituye por siempre la mejor garantía para el bienestar físico y espiritual de las personas de edad avanzada. Entre los ancianos y su familia se establece casi siempre una interrelación de ayuda mutua y convivencia con los ancianos. Las redes de apoyo familiar están orientadas a sentimientos afectivos y en lazos de reciprocidad y obligación, cumplen funciones básicas para el grupo social y para el individuo. Es necesario promover el bienestar de la familia que ayuda a sus ancianos por sentirse obligada con ellos (Quintero y González, 1996).


Durante el envejecimiento existe una alta prevalencia de alteraciones afectivas y cognoscitivas que pueden afectar ostensiblemente el desenvolvimiento social del individuo. Sin embargo, en numerosas ocasiones dichas alteraciones no son valoradas en su justa medida. La edad, por sí sola, explica un porcentaje de las alteraciones de la función psíquica, a ella se asocian factores de riesgo psicosociales, biomédicos y funcionales que contribuyen a una alta prevalencia de trastornos en esta esfera (Quintero y González, 1996). 


Los sentimientos suicidas y la desesperanza han sido considerados parte del envejecimiento y comprendidos en el contexto de la ancianidad y de experimentar discapacidades físicas. Los griegos toleraban esta actitud y les daban a los ancianos la opción del suicidio asistido si podían demostrar que carecían de un papel útil en la sociedad. Tales prácticas se basaban en la suposición de que una vez que el individuo llega a cierta edad ya no tiene un propósito importante en la vida, por lo que se consideraba que era mejor que muriera. La carga del suicidio con frecuencia es calculada en términos económicos y específicamente, en pérdida de productividad. Sin embargo, las consecuencias del suicidio no deben medirse únicamente en estos términos reduccionistas. El envejecimiento de la población implica que la cantidad de suicidios en los ancianos tiende a aumentar (O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004).


Un modelo del proceso suicida se basa en que la acción suicida existe a lo largo de un continuo: sentimientos de desesperanza, pensamientos de que la vida no tiene sentido, deseo pasivo de morir, pensamiento suicida, planes suicidas, intentos de suicidio, suicidio. Siguiendo este modelo, la epidemiología de la conducta suicida en los ancianos puede describirse desde los términos de idea suicida, intento de suicidio y suicidio. La prevalencia de desesperanza o de pensamiento suicida en los ancianos varía desde 0.7-1.2% hasta el 17%. Un hallazgo universal comprende la estrecha asociación con la patología psiquiátrica, particularmente la depresión. La prevalencia de pensamientos suicidas en los ancianos con enfermedades mentales asciende al 4% (O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004).


Estos hallazgos contradicen la presunción de que la desesperanza y la tendencia suicida son consecuencias naturales del proceso de envejecimiento. Las tasas de suicidio en los ancianos varían entre las culturas, aunque información de la Organización Mundial de la Salud revela el aumento de la prevalencia con la edad. En el caso de los hombres, la tasa aumenta de 19,2 por 100000 entre los 15 y 24 años a 55,7 por 100000 en mayores de 75 años. En las mujeres, los valores correspondientes ascienden a 5,6 por 100000 y a 18,9 por 100000 (O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004).


Un grupo de investigación observó que los hombres parecen ser más vulnerables a los efectos de las enfermedades físicas. En otro orden, al igual que en otros grupos etáreos, los ancianos también parecen experimentar un exceso de eventos estresantes en las semanas previas al suicidio. La falta de apoyo social y el aislamiento social generalmente están asociados con la aparición de sentimientos suicidas. La religiosidad y la satisfacción con la vida son factores protectores contra los pensamientos suicidas en ancianos afroamericanos. En general, los sujetos solteros, viudos o divorciados presentan mayor riesgo de suicidio, por lo que la vida en pareja resulta ser protectora. El proceso de duelo también está asociado con los intentos suicidas y con el suicidio, los hombres son más vulnerables a la pérdida del cónyuge (O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004).


Los suicidios en las personas mayores representan la punta de un iceberg de los problemas psicológicos, físicos y sociales de este grupo. La evidencia indica que entre 71% y 95% de los ancianos que se suicidan sufre alguna patología psiquiátrica, comúnmente depresión (83%). La prevalencia de suicidio es relativamente baja en los ancianos con patologías psicóticas primarias, trastornos de personalidad, trastornos de ansiedad y toxicomanías (O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004).


A pesar del mayor riesgo de suicidio en los ancianos, en comparación con sujetos más jóvenes, la baja tasa de prevalencia absoluta no justifica la pesquisa de toda la población de mayores. El rastreo del pensamiento suicida es oportuno en personas con patologías depresivas, intentos suicidas previos, con enfermedades físicas o socialmente aislados. Los mayores no suelen referir sus pensamientos suicidas e incluso pueden estar presentes en individuos con escasos síntomas depresivos, por lo tanto, los profesionales de la salud deben estar entrenados para detectarlos. La presencia de sentimientos suicidas en pacientes con depresión es un indicador de menor respuesta al tratamiento (O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004).


Por estas características se hace necesario conocer los diversos factores de riesgo para la  conducta suicida. El envejecimiento trae consigo el abandono de la profesión y/o de otros objetivos, reducción de vigor físico, cambio de los placeres sensuales y una conciencia de la muerte desconocida en etapas previas. Los problemas emocionales incluyen cierta depresión y una alteración de la propia estima, a la cual se añaden las propias presiones sociales derivadas de la jubilación, la dependencia, la muerte de familiares y amigos, la pérdida de la seguridad económica, entre otras. Como se evidencia, existen suficientes condiciones inherentes a la vejez que son un caldo de cultivo adecuado para que se manifieste esta conducta (Pérez, 1996).


