Sistemas de inhibición (BIS) y activación de comportamiento (BAS): antecedentes y estado actual en el campo de la psicología aplicada

 

Yolanda Medina Cuevas
Psicóloga
Magíster en Psicoterapia Gestalt
Laboratorio de Ciencias de la Conducta del Centro de Investigación Biomédica de Occidente
Aguascalientes, México


Lorena Barranco Jiménez
Licenciada en Psicología.
Magíster en Psicoterapia Gestalt.
Aguascalientes, México.


Brenda Lucía Rodarte Acosta
Licenciada en Psicología.
Magíster en Psicoterapia Gestalt.
Aguascalientes, México.


Pedro Solís-Cámara R.
Licenciado en Psicología, Universidad Autónoma de San Luís Potosí.
Magíster en Psicología, Ohio State University.
Doctor en Psicología, Marquette University.
Doctor en Psicología de la Salud, Universidad de Guadalajara, México.


Ver perfil del autor

 



Fecha publicación: 09/agosto/2007

 


Para citar este artículo:
________________________

Medina Cuevas, Y. (2007, 09 de agosto). Sistemas de inhibición (BIS) y activación de comportamiento (BAS): antecedentes y estado actual en el campo de la psicología aplicada. Revista PsicologiaCientifica.com, 9(48). Disponible en:
http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-287-1-sistemas-de-inhibicion-(bis)-y-activacion-de-comportamiento-.html

________________________

 

RESUMEN

Uno de los objetivos del presente trabajo es el de revisar los antecedentes fundamentales de la teoría de Gray (1987a, 1987b) sobre los sistemas de inhibición de comportamiento (BIS, por sus siglas en inglés) y activación de comportamiento (BAS). Para ofrecer una perspectiva panorámica, se incluye una breve revisión de áreas de estudio y conceptos psicológicos que influyeron históricamente en el desarrollo de la teoría de Gray.  Entre ellos se presentan los de la doctrina de los temperamentos, de las diferencias individuales, y de la personalidad.


Otro objetivo es el de revisar los antecedentes contemporáneos de las propias teorías de inhibición, incluyendo las aportaciones de Hans Eysenck y las investigaciones que permitieron el desarrollo conceptual de los sistemas BIS y BAS.


Un último objetivo es el de revisar el estado actual de los esfuerzos por extrapolar al campo de la psicología aplicada, esta teoría desarrollada y apoyada por investigación experimental. En este sentido, las propuestas se han fundamentado en el supuesto de que la personalidad refleja dos sistemas biológico-conductuales fundamentales (BIS y BAS), los cuales están relacionados con las dimensiones de ansiedad e impulsividad de la personalidad. Sin embargo, la medida de las dimensiones BIS-ansiedad y BAS-impulsividad es un problema importante que se deriva de la teoría de Gray. El estado actual se caracteriza por propuestas de varias medidas para valorar el modelo de Gray en el campo de la personalidad y las diferencias individuales, sin consolidarse aún ninguna de ellas. La importancia de este trabajo radica en que, hasta donde sabemos los autores, esta floreciente área de investigación no ha sido presentada a la comunidad académica latinoamericana, ni la revisión de la literatura en esta zona geográfica indica que se esté realizando investigación aplicada sobre el tema.

 

 

 

Diferencias individuales



La psicología diferencial, o de las diferencias individuales, estudia cómo y por qué difieren entre sí los individuos. Un concepto fundamental en el estudio de las diferencias individuales es el de rasgo, concepto también fundamental en las áreas de la personalidad y la evaluación psicológica. Al rasgo se le conceptualiza, generalmente, como una disposición relativamente estable para comportarse de cierta manera (Buss & Poley, 1979).


Tradicionalmente, el interés principal de la psicología diferencial ha sido el estudio de las capacidades mentales (i.e., inteligencia) y la personalidad. A los psicólogos que trabajan en estos temas se les ha conocido también como psicólogos cuantitativos, debido a su utilización de métodos objetivos, como lo son el desarrollo de normas y técnicas correlacionales y factoriales. Históricamente, se considera a Raymond B. Cattell el exponente norteamericano (aún cuando fue Inglés de nacimiento) más sobresaliente en el estudio de las diferencias individuales, tanto en la inteligencia como en la personalidad (Chaplin & Krawiec, 1978).


Además, se considera que el estudio de las diferencias individuales ha influido en casi toda la psicología. Por ejemplo, Snow (1986) argumenta: "Los psicólogos diferenciales estudian la inteligencia; una variedad de habilidades y talentos especiales; creatividad; estrategias y estilos de aprendizaje, motivacionales y cognitivos; intereses; valores, actitudes y toda la personalidad humana, tanto la normal como la anormal. Ellos estudian también las habilidades físicas, sensoriales, perceptuales  y psicomotoras, así como las variaciones biológicas y bioquímicas" (p. 1029).


Snow agrega que las diferencias por género, etnicidad y las socioeconómicas también han sido estudiadas por los psicólogos diferenciales. De hecho, considera que al compararse grupos de edad, individuos con diferentes grados de daño cerebral, o de diferentes culturas, etc., los hallazgos contribuyen al desarrollo de la psicología diferencial, aunque reconoce que quienes trabajan en esos campos no se auto nombrarían psicólogos diferenciales.


Recientemente, un autor ha señalado que la psicología diferencial se concentra en cuatro grandes áreas de análisis: temperamento, inteligencia, motivación y personalidad (Gutiérrez Maldonado, 1997). En el pasado, algunos autores como Catell y Hans J. Eysenck, han elaborado diversas relaciones entre las grandes áreas mencionadas, pero a pesar de sus diferentes perspectivas, se reconocen a éstas como comunes en sus propuestas.


No es objetivo de este artículo abordar las diferencias conceptuales entre las propuestas de autores como los mencionados, pero dado que un antecedente común a  ellas son las doctrinas griegas referentes al temperamento y a las características constitucionales (composición de los organismos), se revisan brevemente los conceptos de temperamento hasta nuestros días.


La doctrina de los temperamentos


El fundador de la doctrina del temperamento es también reconocido como el padre de la medicina, Hipócrates (siglo V a.c.), y la doctrina misma se transmitió como doctrina médica. Hipócrates sugirió que cuatro humores o líquidos orgánicos fundamentales, a los cuales atribuía la génesis y el mantenimiento de la vida  (sangre, bilis, flema o linfa, bilis negra o atrabilis) correspondían a los cuatro elementos del macrocosmos. Estaba convencido de que la vida bullía en estos líquidos o humores del cuerpo y sobre la base de esos humores los hombres podían ser distribuidos en cuatro tipos de temperamentos, según predominara uno u otro de esos líquidos. De acuerdo con Buss y Poley (1979), estos tipos son: a) Temperamento sanguíneo, que correspondía al predominio de la sangre y representaba a individuos con tendencias a la irreflexión, a ser sociables, optimistas, persistentes, etc. b) Temperamento colérico, que establecía el predominio en su organismo de la "bilis amarilla" y a sus individuos los describía como irascibles, impacientes, obstinados, vengativos, etc. c) Temperamento flemático, en los que predominaba la flema; es decir, que correspondía a individuos reflexivos, silenciosos, imperturbables, etc. d) Temperamento melancólico, en los que predominaba lo que Hipócrates llamaba la "bilis negra", se les definía como tipos nerviosos, tristes, deprimidos, etc.  