Para una mejor clasificación de los factores de riesgo en los ancianos, estos se pueden dividir en (Pérez, 1996):


1. Factores médicos:


- Enfermedades crónicas, terminales, dolorosas, invalidantes y discapacitantes, como  Parkinson, demencia de Alzheimer o de otro tipo, las neoplasias, entre otras.

- La hospitalización periódica del anciano, así como ser sometido a intervenciones quirúrgicas frecuentes.

- Los tratamientos pro depresivos.

- Las enfermedades pro depresivas.


2. Factores psiquiátricos:


Se incluyen las depresiones de cualquier etiología, el abuso de drogas o alcohol, los trastornos crónicos del sueño, las psicosis delirantes y la confusión mental.


3. Factores psicológicos:


Los ancianos que sufren de sentimientos de soledad e inutilidad, inactivos, aburridos con falta de proyectos vitales y con tendencia a revivir el pasado.


4. Factores familiares:


- Pérdida de seres queridos por muerte natural o por suicidio. La viudez durante el primer año.

- El abuelo que se rota entre los familiares.

- El ingreso en un hogar de ancianos en su etapa de adaptación puede ocasionar situaciones de desamparo previas que precipiten un acto autodestructivo.


5. Factores socio-ambientales:


- La jubilación.

- El aislamiento social.

- La actitud hostil, peyorativa o despreciativa de la sociedad hacia el anciano.

- La pérdida de prestigio.


Estos son algunos de los factores de riesgo que se pueden presentar en esta etapa y mientras mayor número de estos se acumulen, mayor será el riesgo de terminar su vida por suicidio. Conociendo estos factores, el médico de atención primaria puede trazar la valoración precoz para evitar la conducta. No obstante, la prevención de este acto no es problema exclusivo de las instituciones de salud, sino de toda la comunidad, sus organizaciones, instituciones e individuos. Mientras mayor cantidad de personas intervengan en la prevención del suicido, mayor será la posibilidad de evitar que se autolesione (Pérez, 1996).


Son reconocidos, en la conducta suicida del anciano, los siguientes rasgos distintivos (Pérez, 1996):

- Realizan menos intentos de autodestrucción

- Usan métodos mortales

- Reflejan menos señales de aviso

- Dichos actos son premeditados, reflexivos

- Pueden asumir la forma de suicido pasivo (dejarse morir)


La creación de un sentido de vida como una categoría en formación de la personalidad que regula y construye hacia dónde se dirige nuestra existencia es una realidad que se expresa en la ancianidad. Nadie se levanta en la mañana y no tiene nada que hacer, siempre se piensa qué se va hacer en el día y qué se va hacer en un futuro, orientándose en las diferentes áreas de vida (familiar, pareja, relaciones interpersonales); es normal que el hombre se proyecte hacia el futuro como una expresión de tiempo, así lo concientizamos, todos tenemos un pasado que es vivido y sentido en un presente que es regulado a la vez en un futuro para el bien de sí y de los demás (González R., 2000).



 

 

El sentido de vida se construye sobre la base de las necesidades, motivaciones e intereses del anciano y es interiorizado en el sujeto como: qué debo conocer y cómo conocer, dónde ir, qué debo hacer en o para, quién soy y qué debo hacer para ser, etc. En la mayoría de los ancianos aparece el sentido de vida como una categoría propia de la personalidad que regula toda el área motivacional del sujeto, teniendo ésta sus particularidades por los eventos propios de la edad, por el número de frustraciones o fracasos vivenciados o por las ideas psicoafectivas asociadas a los eventos que se enfrentan en esta etapa, como la imagen propia de su cuerpo, las pérdidas emocionales, el estado de salud en que se encuentra, las necesidades personales de realización que todo ser humano posee (aprender una nueva habilidad, superar la pérdida de amistades y pareja, vivir cada día mejor, etc.) y las cuestiones de estrés personal y social; todo esto atenta con un elemento autorregulador de la existencia del anciano, aunque también son contenidos para fortalecer su experiencia personal (González R., 2000).


En el anciano aparecen síntomas neuropsicológicos propios de la edad que hacen creer que hay un desmembramiento o destrucción de la personalidad del sujeto o una dificultad en su funcionamiento como sistema regulador y autorregulador de las principales funciones psicológicas del sujeto, signos como dificultades en la memoria a corto plazo, enlentecimiento y deterioro de las funciones frontales (capacidad de planificar, habilidades conceptuales, estrategias de enfrentamiento a situaciones complejas estresantes), disminución del sueño y de su calidad, pérdida de la sensibilidad, especialmente vibratoria, auditiva y tonos agudos, reducción de eficiencia motora y fuerza muscular, alteraciones sensoperceptivas, así como en el análisis y síntesis de la información (Ramírez, 2005), pero, ¿qué se conserva en el abuelo que se puede hablar de que se mantiene la personalidad?


Primeramente, es necesario mencionar que todas estas manifestaciones son propias de un envejecer normal en los ancianos, quienes aún conservan necesidades, intereses, motivos, una filosofía de la vida, un sentido de vida, valoraciones de sí y de los demás con tonos afectivos y de cuestionamiento (autovaloración-autoestima) y grandes deseos de vivir. Ahora bien, si las necesidades se organizan de esa forma hay otros elementos estructurales que tienen un funcionamiento más complejo en la regulación y autorregulación del comportamiento, como la autovaloración, los intereses, el proyecto de vida, el sentido personal y de vida, que sí aparecen en el abuelo con sus particularidades, de no ser así, no se vería a los abuelos educar a los nietos sabiendo que esto los ayudará en su porvenir, o casándose por segunda vez porque creen en la mejoría compartida. Cuando se ve a los abuelos aseados, bien vestidos para participar en una fiesta, cuidando su imagen personal o se ven pararse en la puerta de un hogar de ancianos para ver pasar a todos limpios y aseados, esto es señal de imagen personal, autovaloración y autoestima, señal de que el sujeto se cuida, se conserva y se construye adaptándose a la situación que esta vivenciando. Estas y otras situaciones ayudan a argumentar las potencialidades vigentes en la ancianidad aun cuando haya déficit de origen neurológico (base de la personalidad, sustrato biológico) (Ramírez, 2005).


El sentido de vida del anciano está en la visión o en el significado que este le dé a sus necesidades. El bienestar hay que pensarlo desde dos vertientes para poder llegar a su verdadero motivo: la felicidad. En primer lugar, el sujeto debe definir cuáles son sus principales motivaciones e intereses y buscar su satisfacción con los demás significativos (la pareja, el amigo, el vecino, el compañero de juego, etc.), ya que es él quien más conoce de sí mismo, es decir, poner de su parte, y en segundo lugar, tan importante como el primero, corresponde a los más jóvenes, a los profesionales con el compromiso de promover la salud mental de los seres humanos en la potencialización de su vida, facilitarle los posibles cambios que puede darle el sujeto anciano a sus propias necesidades, motivaciones e intereses, responsabilidad que también compete a la familia y a la sociedad (Ramírez, 2005).


El apoyo social formal que se le debe prestar al anciano es fundamental y repercute en su estado de satisfacción y habla del trabajo mancomunado para mejorar su calidad de vida. Distintas dimensiones de las redes sociales son importantes para la salud o la adaptación  de la persona de edad avanzada, en función de enfrentar las demandas sociales.


Está demostrado que de la calidad del apoyo proporcionado al anciano depende su nivel de bienestar y con ello, su calidad de vida. El nivel bienestar o calidad de vida resulta del equilibrio entre la satisfacción de las necesidades básicas y la falta de satisfacción de éstas tanto en el plano subjetivo -posibilidad de desarrollo completo de la personalidad- como en el plano subjetivo-satisfacción por la vida y aspiraciones personales. Este concepto, como punto de partida para mejorar las condiciones de bienestar y enfrentar el problema del envejecimiento poblacional en una comunidad, es indispensable para crear las estructuras y establecer redes sociales entre distintos sectores que nos permitan desarrollar un programa de atención al adulto mayor adecuado y donde el amor y el sentido de responsabilidad con esa generación estén presentes (Ramírez, 2005).


Es necesario crear en la comunidad estructuras que faciliten un equilibrio entre los elementos psicológicos, económicos, sociales y ecológicos que mejoren el estado de salud físico y mental, así como el desarrollo de capacidades que le permitan al anciano ejercer autonomía o decidir por sí solo y poder ejecutar estas desiciones para lograr con ello satisfacción individual, familiar y social. De lograrse esto, estaríamos contribuyendo al mantenimiento de la salud, favoreciendo el estado emocional y disminuyendo las incidencias de enfermedades, accidentes y suicidios.


Nuestro sistema de salud, con el perfeccionamiento de la atención primaria y el equipo de salud interactúa en la comunidad con sus pacientes, han creado nuevos miembros en la red de apoyo donde participan el médico, la enfermera, el psicólogo y otros profesionales, además  de crearse instituciones de apoyo social especialmente para la atención del adulto mayor. Sin embargo, se destaca que la comunidad de estudio presenta dificultades en cuanto a la atención especializada del anciano, ya que la misma carece de centros de atención al mismo, como Casa del Abuelo, liceos, Casa de Cultura, cine, teatro y otros centros recreativos o culturales. No está establecido el servicio de mensajería, no hay cantinas, entre otros. Sólo se cuenta con el trabajo sistemático de los Círculos de abuelos, dirigidos por el área de salud en coordinación con el INDER, lo que no es suficiente para el desarrollo de una atención adecuada y de una calidad de vida en este grupo de población, por lo que nos sentimos obligados a realizar acciones que estimulen el desarrollo del Programa de Prevención de Suicidio en esta etapa de la vida y a mejorar la calidad de vida de los ancianos para lograr una meta importante: una longevidad satisfactoria.


Objetivos


General


Identificar las características psicosociales presentes en pacientes geriátricos con intento suicida en un área de salud.


Específicos


1. Caracterizar algunas variables demográficas en los pacientes con intento suicida que fueron estudiados.

2. Describir las características psicológicas que antecedieron al intento suicida en el grupo sujeto al estudio.

3. Identificar las características sociales presentes en los casos estudiados.


Método


Se realizó un estudio descriptivo, retrospectivo y transversal de un grupo de pacientes con 60 años y más que realizaron intentos suicidas en el área de salud del Policlínico de Calabazar, en los últimos 10 años (de enero de 1996 a diciembre de 2006). Se confeccionó un listado con el nombre y dirección de todos los ancianos que fueron reportados al Departamento de Estadística del centro por haber realizado intento suicida en el período antes mencionado. Una vez tomado este universo, conformado por 22 casos, se inició la tarea de visitarlos en su hogar para conocer su disponibilidad de participar en nuestra investigación (Consentimiento Informado Anexo 1) encontrando que del total, habían fallecido 9, de ellos 2 por suicidio y el resto por otras causas de muerte; se excluyó un paciente por presentar deterioro cognitivo debido a la edad, quedando conformada la muestra de estudio con 12 ancianos que intentaron suicidarse en los últimos 10 años.