De acuerdo con Abbagnano (1985), esta doctrina sobre los temperamentos fue aceptada prácticamente sin discusión ni modificación durante siglos. Galeno, Platón, Aristóteles y Plutarco, entre otros, aceptaron en forma unánime la doctrina Hipocrática, aunque también mencionaron la existencia de otras, pero no  relacionaron esas doctrinas con sus propias filosofías (Abbagnano, 1985). La doctrina de los temperamentos pasó, a través de los médicos y los magos, la Edad Media y el Renacimiento sin mayores modificaciones. Fue Kant el primero en señalar la distinción entre lo fisiológico (constitución fuerte o débil) y lo propio del alma o psicológico (del poder afectivo y apetitivo); pero después volvió a la vieja clasificación. Wundt (1832-1920) se refirió también a los temperamentos hipocráticos, en su tratado sobre la psicología fisiológica (Abbagnano, 1985). En ese mismo sentido, es decir, fundamentados en la fisiología o en los procesos del sistema nervioso, otros como Pavlov (1849-1936), trabajaron con "tipos" de personalidad. Mientras que otros se orientaron más del lado de las tipologías constitucionales, en un afán por reducir a tres o cinco tipos las características clínicas de los humanos; por ejemplo, Kretschmer y Sheldon lo intentaron infructuosamente, como es ampliamente reconocido (ver: Chaplin & Krawiec, 1978).


Entonces, ¿qué es el temperamento? La respuesta a esta pregunta dependerá de la doctrina o de la teoría que se revise, o inclusive de la acepción popular. Las revisiones o diccionarios de psicología científica de la década del 70 del siglo pasado mencionan que el temperamento se refiere a la naturaleza emotiva y motivacional del individuo. Por lo que atañe a la conducta, se describe mejor quizá como su disposición reactiva (Chaplin & Krawiec, 1978) o como la predisposición de una persona a las reacciones emocionales (Wolman, 1973).


El término temperamento, como reflejo de tipologías, ha caído en desuso desde fines del siglo pasado; basta con revisar cualquier revista de psicología contemporánea para constatarlo y, en ocasiones, ha sido sustituido por el de carácter. En otras palabras, se le considera como un aspecto consistente y permanente de la personalidad del individuo o como la integración de los rasgos individuales en un todo unificado y, de hecho, se le hace sinónimo de personalidad (Wolman, 1973, p. 58), lo que para otros autores es incorrecto (Buss & Poley, 1979). Sin embargo, cuando en la literatura especializada actual se utiliza el término de temperamento, sus acepciones son más congruentes con los avances científicos de la psicología. Por ejemplo, algunos autores se refieren a la sensibilidad temperamental como una dimensión de las diferencias individuales con fundamento constitucional (Leen-Feldner, Zvolensky, & Feldner, 2004) o como un factor integrado por los rasgos de los individuos (Quilty, & Oakman, 2004).


Congruente con el tema de este artículo, un concepto actual de temperamento es: "Temperamento es el paralelo psicológico de la varianza individual de la reactividad fisiológica" (Heponiemi, Keltikangas-Jarvinen, Kettunen, Puttonen, & Ravaja, 2004; p. 38). Desglosado este término, se refiere a: "…las diferencias individuales en el alertamiento de los sistemas conductual y fisiológico, y en los procesos neurales y conductuales que modulan la reactividad, la cual se infiere que tiene una base constitucional" (Heponiemi et al., 2004; p. 38).


Personalidad



¿Qué es la personalidad? Una definición general señala que la personalidad es un patrón característico de un individuo que persiste a través del tiempo y de las situaciones y que lo distingue de otra persona (Morris, 1992; p. 478). ¿Qué factores incluyen ese patrón? Para contestar esta pregunta debe considerarse que el concepto de personalidad, al igual que otros conceptos de la psicología, como  el temperamento o el carácter, sólo pueden comprenderse cabalmente en el contexto histórico de las definiciones y teorías que han elaborado numerosos estudiosos.


Los estudios clínicos, factoriales y psicométricos de la personalidad se han realizado en un "campo ajeno" al de la psicología general y al de las escuelas tradicionales; esto se entiende porque las escuelas tradicionales eran reduccionistas, y el concepto de personalidad pretende el estudio del individuo de manera holística; sin embargo, se reconoce que solo en el gestaltismo, entre las escuelas tradicionales, Lewin trató de abarcar la personalidad en su teoría de campo (Chaplin & Krawiec, 1978). Además, el enfoque humanista, nacido en los años 60, consideró la contribución de Lewin como significativa para su teoría humanista de la personalidad (Sargent, 1973). En palabras de Ardila: "…el estudio de la personalidad ha sido relegado a ser un área "blanda" y poco respetada dentro de la psicología científica" (1991, p. 7).  


A pesar de este hecho, al estudio de la personalidad no le han faltado propuestas teóricas. En su libro de los años 70's del siglo pasado, Chaplin y Krawiec mencionan la existencia de muchas más de 12 teorías en aquella época. Más recientemente, en la presentación de un número monográfico de la Revista Latinoamericana de Psicología, Ardila (1991) indica que los primeros esfuerzos por validar el estudio de la personalidad como parte de la psicología "dura" se debieron a Allport y a Murray, por separado y ambos en los años 30. Sin embargo, conviene notar que ambos investigadores han sido incluidos como psicólogos humanistas de la personalidad (Sargent, 1973).


En este artículo no es de interés el análisis de las teorías de personalidad correspondientes a las tres grandes ramas del campo general de la psicología del siglo pasado (psicoanalítica, conductual, humanista). En cambio, es relevante mencionar las contribuciones experimentales multivariadas y la valoración estructurada de la personalidad; orientaciones del análisis de los rasgos o componentes de la personalidad que forman parte de los antecedentes y que están actualmente vinculadas a las teorías de inhibición y activación de comportamiento, como veremos más adelante. En la segunda mitad del siglo XX, los desarrollos en varias áreas del conocimiento (i.e., neurociencias) y los desarrollos tecnológicos (i.e., la computadora) crean un marco de referencia determinante para favorecer un cambio de orientación reduccionista a uno integrador del conocimiento (Solís-Cámara & Solís-Cámara, 1994).


Dentro de este marco de referencia, el área de estudio de la medición de la personalidad sufrió de un gran impulso y preparó el terreno para los grandes avances en el análisis factorial por multimétodos, entre otros (Jackson, 1973). En forma paralela, el desarrollo teórico y experimental multivariado sobre el concepto de personalidad se vio apoyado por un gran torrente de evidencias de investigación. De acuerdo con Howarth y Cattell (1973), se puede pensar acerca de la investigación en personalidad y en los conceptos de personalidad como si estos hubiesen pasado por tres etapas, al menos hasta los años 70 del siglo pasado: "(1) una etapa literaria general y observacional, desde la antigüedad hasta los tiempos modernos; (2) una fase observacional clínica, en la cual las observaciones son más sistemáticas y disciplinadas que en la primera fase y en la cual los objetivos son completamente científicos, no parcialmente estéticos (…) y (3) la fase experimental que no inició adecuadamente hasta el inicio del presente siglo [siglo XX] y no tuvo un gran momento hasta hace 20 años" (p. 794-795).


Es precisamente en la tercera fase en la cual se crean las condiciones para definir y operacionalizar el estudio científico de la personalidad, hasta nuestros días. En este contexto, Cattell  (Howarth & Cattell, 1973) define: "Personalidad es aquello que nos permite predecir lo que una persona hará en una situación dada y definida" (p. 799) y donde la predicción incluye "los pesos" intraespecies tanto como los entre especies; es decir, las diferencias y semejanzas de los individuos. Puede definirse en términos de las dimensiones comunes medibles, que son verificables dentro de una cultura y a través de las culturas y las subculturas.  Y esto último dependerá del peso de  los determinantes genéticos o medio ambientales de la dimensión de que se trate en particular. En la actualidad se reconoce la existencia de un gran número de esfuerzos sistemáticos por elaborar taxonomías de los atributos o rasgos de personalidad, pero estos se apoyan en algunas de las teorías de la personalidad y las evidencias experimentales del siglo pasado; por ejemplo, la de Catell y la de Eysenck, en los años 50 y 60 (ver: Herrero, Viña, González, Ibáñez, & Peñate, 2001; Romero, Luengo, Gómez-Fraguela, & Sobral, 2002).


La literatura especializada actual coincide en señalar "cinco grandes" factores de la personalidad como las principales dimensiones de la misma (Feist & Feist, 2002); en palabras de Romero y colegas (2002), el modelo de cinco factores "…ha adquirido especial resonancia. Su historia es ya larga y ha sido examinada en numerosas ocasiones…" (p. 134). Las cinco dimensiones se refieren a: apertura a la experiencia, escrupulosidad (o responsabilidad), extroversión (o extraversión), agradabilidad (o amabilidad) y neuroticismo.


Sin embargo, el que este modelo de los cinco grandes tenga tanta aceptación por los investigadores no significa que todos estén de acuerdo en todos sus conceptos y en cómo valorarlos (ver: Costa, 2000). En relación a esto, existe la propuesta de Zuckerman, Kuhlman, Joireman, Teta, y Kraft (1993) de evaluar la personalidad con 46 escalas, formadas a su vez de 8 cuestionarios de personalidad. En esa propuesta se tomaron los cuestionarios más reconocidos, al menos en los estudios de personalidad que la conceptualizan de naturaleza psicobiológica. No es de extrañar entonces que se incluya, en primer lugar, al Eysenck Personality Questionnaire; se incluyó, además, el California Personality Inventory, al Karolinska Scales of Personality, al Jackson Personality Inventory, al Personality Research Form, al Emotionally-Activity-Sociability-Impulsivity, al Sensation Seeking Scale, y al Strelau Temperament Inventory.  


Por otra parte, desde los años 80 se obtuvieron evidencias empíricas de que las calificaciones de los instrumentos para evaluar los rasgos de personalidad se relacionaban de manera importante con indicadores de psicopatología (Comrey & Schiebel, 1985). Recientemente, Herrero y colegas (2001) han señalado en su propio estudio sobre personalidad que encontraron apoyo a las suposiciones iniciales de Eysenck y de Gray (en los años 70 y 80), acerca de que el neuroticismo está relacionado "…con la ansiedad, la depresión, los pensamientos negativos y el estado de salud general…" (p. 284). Esta característica, la de la relación entre personalidad y psicopatología, es propia de la orientación que hemos venido revisando, y en la cual se acomodan las teorías de Eysenck y Gray adecuadamente, pero no es propia de otras orientaciones al estudio de la personalidad, como la humanista, que se interesa en  el estudio de la personalidad normal más que patológica (Sargent, 1973).

 

 

 

Teorías de inhibición de comportamiento



Antes de adentrarnos en los antecedentes directos de los conceptos de inhibición, nos parece necesario hacer algunas aclaraciones. En primer lugar, conviene delimitar el papel del análisis de la conducta (AC), como una orientación de la psicología, en el estudio de la personalidad humana. Algunas imprecisiones conceptuales requieren aclaración, ya que pueden confundir a los interesados en el tema. Por ejemplo, Chaplin y Krawiec (1978), en su capítulo sobre personalidad, incluyeron una sección nombrada: Behaviorismo (i.e., conductismo) y personalidad. Esta es una imprecisión conceptual que puede confundir porque hace pensar en la relación entre una filosofía (conductismo) y un concepto (personalidad); en palabras del propio Skinner: "El conductismo no es la ciencia de la conducta humana; es la filosofía de esa ciencia" (1974, p. 3). Más adelante, al referirse al estudio de la personalidad por parte del "conductismo", siguiendo a los mismos autores, se argumenta que: "no puede haber teoría behaviorista de la personalidad…" (p. 466), y señalan que tanto Watson como Skinner negaron rotundamente la validez de "entidades hipotéticas dentro del individuo" (p. 466), con lo cual daríamos por terminado el tema. Sin embargo, los mismos autores aclaran, sin ser su propósito, una importante diferenciación, al mencionar el libro de Lundin (Personalidad: un análisis conductual, publicado en 1969), y al agregar que los lectores se sentirán decepcionados al leer el libro y no encontrar menciones a rasgos, o entidades semejantes, sino a experimentos de condicionamiento clásico y operante. A lo que agregamos, que no podía ser de otra manera, ya que el AC puede tratar con el tema de personalidad pero, por supuesto, lo hará con sus propios conceptos y metodología (Hurtado, 2006), y alejándose del conductismo radical (i.e., Skinner).


En otras palabras, para adentrarnos en los antecedentes de los conceptos de inhibición, podemos enmarcarlos en alguna variante de conductismo metodológico (Hurtado, 2006), o sencillamente referirnos a estudios experimentales muy específicos del comportamiento. En este contexto es importante reconocer la influencia histórica (con representantes como Wundt y Pavlov) de la aproximación experimental con el objetivo de explicar procesos psicológicos básicos, tales como el aprendizaje, la motivación, etc. En suma, la investigación experimental del comportamiento se enfocó en el análisis de la varianza en relación al efecto de diversas manipulaciones experimentales sobre el comportamiento y rechazó conceptos tradicionales de personalidad (Buss & Poley, 1979).