Criterio de inclusión


- Pacientes de 60 años y más que presentaron una conducta de intento suicida en los últimos 10 años y pertenecientes al área de salud de Calabazar.


Criterio de exclusión



- Fallecidos

- Pacientes con deterioro mental debido al proceso de envejecimiento


Operacionalización de las variables de estudio



Además de las variables demográficas, se estudiaron algunas variables psicológicas y sociales que estuvieron presentes en los pacientes estudiados en el momento que realizaron el intento suicida.


1. Edad:
Se incluyeron aquellos pacientes que presentaron 60 años y más.

- 60 - 65
- 66 - 70
- 71 - 75
- Más de 75 años


2. Sexo:
Ambos sexos


3. Nivel de escolaridad:
Primaria, Secundaria, Preuniversitario y Universitario.


4. Ocupación:
Cualquier ocupación laboral que presentó el paciente en el momento del intento suicida.


5. Estado civil:
Casado, acompañado, soltero, divorciado y viudo en el momento de la conducta suicida.


6. Convivencia:
Incluye si el anciano vive solo o con alguna otra persona familiar o no.


7. Condiciones económicas:
Se clasificó según per cápita familiar en:


- Buena (más de $100.00)
- Regular (de $50.00 a $100.00)
- Mala (menos de $50.00)


8. Antecedentes patológicos personales:
Cualquier enfermedad somática o psíquica y las enfermedades incapacitantes que padeciera el anciano en el   momento del intento suicida.


9. Hábitos tóxicos:
Sólo se considera la ingestión de bebidas alcohólicas con frecuencia y consumo diario de psicofármacos.


10. Número de intentos suicida:
Se incluye la cantidad de veces que el paciente realizó el intento suicida.


11. Antecedentes familiares de intento suicida:
Se incluye cualquier familiar que haya realizado alguna conducta suicida.


12. Caracterización psicológica:
Se describieron algunas variables de la esfera psicológica que estuvieron presentes en el momento de la conducta suicida, como:


- Insomnio. Cuando el paciente presentó alteración del sueño durante un mes, ya sea despertar temprano, sueño interrumpido o dificultad para la conciliación del sueño.

- Sentimiento de soledad. Vivencia de abandono y soledad como resultado de distanciamiento de sus descendientes u otros familiares, en independencia de su convivencia.

- Sentimiento de incapacidad. Vivencia de limitación psíquica para la ejecución de una actividad, que puede ser objetiva o subjetiva.

- Sentimiento de desesperanza. Vivencia de impotencia y desesperación.

- Estados de ánimo. Nos limitaremos a las manifestaciones de tristeza e irritabilidad.

- Vivencias psicológicas. Se refiere a la percepción de aceptación o no que tiene el anciano sobre el apoyo familiar y social, el trato y respeto que recibe de los demás, así como la pérdida de relaciones interpersonales, creencias y prejuicios sobre la vejez.


13. Caracterización social:

Se describieron algunas variables de la esfera social que estuvieron presentes en el momento de la conducta suicida, como:


 - Pérdida de estatus. Cambio en la posición, social y en la jerarquía del individuo como resultado de pertenecer a la tercera edad.

 - Pérdida de roles. Cualquier cambio en la función familiar y social como consecuencia de la edad.

- Utilización del tiempo libre. Cualquier actividad que realice después de sus deberes cotidianos, ya sean culturales, recreativas o deportivas.

- Aislamiento social. Pobre participación e interrelación en actividades sociales.


Técnicas utilizadas


Para la recolección de información nos vimos en la necesidad de aplicar deferentes técnicas a los pacientes que realizaron intento suicida en el periodo de tiempo estudiado, que a continuación describimos:


Mini-Mental-State o test de Folstein (Anexo 2). Test psicométrico que consta de 11 preguntas cuyo objetivo es determinar si existe algún grado de Deterioro Cognitivo. Esta prueba es considerada un marcador neuropsicológico en el diagnostico de las demencias, en especial de la Degenerativa por enfermedad de Alzheimer.


Pregunta 1: Explora la orientación temporal (5 puntos)
Pregunta 2: Explora la orientación espacial (5 puntos)
Pregunta 3: Explora  memoria de fijación (3 puntos)
Pregunta 4: Explora atención y cálculo (5 puntos)
Pregunta 5: Explora memoria de reproducción (3 puntos)
Pregunta 6: Explora lenguaje/nomenclatura (2 puntos)
Pregunta 7: Explora reproducción de frases (1 punto)
Pregunta 8: Explora programación de acciones (3 puntos)
Pregunta 9: Explora comprensión de órdenes (1 punto)
Pregunta 10: Explora lenguaje escrito (1 punto)
Pregunta 11: Explora reproducción de dibujo (1 punto)


Puntuación Máxima: 30 puntos, por debajo de 23 puntos no se incluyeron en la muestra, ya que se consideró poco confiable.


Esta prueba se aplicó en el hogar del anciano en el horario de la mañana, para conocer el estado cognitivo de estos pacientes, ya que se necesitó de  un nivel de confiabilidad en las respuestas de los mismos para la entrevista estructurada.


También se aplicó una entrevista estructurada (Anexo 3) confeccionada por la autora de este trabajo con el objetivo de conocer las características psicológicas y sociales presentes en estos pacientes cuando realizaron la conducta de intento suicida, la cual se probó con otro grupo de ancianos del área de salud y que consta de dos aspectos:


1. Datos generales del paciente: Inciso 1 hasta el 10.


2. Datos específicos de la investigación:
- Características psicológicas: Inciso 1,2, 3, 4, 5, 6, 11, 12, 13,14.
- Características sociales: Inciso 7, 8, 9, 10,15, 16.