La literatura especializada considera que fue Pavlov quien, al estudiar los reflejos condicionados en los años 20 del siglo pasado, señaló que se encontraban dos tipos de asociación entre los estímulos y las respuestas, y que ocurrían en sentidos opuestos: la excitación y la inhibición. Menciona Ferré (1989) que en los escritos rusos se menciona que, probablemente la naturaleza propia de la inhibición (en este sentido la ausencia de respuestas cuando éstas se esperan), hizo a Pavlov llamar a la inhibición la "cuestión maldita".


La literatura deja ver que a Pavlov le preocupaba que todos sus sujetos experimentales no reaccionaran de manera semejante a la excitación y a la inhibición; es decir, le preocupaba la variabilidad mostrada por sus sujetos. Se reconoce que como resultado de este problema él desarrolló sus tipologías, no como una teoría de la personalidad, sino para sistematizar la variabilidad encontrada (Ferré, 1989). Por ejemplo, al estudiar el condicionamiento diferencial en perros, Pavlov aplicó los conceptos de excitación e inhibición. De acuerdo con Buss y Poley (1979), Pavlov postuló que los perros "coléricos" tenían un sistema nervioso en el que la excitación predominaba sobre la inhibición, y esos perros formaban asociaciones condicionadas positivas de manera más fácil que las asociaciones de inhibición. En contraste, los perros "melancólicos" podían describirse con predominio de la inhibición sobre la excitación.


Esos trabajos de Pavlov fueron la fuente de inspiración y base de los primeros esfuerzos de Eysenck (1955) y Gray (1967), por extrapolar los análisis experimentales con animales a los humanos. Sin embargo, es claro que en estos antecedentes no se observaba la mención de las diferencias individuales, ni quedaba claro cuál era el sustrato biológico (constitucional) de los individuos.


Por otra parte, de acuerdo con la revisión de Buss y Poley (1979), en los años 70 hubo propuestas de acercamiento entre orientaciones tradicionales de la psicología, como la correlacional (con representantes como Galton y Spearman) y la experimental, antes mencionada. Esos autores mencionan que una propuesta fue la de Cronbach, quien ha sostenido que "… es preciso tomar simultáneamente en consideración la varianza entre los organismos (diferencias individuales) y la varianza que se asocia a diversos tratamientos experimentales (diferencias de tratamiento)" (p.10). Otra alternativa proponía la inclusión de las diferencias individuales en los rasgos al estudiar los procesos psicológicos básicos. "Este modo de abordar el estudio está bien representado por las obras de Eysenck y Gray…" (Buss & Poley, 1979; p.10).


Una década después, Ferré (1989) hizo referencia a esta situación: "El asunto de la inhibición está muy relacionado con el tema de las diferencias individuales, con lo que podríamos llamar personalidad, es así como la mayor parte de las teorías de la personalidad de base científica admiten que la susceptibilidad a la inhibición es uno de los rasgos importantes a la hora de establecer diferencias entre los individuos de una misma especie. El hecho de que la personalidad tiene un claro correlato fisiológico-constitucional nos conduce a otro tipo de estrategia para el estudio de la inhibición" (p. 40). Efectivamente, en la actualidad el fenómeno al que se refiere Ferré (1989) se le ha nombrado como inhibición de comportamiento (IC). Es decir, a la sensibilidad temperamental a los estímulos aversivos se le ha considerado como una dimensión de las diferencias individuales con substrato biológico. Se ha especulado que esta sensibilidad temperamental constituye un factor de riesgo para la ansiedad psicopatológica, entre otras conductas anormales.


Existen diversas conceptualizaciones de la IC, aunque dos han sido las más reconocidas. Una fue propuesta por Kagan (1994) y otra por Gray (1994). Kagan (1994) describió la IC ante lo desconocido como un perfil temperamental del desarrollo humano, caracterizado por inhibición ante los eventos novedosos, de naturaleza social o no. El fundamento de tales supuestos ha sido enmarcado en correlatos fisiológicos tales como los niveles de cortisona en la saliva que, a su vez, son función de la excitabilidad del sistema límbico. Por su parte, Gray (1994) delimitó a la IC como un reflejo de una predisposición a reaccionar con ansiedad ante los estímulos o eventos que indican castigo, desconocimiento y no recompensa. Este concepto incluye el supuesto de que existen diferencias individuales en la sensibilidad del sistema neurológico de los individuos ante señales medioambientales relevantes.


En este artículo se revisa con mayor detalle la teoría de Gray. Pero la teoría de la personalidad de los Eysenck, Hans y Sybil está asociada conceptual y empíricamente con la de Gray; por lo tanto, se revisa primero la de los Eysencks, porque es la que da pie y, hasta cierto grado, validez a la otra, como veremos. En este trabajo, salvo que se cite a ambos Eysencks, las referencias corresponden a H. J. Eysenck quien fue el teórico principal en la pareja. Un análisis completo de la teoría de personalidad de Eysenck sale de los alcances de este trabajo; para evitar traicionar la obra de Eysenck, como ha señalado un autor en referencia a parcialidades sobre la obra de Eysenck (Pelechano, 1997), aclaramos que nos concentramos en las aportaciones que se consideran relevantes para la teoría de Gray.  


La teoría de personalidad de Eysenck



Parece importante aclarar aquí qué posición tomó Eysenck con respecto a la tradición "constitucionalista" de la personalidad. La tradición constitucionalista se enfocó en dos grandes líneas de investigación (Gutiérrez Maldonado, 1997). Una desarrolló muchos estudios relacionando los aspectos morfológicos de la constitución con el temperamento; pero sus supuestos sobre las tipologías corporales se consideran prácticamente inexistentes hoy en día (Gutiérrez Maldonado, 1997). La otra línea se centró en los aspectos fisiológicos de la constitución, y su origen proviene de la Escuela de Londres, cuyo líder  fue Charles Spearman. Entre sus más destacados estudiosos estuvieron Cattell y H. J. Eysenck (nacido alemán, pero considerado psicólogo inglés) (Mace, 1970). Las aportaciones de esta escuela se pueden sintetizar en el uso de técnicas estadísticas que fueron aplicadas a una gran variedad de constructos, destacando los de inteligencia (Pelechano, 1997) y personalidad, y en esta última relacionando dimensiones del temperamento con aspectos morfológicos y fisiológicos. En esta línea, es el enfoque de Eysenck el que genera una gran cantidad de investigación hasta nuestros días (Errasti, 1998; Gutiérrez Maldonado, 1997).


Entonces, Eysenck representa el continuador de la tradición que busca la explicación de las diferencias de personalidad en las diferencias tanto estructurales como funcionales de los organismos. Es por esta creencia que Eysenck desarrolló un modelo jerárquico de la personalidad: en la base se ubicaron las reacciones, por encima los hábitos, y encima de ellos los rasgos, y finalmente los tipos o dimensiones de personalidad (Gutiérrez Maldonado, 1997).