Procesamiento estadístico


La información recogida en la entrevista estructurada (Anexo 3) se llevó a  una base de datos, se aplicó el paquete estadístico software tabulador EXCEL y se procedió al análisis de los resultados, utilizando el  porciento como medida de frecuencia relativa. Todos los objetivos se cumplimentaron, construyendo tablas con cada una de las variables. Los resultados se expusieron mediante tablas y algunos gráficos para su mejor comprensión.


El análisis de los resultados se realizó de manera comparativa, mediante la discusión basada en la bibliografía revisada y por medio de un proceso de síntesis y deducción, apoyados en un marco teórico conceptual establecido que condujo a las conclusiones pertinentes.



 

 

Resultados y discusión


De los 12 pacientes estudiados con intento suicida en los últimos 10 años, 9 pertenecían al sexo femenino y 3 al masculino, lo que representó el 75% y 25% respectivamente.


Tabla 1 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según edad y sexo. Policlínico Calabazar, 2006




Fuente: Entrevista



Su distribución por grupos de edad y sexo se muestra en la tabla 1, donde se pudo comprobar que el mayor número de pacientes se encontraba en el grupo de 60 a 65 años (50%). Es de destacar que en este rango de edad comienza la tercera edad y con ella se acentúan los procesos de involución, aparecen los sentimientos de minusvalía, incapacidad, las preocupaciones por el futuro, el temor a las enfermedades,  así como la pérdida de roles y del estatus social, la adaptación a la jubilación y la disminución del ingreso económico, etc. Este resultado coincide con las características descritas en la literatura revisada tanto nacional como extranjera (24-26). 


Árlaes  Nápoles (1999) también encontró en su trabajo una porciento elevado de intento suicida en el sexo femenino. El sexo femenino se presentó con mayor frecuencia en todos los grupos etáreos, a excepción del grupo mayor de 75 años que sólo fue un caso masculino.


La población femenina cubana de 60 años y más es discretamente superior a la masculina, sin embargo, la proporción de ancianos con intentos suicidas fue 3 veces superior en las mujeres. Este hallazgo coincide con lo señalado por Pérez Barrero (1999), Árlaes Nápoles et al. (1999), así como otros autores (Prieto y Vega,  1996; O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004), donde el suicidio es más frecuente en el hombre, con una proporción de 3:1 con relación a la mujer, pero el intento suicida es más frecuente en el sexo femenino con una proporción de 3:1, como se observó en este trabajo.    



Tabla 2 - Distribución de pacientes geriátricos  con intento suicida según escolaridad y sexo. Policlínico calabazar, 2006




Fuente: Entrevista



Cuando se investigó el grado de escolaridad (tabla 2), la mayoría de los ancianos con intento suicida no alcanzaban el nivel secundario. No puede olvidarse que estos pacientes ya eran adultos cuando el triunfo de la Revolución, por lo que no tuvieron la misma oportunidad de estudiar que existe en la actualidad; además nuestra comunidad es semi-rural y las motivaciones cognitivas pudieron estar limitadas por el grupo social donde se desarrollaron estos pacientes.


En la bibliografía revisada con respecto a este tema se señala que el bajo nivel escolar tiene una relación causal con la ocurrencia de intento suicida, como se halló en este estudio (Árlaes et al., 1999; Prieto y Vega, 1996; O'Connell, Chin, Cunnigham y Lawlor, 2004).



Tabla 3 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según ocupación y sexo. Policlínico Calabazar, 2006




Fuente: Entrevista



En diversos estudios realizados se ha encontrado que un aspecto que influye en la conducta suicida es la ausencia de vínculo laboral (Árlaes et al., 1999; Ramírez, 2005) y en esta casuística se comprueba este hecho, ya que sólo el 8.3% de los ancianos con intento suicida trabajaba, estando el resto jubilados, o en el caso de las mujeres, en los quehaceres del hogar (tabla 3), pero es de señalar que en estos pacientes la edad determina su desvinculación  laboral, aunque en Cuba muchas personas se mantienen contratadas después de la jubilación.


Esto demuestra la importancia de la incorporación social para el mantenimiento de las capacidades físicas y psíquicas, así como la significación que tiene para el individuo el abandonar el grupo de pertenencia laboral (Pérez, 2001).


Los problemas emocionales que incluyen alteración de la propia estima, a lo cual se añaden las propias presiones sociales derivadas de la jubilación y la dependencia económica, constituyen factores a tener en cuenta para explicar esta conducta en el anciano (Pérez, 2001).



Tabla 4 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según estado civil y sexo. Policlínico Calabazar, 2006




Fuente: Entrevista



Es muy significativo que ninguno de los ancianos de este estudio tenía pareja, predominando los divorciados (58.4%), por lo que se confirma en este grupo estudiado que la pareja juega un papel importante en cuanto a motivaciones, intereses, apoyo, tolerancia, entre otros, en esta edad. El 8.3% era soltero y el 33.3% viudo (Tabla 4).


Como señala Pérez Barrero (2001) en su estudio, la viudez sobre todo en el primer año es un momento crítico para el anciano, ya que la pérdida del ser querido, unido a los reducidos recursos para tolerar el estrés que generan los acontecimientos negativos de la vida, puede desencadenar una crisis por desmembramiento con estados  depresivos  que los conduce a adoptar actitudes y conductas negativas (Pérez, 2001; Sáchica, 1997; Ekeberg y Argaarald, 2003). Como profesional en mi experiencia he podido observar que cuando es el hombre el que pierde su compañera, éste necesita de más mecanismos autorreguladores para lograr una adaptación ante la soledad de la viudez.