En los años 50, Eysenck desarrolló una teoría de dos factores de personalidad, extraversión (E) y neuroticismo (N). En esos años recurrió a los conceptos de inhibición y excitación al intentar explicar las diferencias individuales en E, y con un marco de referencia del aprendizaje Hulliano; posteriormente identificó los conceptos de excitación e inhibición con fundamento en el sistema de activación reticular. También intentó el enlace de N con el sistema nervioso autónomo y, a su vez, con el sistema límbico. Se reconoce, sin embargo, que en ese periodo la principal investigación se realizó con la dimensión E (Buss & Poley, 1979). En los años 70, agregó la dimensión de psicoticismo (P), y además desarrolló una escala independiente, la I, para medir impulsividad (Barrat & Patton, 1983). Estas dimensiones fueron estudiadas por medio del análisis factorial, permitiendo a Eysenck determinar que éstas correspondían a factores de orden superior (o superfactores), los cuales se explicaban en términos de la velocidad en los niveles de excitación cortical. Las tres dimensiones han sido denominados de forma diversa en el tiempo, pero conservando la característica de incluir, en un continuo, un rasgo opuesto dentro de sí, los cuales serían: psicoticismo frente a control de los impulsos o normalidad, extraversión frente a intraversión, y neuroticismo frente a estabilidad emocional.


En el caso de la extraversión-introversión, Eysenck hipotetizó que la dimensión reflejaba un equilibrio entre "inhibición" y "excitación" en el propio cerebro. Se reconoce la influencia de los estudios de Pavlov para explicar algunas de las diferencias halladas en las reacciones al estrés de sus perros. Sin embargo, la hipótesis que estableció Eysenck no se fundamentó en el comportamiento: "las personas introvertidas se caracterizan por fuertes potenciales de excitación y bajos de inhibición, mientras que las extrovertidas se caracterizan por potenciales débiles de excitación y fuertes de inhibición" (Buss & Poley, 1979, p. 79). Es decir, desde el punto de vista del comportamiento esta hipótesis no parecía tener sentido, ya que uno esperaría que, por ejemplo, la persona extrovertida tuviese altos potenciales de excitación y no lo contrario. La razón de esta aparente confusión se debe a que la hipótesis fue de naturaleza fisiológica, no conductual, específicamente fundamentada en el sistema reticular ascendente.  


En palabras de Buss y Poley (1979), "…el introvertido está marcado fisiológicamente por una fuerte excitación de la corteza por la formación reticular; pero tiene una inhibición débil de su patrón de excitación…, el extrovertido, debido a su bajo estado de excitación buscará la estimulación externa para elevar el nivel de excitación cortical a una altura óptima" (p. 79). Esta dimensión fue objeto de la mayoría de las investigaciones experimentales de Eysenck. Las características del extrovertido son las siguientes: Por los métodos hulliano y pavloviano, el condicionamiento es más pobre que en los introvertidos y depende de las propiedades del sistema nervioso central. Constitucionalmente predispuestos a desarrollar potenciales excitantes débiles y fuertemente inhibitorios, los extrovertidos muestran disgusto ante tareas repetitivas. Se extinguen con mayor prontitud las conductas aprendidas y mayor saciedad de tarea. Se relacionan con los tipos colérico y sanguíneo de Hipócrates.


Las características del introvertido son las siguientes: Con los métodos hulliano y pavloviano, el condicionamiento es mejor que en los extravertidos y depende de las propiedades del sistema nervioso central. Constitucionalmente están predispuestos a desarrollar potenciales de gran excitabilidad y débil inhibición. Son más rápidos en tareas de computación cuando las presiones son bajas, pero no cuando las presiones cambian con rapidez. Copian dibujos con mayor rapidez y los recuerdan durante más tiempo. Segregan más saliva al ser estimulados con jugo de limón. Se relacionan con los tipos melancólico y flemático de Hipócrates.


Con respecto a la dimensión, N. Eysenck se refirió a una que oscila entre aquellas personas normales, calmadas y tranquilas y aquellas que tienden a ser bastante "nerviosas". Su investigación demuestra que estas últimas tienden a sufrir más frecuentemente de una variedad de "trastornos nerviosos" que llamamos neurosis, de ahí el nombre de la dimensión. Pero debemos precisar que él no se refería a que aquellas personas que puntuaban alto en la escala de neuroticismo son necesariamente neuróticas, sino que son más susceptibles a sufrir problemas neuróticos. Eysenck estaba convencido de que, ya que todo el mundo calificaba en algún punto de esta dimensión de estabilidad emocional a neuroticismo, esto era un indicador verdadero del temperamento; es decir, que esto era una dimensión de la personalidad apoyada genética y fisiológicamente.


En esta dimensión, el neuroticismo o la vulnerabilidad para la neurosis implica una baja tolerancia para el estrés, sea física, como en las situaciones dolorosas, o bien sea psicológica, como en las situaciones conflictivas o de frustración. La relación existente entre neuroticismo y estrés es muy marcada, de tal modo que puntajes altos en neuroticismo pueden ser indicadores de vulnerabilidad al estrés. Los rasgos predominantes en esta dimensión son: sugestionabilidad, falta de persistencia, lentitud en pensamiento y acción, poca sociabilidad y tendencia a reprimir hechos desagradables. Los sujetos que pertenecen al polo contrario, de estabilidad emocional, se excitan con dificultad, son calmados y descuidados, según Eysenck y Rachman (1965).


A nivel causal, parece ser que las diferencias que presentan los individuos a lo largo de esta dimensión vienen medidas por las diferencias genéticas en la excitabilidad y labilidad del sistema nervioso autónomo. Es decir, aquellos sujetos que presentan valores altos en esta dimensión están constitucionalmente predispuestos a reaccionar de manera intensa en su sistema nervioso autónomo, y en especial la rama del simpático hacia los diversos estímulos que llegan, mientras que los demás sujetos lo hacen menos intensamente. La definición del neuroticismo de Eysenck es multifactorial. Por una parte depende de características de tipo genético, lo que puede llevar a una mayor o menor predisposición hereditaria. Y, por otra parte, de característica de tipo ambiental, por ejemplo el grado de estrés.  La interacción de estos dos factores delimitaría el grado de neuroticismo de cada sujeto. Uno de los rasgos propios de esta dimensión de la personalidad es la ansiedad, lo que explica por qué esta dimensión es la que se ha asociado con la propuesta por Gray, como veremos más adelante.