Tabla 5 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según convivencia y sexo. Policlínico Calabazar, 2006




Fuente: Entrevista



En este cuadro 5  se muestra la convivencia de estos ancianos, observándose que la tercera parte (33.3%) vivían solos, el 50%  en familia y el resto con otras personas que no eran familiares (16.7%). Este resultado puede asociarse a las necesidades de vivienda del país, ya que se forman nuevas familias en el seno de la familia de origen, existiendo diferentes generaciones bajo el mismo techo, que pudiera generar conflictos de convivencia para el anciano.



Tabla 6 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según condiciones económicas y sexo. Policlínico Calabazar, 2006




Fuente: Entrevista



En cuanto a las condiciones económicas (tabla 5), el per cápita familiar en más de la mitad de los ancianos era bueno, siendo superior a $100 con un 58.4%, refiriendo los sujetos estudiados que este per cápita era insuficiente para ellos por el alto costo de la vida en los momentos actuales, dependiendo de la ayuda de sus familiares para satisfacer algunas necesidades; esta situación pudiera ser una fuente generadora de estrés para los ancianos estudiados. No hubo ningún paciente con ayuda de la Seguridad Social del área de atención.

 

Tabla 7 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según antecedentes patológicos personales y sexo. Policlínico Calabazar, 2006




Fuente: Entrevista



En la tabla 6 se puede observar que el antecedente de alteraciones psicológicas estuvo presente en el 50% de todos los casos estudiados, siendo mayor en el sexo femenino con un 55.6%, siguiéndole las enfermedades incapacitantes y la diabetes, que puede también crear discapacidad en su evolución; ambas se reportaron con un 16.6%.


De acuerdo con lo planteado por varios autores (Pérez y Reytor, 1999; Prieto y Vega, 1996; Álvarez, 2001; Ekeberg y Argaarald, 2003), los antecedentes de alteraciones psicológicas se han señalado como un factor de riesgo del suicidio. En esta casuística, como se observa, la mitad de estos ancianos tenían este antecedente, por lo que coincidimos con otros estudios. 


También las enfermedades crónicas terminales, invalidantes y discapacitantes constituyen factores de riesgo importantes en el intento suicida, influyendo además la hospitalización periódica del anciano y el ser sometido a intervenciones quirúrgicas frecuentes (Pérez, 2001; Pérez y Reyotr, 1999; Ekeberg y Argaarald, 2003; Frierson, 2003), por lo que debemos tener en cuenta estas patologías que, aunque no tiene una frecuencia tan elevada, representan una significación importante como factores influyentes en la conducta suicida, ya que según plantea Gema Quintero en su trabajo (Quintero y González, 1996), es de crucial importancia tomar en cuenta las consideraciones relativas al bienestar subjetivo para la evaluación de la calidad de vida del anciano.



Tabla 8 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según hábitos tóxicos y sexo. Policlínico Calabazar, 2006





Fuente: Entrevista



El alcohol solo se observó en un caso el cual era masculino y el 91.7% restante tenía dependencia a psicofármacos, siendo un resultado notoriamente elevado (tabla 7), planteando la mayoría de estos pacientes que consumían psicofármacos para conciliar el sueño y otro como sedante en el tratamiento de la Hipertensión Arterial. Aunque el alcoholismo constituye un factor de riesgo para el suicidio, en nuestro estudio se comportó con un porcentaje bajo.


Según estudio del Dr. Pérez Barrero (2005), el insomnio crónico es un factor de riesgo en la vejez, razón por la cual se considera que según lo referido por estos pacientes, los mismos presentan alteraciones del sueño, que los hace dependientes del psicofármaco.



Tabla 9 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según número de intentos suicidas y sexo. Policlínico Calabazar, 2006




Fuente: Entrevista



En la tabla 9 se reportan los números de intento suicida realizados por el grupo de pacientes estudiados, por lo que se evidencia que en el sexo masculino todos realizaron un solo intento (100%) , mientras que las mujeres el 55.6% lo intento una sola vez , el 22.2% lo intentó dos veces y solo una anciana lo intento en más de tres ocasiones (11.1%).



 

 

 

Aunque la mayoría del total solo realizó un intento suicida, se destaca que la tercera parte realizó más de un intento a pesar de existir un Programa Nacional, cuyos objetivos son evitar el primer intento, su desenlace fatal y su repetición (Dieste, Álvarez, Carrillo, Cabrera y Díaz, 2001).


Otros estudios reflejan la importancia de la prevención en los pacientes que han realizado un intento, ya que los mismos tienen mayor probabilidad de intentarlo de nuevo y llegar al desenlace fatal (Pérez, 2005; Dieste, Álvarez, Carrillo, Cabrera y Díaz, 2001).




Tabla 10 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según antecedente familiar de conducta suicida y sexo. Policlínico Calabazar, 2006






Fuente: Entrevista



El 83.3% no presentó antecedentes de familiares que hubiesen realizado alguna conducta suicida, sin embargo, en literatura revisada se señala este antecedente como un factor de riesgo a tener en cuenta (García, 2001; Pérez, 2001; Comtois, 2002; Álvarez, 2001), por lo que el resultado no coincide con la bibliografía mencionada.




Tabla 11 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según características psicológicas y sexo. Policlínico Calabazar, 2006






Fuente: Entrevista

N Masculino = 3
N Femenino = 9 
N Total = 12




En la Tabla 11 se han querido representar las características psicológicas que presentan estos pacientes desde la percepción de sus vivencias, sentimientos y necesidades sentidas por ellos, destacándose que el 100% de los casos estudiados reflejaron sentimientos de desesperanza, tristeza y necesidad de apoyo familiar, así como casi la totalidad manifestó insomnio, sentimientos de soledad, incapacidad y necesidad de apoyo social (91.6%).


Es importante destacar que estos ancianos estudiados presentan una percepción inapropiada de su vida, por lo que manifiestaron un estado de desesperanza que los pudo haber inducido al comportamiento suicida.


A pesar de que la mayoría de los ancianos vivía en compañía de su familia o de otras personas, se destaca que casi todos presentaron sentimientos de soledad, por lo que el hecho de vivir acompañados no implicó en ellos sentirse apoyados y atendidos, ya que la atención a una persona, y en especial a un anciano, demanda de otros requerimientos que no fueron percibidos por estos pacientes.


La tristeza que se presentó en todos los pacientes estudiados es un estado psicológico que puede influir en la toma de una decisión tan letal como la conducta suicida. El sentimiento de desesperanza aparece en todos los ancianos; este sentimiento, según plantea Lic. Guibert Reyes en su estudio (2001) es la vivencia sostenida en el individuo de imposibilidad absoluta de obtener una determinada cosa o de modificar la realidad existente, independientemente de su actuación lo que se manifiesta en relación con etapas anteriores de la vida del anciano.


La presencia e interacciones dinámicas de estas características psicológicas en este grupo de pacientes geriátricos crean condiciones muy favorables para la aparición de la conducta autodestructiva al afectar la percepción activa y positiva de la realidad por el sujeto y aumentar la vulnerabilidad de sus sistemas autorreguladores.



Tabla 12 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según características sociales y sexo. Policlínico Calabazar, 2006





Fuente: Entrevista
N Masculino = 3
N Femenino = 9
N Total = 12




Como se muestra en la tabla 12, la esfera social de estos pacientes se encontró muy dañada, reflejándose en el 100% de los mismos una pérdida de estatus social, de roles familiares y aislamiento social. También se reportó en un porcentaje elevado (91.6%) la pérdida de estatus familiar y roles sociales.  


Es necesario destacar que casi la totalidad de los pacientes estudiados eran jubilados o amas de casa, por lo que carecían de una incorporación social a un grupo laboral y a una actividad socialmente útil, por lo que el coincidimos con otros autores (Tobias, Pary y Lippiman, 2002; Guibert y Sánchez, 2001; Paltiel, 2003), quienes señalan que cuando la persona no está preparada para enfrentar el evento de la jubilación y el envejecimiento adecuadamente, aparecen estados anímicos donde predominan los sentimientos de pérdida y frustración y se crean dinámicas psicológicas propicias para la aparición de ideas de minusvalías; vivencias parecidas pueden originarse en las amas de casa al perder el estatus en la familia y experimentar la involución física y mental de la vejez.


Según describe el Lic. Guibert Reyes en su estudio (2001), parece ser que el apoyo social de tipo emocional-valorativo es el que realmente necesitan las personas con conducta suicida, pues éste contribuye a la creación de capacidades para tolerar frustraciones y resolver problemas a partir de que estimula o provoca una reestructuración cognitiva y emocional en la persona, por lo que una red de apoyo social eficaz brinda la posibilidad de desarrollar capacidades para tolerar frustraciones y resolver las diferentes problemáticas de la vida del anciano.



Tabla 13 - Distribución de pacientes geriátricos con intento suicida según estado de satisfacción con el empleo del tiempo libre y sexo. Policlínico Calabazar, 2006





Fuente: Entrevista



Sólo el 25% de los pacientes estudiados se encontraba satisfecho con las actividades que realizaba en su tiempo libre, mostrándose la mayoría (75%) inconforme o insatisfecho con las actividades que realizaba. Muchos de estos pacientes no satisfechos plantearon en la entrevista la necesidad de participar en actividades sociales propias de su edad, como reuniones con personas de su edad en Liceos, Casas de Cultura, Casa del Abuelo, así como paseos a centros turísticos, museos, etc.


Hay que señalar que el área de salud estudiada es un comunidad semi-rural, alejada de la capital de la provincia, desprovista de centros culturales como cine, teatro, museos y con dificultades serias de transporte, lo que dificulta el traslado de las personas de edad avanzadas a dichos centros o instituciones recreativas. Este aspecto contribuye negativamente en la calidad de vida y la longevidad satisfactoria de los ancianos.  


Después de realizar la discusión del estudio se identifican las características psicológicas y sociales predominantes que pueden ser riesgo para el intento suicida, tales como las vivencias del individuo, el sentimiento de desesperanza, los estados de ánimo, los ingresos económicos que no satisfacen totalmente las necesidades de estos ancianos, como consecuencia de la jubilación y la pobre participación social por diferentes motivos, coincidiendo con otros autores (Árlaes, 1999; Pérez, 2001; Folstein et al., 1975; Tobias, Pary y Lippiman, 2002; Guibert y Sánchez, 2001; Paltiel, 2003; Richman, 2001; Blanca y Guibert, 1998; Quintero y López, 1996).


Conclusiones


1. El mayor porcentaje de sujetos con intentos suicidas fue hallado en el grupo etáreo de 60 a 65 años, predominando el sexo femenino, el nivel educacional de primaria, así como los jubilados y amas de casa.


2. Se evidenció la ausencia de pareja en la totalidad de los pacientes y  la mayoría de ellos vivía en familia o con otras personas.


3. Se destacó la presencia de alteraciones psicológicas como antecedentes patológicos personales con dependencia a psicofármacos. El insomnio, el sentimiento de soledad, la incapacidad, la desesperanza, la tristeza, la necesidad de apoyo familiar y social estuvieron presentes en casi la totalidad de los ancianos estudiados.