La dimensión P es de aparición más reciente y describe comportamientos anormales de las personas. En el caso del psicoticismo se establece una continuidad entre el comportamiento normal y el comportamiento psicótico, es decir, que va desde el comportamiento normal, pasando por el criminal, psicopático, alcohólico, el de adicción a las drogas, hasta el esquizoide y los estados completamente psicopáticos (Eysenck  & Eysenck, 1987, p. 77). Esta dimensión plantea que el psicoticismo puede considerarse como una dimensión general de la personalidad, independiente del neuroticismo y heredada de  forma poligénica. Las características más importantes de los sujetos con puntuaciones altas en psicoticismo radican en que son personas solitarias, problemáticas, que están buscando constantemente sensaciones y son amantes de cosas extrañas y poco usuales. Las puntuaciones altas en psicoticismo suelen correlacionar positivamente con medidas de rasgos como inmadurez, irresponsabilidad, oposición a la autoridad, independencia y dificultad para ser gobernado. Tienden a ser sujetos poco cooperativos, con puntuaciones pobres de vigilancia, con dificultades para mantener la atención, y manifiestan un alto grado de creatividad u originalidad, tienden a infravalorar a las otras personas y, por ser especialmente autoritarios, sus producciones artísticas son extravagantes. De la misma forma que el neuroticismo, la alta puntuación en psicoticismo no necesariamente indica que se es psicótico o que se está condenado a serlo, simplemente se tienen cualidades que se hallan con frecuencia entre psicóticos y que probablemente serán más susceptibles, en ciertos ambientes, a volverse psicóticos.


Se reconoce que el debate más acalorado sobre la utilidad de la teoría de rasgos ocurrió en los años 80 (Zuckerman, 1983). Zuckerman consideraba que en esos años ya se había demostrado que el trabajo genético de Eysenck y sus colegas demostraba solidamente que por lo menos el 50% de la varianza de los rasgos propuestos por los Eysencks está determinado genéticamente. "Pero puesto que es difícil ver cómo los genes determinan directamente los rasgos de personalidad, debemos considerar los rasgos biológicos intermedios que puedan ligar los genes con patrones de comportamiento consistentes" (p.35).


En esa década, es sencillo rastrear trabajos donde se cita a los Eysencks y se ofrecen diversas propuestas, aún en el idioma español. Por ejemplo, Ferré (1989) menciona que había interés en extrapolar la teoría de Eysenck al campo de la psicología animal. Por su parte, Ardila (1991) menciona varios trabajos interesados en probar la teoría de Eysenck, e inclusive Sybil Eysenck publicó en la Revista Latinoamericana de Psicología (Eysenck & Porrata, 1984).


Sin embargo, las explicaciones fisiológicas y morfológicas del trabajo de Eysenck (1967, 1981) no han estado exentas de críticas severas (Buss, 1984). Por ejemplo, a Eysenck se le ha enmarcado entre los genetistas conductuales o del comportamiento, particularmente porque él ha argumentado que la genética puede determinar diferencias individuales relevantes dentro de nuestra especie, al identificar los rasgos con la mayor carga hereditaria. Sin embargo, se señala que él, como otros, evitan la discusión de la naturaleza humana al restringir su estudio fundamentalmente a una sola especie y al aplicar estos supuestos con un enfoque tipológico (Buss, 1984). Autores como Buss, señalan que temas conceptuales importantes, tales como la permanencia de "comunalidades" entre la gente, en su acción, motivación y cognición debiesen resolverse primero. Otros autores también han criticado la "simplicidad" de la propuesta de Eysenck, ya que algunos conceptos, como la motivación, no han sido explicitados o trabajados más. Por ejemplo, Gutiérrez Maldonado (1997) señala que en el libro de Eysenck y Eysenck sobre personalidad y diferencias individuales, el concepto motivación aparece una sola vez (p. 289) y en el capítulo de ansiedad.


Además, para fines de la década de los 80, severas críticas al modelo genetista surgieron de los estudios con gemelos idénticos. En una revisión publicada por la revista oficial de la American Psychological Association (Loehlin, 1989) se parte de un análisis de los estudios sobre los supuestos de los Eysencks y después se analizan los resultados de los estudios con gemelos y con  medidas de los dos rasgos más relevantes de la teoría de Eysenck. Por su importancia aquí se reproduce la cita completa:


"La dimensión que Eysenck nombró neuroticismo no se refiere a una neurosis psiquiátrica como tal, sino a un rasgo general de personalidad que va desde el lado con ajuste emocional estable hasta el otro con inestabilidad emocional y desajuste (e.g., Eysenck, 1982). Tal dimensión de desajuste emocional, con diferentes nombres, es casi siempre encontrada como uno de los primeros dos o tres factores principales cuando se analizan factorialmente las escalas o inventarios de personalidad. La versión de Eysenck de la segunda dimensión, extraversión - introversión, está bastante cercana a la noción popular que contrasta en un extremo a la persona de fácil trato, impulsiva, sociable con el otro extremo del individuo tímido y aislado. Tal tipo de dimensión también es hallada regularmente en los análisis factoriales de los inventarios de personalidad" (p. 1285).


Los resultados de los estudios analizados por Loehlin (1989) indican que las correlaciones de estas dimensiones (N y E-I) fueron las esperadas en todos los estudios revisados. Pero correlaciones aisladas no significan gran cosa sino "encajan" en un modelo que explique la variabilidad de los resultados obtenidos a lo largo del tiempo. En suma, ese autor consideraba en esos años que el análisis detallado de las influencias genéticas y medioambientales sobre el desarrollo permanecía por aclararse y que resultaba más fructífero para los psicólogos explorar el lado medio ambiental.


En parte por estos señalamientos y por el desconocimiento de los mecanismos genéticos,  en los últimos 16 años el panorama de la contribución de los Eysencks parece haberse desvanecido del amplio campo de la Psicología. Pareciera que las palabras introductorias de Zuckerman (1983) al libro que editó en los años 80 y en el cual participó Eysenck, con el marco de la teoría de los rasgos, continuase representando la misma situación: "es descorazonador observar cómo aún los libros más recientes de personalidad utilizan a la teoría de los somatotipos de Sheldon (1899- ?), cómo "la" teoría representativa de los enfoques biológicos de la personalidad ignora u ofrece la más breve mención a la teoría de Eysenck (1967, 1981), la cual se apoya en una amplia base de investigación empírica desarrollada en los últimos 30 años" (p. IX).  Sin embargo, el valor del trabajo de Eysenck se está considerando en otras áreas, como el aprendizaje (Furnham, Jackson, Forde, & Cotter, 2001) y en la investigación contemporánea sobre la teoría de Gray, como veremos más adelante.

 

 

 

La teoría de Gray de los años 60 a los 70



Gray (1935-2004) ha sido considerado como uno de los pocos teóricos de la personalidad cuyo modelo psicobiológico fue diseñado pensando en estudios con especies no humanas y humanas a la vez (Schalling, Edman, & Asberg, 1983; Zuckerman, 1983). Es relevante revisar los orígenes de las investigaciones de Gray antes de hacerlo con los enfoques contemporáneos fundamentados en su trabajo.