4. Entre las características sociales del grupo sometido al estudio se presentaron con frecuencia la pérdida de estatus, de roles familiares y sociales, el aislamiento social e insatisfacción por el empleo de su tiempo libre. 


Recomendaciones


Extender el estudio a nivel municipal con el objetivo de perfeccionar el programa de atención a la tercera edad y disminuir la conducta suicida en esta etapa de la vida.



ANEXOS

Anexo 1

Consentimiento informado del paciente para participar en la investigación.

Yo, _______________________________ por medio de la presente certifico que me está a  bien participar en la investigación sobre la "Caracterización de pacientes geriátricos con intento suicida en el área de salud de Calabazar", una vez que me han explicado los objetivos y mi función en ésta.

                                                      _____________________
                                                         Firma del paciente


Anexo 2

Mini-mental State Examination (TEST DE FOLSTEIN)


1. Orientación:


- ¿En qué año estamos?.....................................................................1
- ¿En qué estación del año estamos………………….………..…….…………………………1
- ¿En qué fecha estamos?...................................................................1
- ¿En qué día estamos?......................................................................1
- ¿En qué mes estamos?.....................................................................1


2. ¿Dónde estamos?


- Provincia………………….……………………………………….……1
- Nación…………………………………………………………………..1
- Ciudad…………………………………………………………………..1
- Institución…………..……………………………………………..…….1
- Planta……………………………………………………………………1


3. Memoria de fijación:


Nombrar 3 objetos en intervalos de 1 segundo. Después, preguntarle el nombre de los tres. Anotar  un punto  por cada respuesta correcta……………………………….……….3
Repetir los objetos cinco veces.


4. Atención y cálculo:


Resta seriada: a cien restarle siete cinco veces([93, 86, 79, 72, 72, 65] Anotar un punto por cada respuesta correcta. Alternativa: deletrear la palabra MUNDO al revés…………………………………………………………………5


5. Memoria de fijación:


Recordar el nombre de los tres objetos aprendidos……………….…………3


6.  Lenguaje (Nomenclatura):

                                            
Señalar al paciente un lápiz y un reloj y hacer que los nombre ……………...……………………………2


7. Hacer que el paciente repita la frase: "Ni sí, ni no, ni peros"…………………………………………………………….1


8. Hacer que el paciente siga tres tipos de orden.


a. Tome el papel con su mano derecha…………………………………….…1
b. Dóblelo a la mitad con ambas manos………………………………………1
c. Póngalo en el suelo con la mano derecha………………………………….1


9. Hacer que el paciente cumpla la siguiente orden:


"Cierre los ojos"………………………………………………..…………..……...1


10. Hacer que el paciente escriba una oración con sujeto y predicado de su propia elección.                                                               Sin hacer caso a la ortografía…………………….…………………………….1


11. Reproducir el siguiente dibujo.

Anotar un  punto si todos los  lados, los ángulos y la gestal se mantienen:.....................1   







Anexo 3


Entrevista sobre conducta suicida en el anciano


Usted forma parte de una investigación que estamos realizando sobre el intento suicida en la tercera edad, por lo que necesitamos que sus respuestas sean lo más sinceras posible.


I. Datos generales:


1. Edad _____  2. Sexo _____ 
3. Nivel de escolaridad ______________
4. Ocupación ___________________
5. Estado Civil __________________
6. Per cápita familiar ____________
7. APP __________________________________________________________
8. Hábitos tóxicos ________________________________
9. ¿Cuántas veces ha intentado suicidarse? _______
10. Padece de insomnio Sí _____  No _____


II. Datos específicos de la investigación:


1. ¿Algún familiar suyo ha tenido una conducta suicida? Sí _____ No _____
¿Quién? _________   ¿Cuándo? ____________


2. Cuándo usted intento suicidarse:
¿Vivía solo?____ ¿Vivía con su familia? _____ ¿Vivía con otras personas? ____


3. ¿Cómo se sentía?
Solo____
Abandonado por sus familiares _______
Por sus amistades________


4. ¿Se sentía incapaz para resolver los problemas cotidianos?
Sí ______ No _____ ¿Por qué? __________


5. ¿Sentía irritabilidad? Sí ____ No _____


6. ¿Sentía tristeza? Sí_____ No ______


7. ¿Considera que su posición dentro de la familia ha cambiado?
Si ____ No____ ¿Por qué? _______________________________


8. ¿Considera que su posición social ha cambiado?
Sí ____ No _____ ¿Por qué? _____________________________


9. ¿Realiza la misma función que antes dentro de la familia?
Sí ____ No ____ ¿Por qué? _____________________________


10. ¿Realiza la misma función social que antes?
Sí _____ No _____ ¿Por qué? ___________________________


11. ¿Ha sido rechazado por ser viejo? Sí ___ No _____
Por qué  ___________________________ ¿Por quién? ______________


12. ¿Considera que el trato que le dan es adecuado? Sí ____ No _____
¿Por qué? ________________________________________________


13. Sus costumbres y hábitos personales son respetados por su familia :
Sí ____  No____ ¿Por qué? ____________________________________


14. ¿Se siente bien con las actividades que realiza en su tiempo libre?
Sí ___ No ____ ¿Por qué? ___________________________________


15. ¿Participa en algunas actividades de la familia o de la comunidad?
Sí____ No ______ ¿Cuál? ___________________________________


16. Cuando usted pensó en suicidarse, ¿contaba con alguna persona o institución que pudiera ayudarlo a enfrentar sus situaciones o problemas?
Si ____ No _____ ¿Quién? _______________
¿Qué hicieron? __________________________________________________

 

 

 





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