Inicialmente, el trabajo de Gray indica un intento por integrar la concepción pavloviana referente a la fortaleza del sistema nervioso, así como las nociones de un nivel óptimo de alertamiento como la base de diferencias individuales. De hecho, su tesis doctoral contiene una exhaustiva revisión crítica (300 páginas) sobre la investigación experimental rusa y sobre Pavlov (Rawlins, 2004). En los años 70, Gray y sus colegas (Gray, Owen, Davis, & Tsaltas, 1983) centraron su interés en el estudio de las bases biológicas de la sensibilidad a cuatro tipos diferentes de reforzamiento: la recompensa, el castigo, la no recompensa y el no castigo. Sin embargo, dependerán del tipo de condicionamiento (clásico u operante), los mecanismos que actúen y, por lo tanto, generarán diferentes "estados emocionales". Gray estimó que se producirían 8 estados, pero se refería a estados elicitados en el cerebro o sistema nervioso por reforzadores primarios o secundarios. Por otra parte, los estados no pudieron confirmarse porque en los mamíferos inferiores (esto es, las ratas con las que trabajaban), sólo podían tomarse en cuenta tres estados: el de ansiedad, elicitada por estímulos de no recompensa ("frustratorios") o castigo secundario; el de regocijo/alivio, elicitado por recompensas secundarias o por estímulos no punitivos; y el de coraje, elicitado por castigo incondicionado o por estímulos sin recompensa (Gray et al., 1983).


Gray y cols. (1983) señalan que ellos se concentraron básicamente en el estado de ansiedad, controlado al usar drogas ansiolíticas en los animales. Y se concentraron en deducir la fisiología y la psicología de la ansiedad. Al hacerlo encontraron que los efectos conductuales señalaban una hipótesis explicativa: "la existencia en el cerebro de un sistema de inhibición de comportamiento (BIS) cuya función es la de recibir información concerniente a la ocurrencia de alguno de los estímulos adecuados para la ansiedad (castigo secundario, estímulos frustratorios, o estímulos novedosos) y operar las salidas de conducta…" (p. 183) (Inhibición del comportamiento, incremento en el alertamiento, incremento de la atención). Gray y sus colegas (1983) comentan que después de establecer los aspectos conductuales de la teoría, intentaron ampliarla para cubrir las diferencias individuales en la susceptibilidad a la ansiedad. Al hacerlo trabajaron con dos pasos. El primero fue bastante sencillo, y fue el de establecer que los individuos ansiosos son aquellos particularmente sensitivos a la amenaza que representan los estímulos secundarios punitivos o frustrantes; es decir, ante señales de castigo o no recompensa. Sin embargo, el segundo paso resultó mucho más complejo. Trataron de situar la dimensión teórica propia de la ansiedad en el espacio factorial de la personalidad general. Al querer estudiar las diferencias individuales humanas se eligió el espacio bidimensional de Eysenck referente a la introversión-extraversión (I-E) y al neuroticismo (N).


Con la intención de aclarar el papel de esta dimensión en el espacio de la personalidad general, Gray presentó una propuesta, considerada fundamentalmente como una teoría de ansiedad (Gray, 1970). Se propuso que la dimensión de ansiedad (cuando se refiere al rasgo y no al estado emocional cerebral) es concebida que corre del cuadrante de la extraversión estable en el espacio bidimensional propuesto por Eysenck (baja ansiedad) hasta el de introversión neurótica (alta ansiedad). Esta ubicación teórica fue apoyada por los estudios sobre personalidad conducidos en laboratorios y en la clínica (Gray y col., 1983). Pero Gray señala que las relaciones entre las dimensiones de Eysenck y la ansiedad no se refieren a un mero nivel descriptivo, sino que propone que las líneas de influencia causal no son las postuladas por Eysenck, es decir I-E y N. Más bien serían otras las dimensiones, una que inicialmente señaló como una teoría de la ansiedad; pero al rotar 45° uno de los ejes del espacio factorial (ansiedad) había que rotar el otro también; esto para conservar la independencia u ortogonalidad de las dimensiones. La segunda rotación produjo otra dimensión que corría del cuadrante de introversión estable al de extraversión neurótica, de Eysenck, y que fue nombrada impulsividad. Con base en estos arreglos, se ha sugerido que la ansiedad, como rasgo, refleja la sensibilidad a las señales de no recompensa y castigo. Y que el rasgo de alta impulsividad puede deberse a la alta sensibilidad a las señales de recompensa y no castigo.


Finalmente, el modelo presentado trata a la ansiedad y a la impulsividad como influencias causales independientes, pero interactuando en el espacio bidimensional de Eysenck; por lo tanto, se deduce que las dimensiones I-E y N son derivadas de estas influencias básicas. Dicho de otra manera, I-E y N son tratados en esta teoría como funciones de la influencia conjunta de la ansiedad y la impulsividad. El neuroticismo se concibe como reflejo de la suma de las dos sensibilidades (a la recompensa/no castigo, y al castigo/no recompensa), como emocionalidad global. La introversión-extraversión es vista como resultado del balance entre las dos sensibilidades: si la sensibilidad a la recompensa/no castigo supera la del castigo/no recompensa, el individuo es extravertido, en el caso contrario, es introvertido (Gray y cols., 1983; p. 186).


La teoría de Gray de los años 80 a la actualidad



En los años siguientes a la década de los 80, Gray (1982, 1987a, 1987b) elaboró más su propuesta teórica; según su teoría de la personalidad existen tres sistemas de control emocional (cerebral) y conductual dentro del cerebro mamífero: el sistema de inhibición conductual (BIS, por sus siglas en inglés), el sistema de aproximación o acercamiento de comportamiento (BAS), y el sistema de lucha / huida (FFS).
 

El BIS organiza las respuestas a las señales condicionadas del castigo (y frustración a la no recompensa). Sus efectos principales son inhibición del comportamiento en curso, atención creciente y despertar creciente. Debido a que estas reacciones son disminuidas por las drogas ansiolíticas, puede presumirse que su operación es acompañada por el estado emocional llamado "ansiedad". Se consideraron dos fenómenos de laboratorio como manifestaciones del BIS, los cuales son a) evitación pasiva (reduciendo el riesgo al castigo por inactividad y sumisión) y b) extinción (abandonando fácilmente los comportamientos que no se recompensan). El BIS se ha relacionado con la serotonina, la noradrenalina, el sistema septohipocámpico y el córtex orbitofrontal.


Gray (1987a) describió que el BIS: "responde a las señales de castigo, señales de no recompensa frustratoria, y a los estímulos novedosos, al inhibir la conducta en curso, incrementar la disponibilidad para la acción (nivel de alertamiento), e incrementar la atención a los estímulos medioambientales" (p. 262). El BIS es sensible a los estímulos negativos condicionados; además, en su extrapolación de este sistema a la personalidad, indicó que poca ansiedad está relacionada con un BIS débil, y mucha ansiedad con un BIS fuerte. Y, extrapolando al modelo de Eysenck, la dimensión de ansiedad está anclada en un extremo por los introvertidos neuróticos (fuerte BIS), y en el otro por los extravertidos estables (BIS débil). Aunque Gray no conceptualizó que la ansiedad, como rasgo, subyace a las dimensiones de Eysenck, sí estableció que los individuos "ansiosos" o "introvertidos neuróticos" están predispuestos de manera diferencial a interrumpir su conducta en curso y redirigir su atención a las señales de castigo, no recompensa y novedad. La ansiedad como rasgo es el resultado de la activación del BIS, en interacción con determinados estímulos; incrementa la disposición o alertamiento y activa todos los factores del sistema, incluidos el estilo analítico y la inteligencia naturalista y fluida.


En su teoría, Gray describió también al BAS como sistema de aproximación o acercamiento de comportamiento (BAS, Gray 1994), pero también es conocido como sistema de activación (Fowles, 1988), o sistema de facilitación (Depue & Iacono 1989). El BAS activa las conductas de acercamiento en respuesta a señales de recompensa o no-castigo, o de manera más correcta, se activa por los incentivos, o las señales condicionadas de la recompensa. Este tiene dos aspectos: a) sensibilidad a los estímulos en el ambiente que se asocian a las recompensas primarias (comer, beber, copular, etc), la cual llaman "acercamiento", y b) el comportamiento instrumental que reduce la probabilidad del castigo cuando hay señales en el ambiente que el castigo puede ocurrir, conocido en estudios de laboratorio como evitación activa. El BAS es un sistema biológico motivacional, que activa el comportamiento en presencia de señales de recompensa. El BAS representa el motor de la conducta, y a nivel neural se ha relacionado con los bucles tálamo-corticales y con las rutas dopaminérgicas ascendentes. Según el estado actual de conocimientos, la dopamina es el neurotransmisor más implicado en el funcionamiento del BAS. Este sistema se conoce también como el centro de la recompensa.


Gray propuso (1987a, 1987b) que el BAS subyace a la dimensión de impulsividad de la personalidad y es activado por las señales condicionadas de la recompensa o del no-castigo, de tal manera que la dimensión de impulsividad se relacionaba con la fortaleza absoluta del BAS. Extrapolando al modelo de Eysenck, la dimensión de impulsividad está anclada en un extremo por los extravertidos neuróticos (fuerte BAS, o alta impulsividad), y en el otro por los introvertidos estables (BAS débil, o baja impulsividad). Además, como vimos antes, los dos estados emocionales cerebrales son independientes, lo que significa que el BIS y el BAS son ortogonales y, por lo tanto, los rasgos de ansiedad e impulsividad se espera que no correlacionen entre ellos. El BAS se asocia a las conductas de búsqueda y aproximación, y entre sus correlatos cognitivos figuran el estilo holístico y la inteligencia lingüística.


Otro sistema neural descrito por Gray (1987a, 1987b) es el FFS o sistema de ataque/huida. Se corresponde con el instinto de defensa y es un sistema de acción rápida. Se activa principalmente en situaciones de emergencia, generando conductas de agresión defensiva y escape rápido. El FFS media los efectos del comportamiento de acontecimientos aversivos incondicionados (nuevamente incluyendo castigo antes de y frustración a la no recompensa). Tales comportamientos incluyen a) huida (escape rápido de la fuente del castigo) y b) lucha (agresión "defensiva", según se  distingue  de la agresión depredadora). Hoy las neurociencias lo localizan como propio del hemisferio cerebral derecho, principalmente se le ubica en las estructuras del hipotálamo y la amígdala. La monoaminoxidasa (MAO) y el nivel de testosterona figuran entre sus correlatos neurofisiológicos (Zuckerman, 1998). También se relaciona con ciertas peculiaridades de los potenciales evocados, que normalmente se interpretan como fallos en los procesos de inhibición cortical. Sabemos, además, que existen conexiones nerviosas que parten de los sentidos y acceden directamente al sistema límbico, generando respuestas instantáneas previas a la percepción consciente (Le Doux, 1996). La dimensión derivada del FFS, en el  modelo, es el rasgo de hostilidad. La activación de este sistema de acción rápida (Gray, 1987a, 1987b), responde a los estímulos negativos no condicionados (es decir estímulos naturalmente dolorosos), y es la base de las emociones de rabia y pánico, y media el comportamiento de lucha/huida. El estilo intuitivo, la inteligencia viso-espacial y los procesos creativos son los correlatos cognitivos de este sistema.


Por otra parte, las investigaciones se han concentrado en dos de los sistemas generales, considerándolos sistemas de motivación base del comportamiento humano. El BAS, el cual se cree que regula los motivos apetitivos y en el cual la meta es moverse hacia algo deseado, y el BIS, en el cual la meta es evitar o alejarse de algo desagradable. Como señalamos antes, Gray (1987 a, 1987b) también ha discutido que las dimensiones de la personalidad pueden reflejar diferencias individuales en el funcionamiento de estos sistemas emocionales. En suma, el BIS puede ser responsable de diferencias individuales en ansiedad y el BAS, de diferencias individuales en impulsividad.


Finalmente, en los 90, los últimos delineamientos de la teoría de Gray se han mantenido semejantes a los ya expuestos. Sin embargo, la teoría y su autor (Gray, 1994) les ha sugerido a muchos investigadores que teóricamente la inhibición conductual está relacionada con un riesgo mayor para la psicopatología de origen emocional; es decir, las dimensiones de ansiedad y de impulsividad como rasgos temperamentales o de personalidad pueden estar relacionados con una gran variedad de estados emocionales negativos, incluyendo grados variados de reactividad emocional y de estilos regulatorios disfuncionales (Gray, 1994). La literatura especializada que relaciona las dimensiones de Gray con psicopatologías es vasta (Fowles, 1993) y se sale de los objetivos de la presente revisión, por lo cual sólo algunos estudios se mencionan brevemente aquí. Por ejemplo, altos niveles de BIS están relacionados con ansiedad (Gray, 1982) y los niveles bajos del BIS con el trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH; Barkley 1997) y psicopatía (Fowles, 1993). El alto nivel de BAS se ha considerado para ayudar a explicar el desorden antisocial de la personalidad (Quay, 1993), y el nivel bajo de BAS se ha considerado con respecto a la depresión (Depue, Krauss, & Spoont, 1987). La variabilidad en actividad de BAS se ha propuesto para explicar desorden bipolar, con la manía considerada como el resultado de la alta actividad de BAS (Depue et al., 1987).


La teoría de Gray predice, generalmente, que los individuos impulsivos con BAS fuerte deben ser más sensibles a las señales de recompensa, comparados con los individuos impulsivos de BAS débil; y los individuos con ansiedad y BIS fuerte deben ser los más sensibles a las señales del castigo, comparados con los individuos con ansiedad y BIS débil. La ortogonalidad del BIS y del BAS sugiere que (1) las respuestas a la recompensa sean iguales en todos los niveles de BIS/ansiedad-rasgo y (2) las respuestas al castigo deben ser iguales en todos los niveles de BAS/impulsividad-rasgo. Esto es lo que Corr (2001) llama la hipótesis de los "subsistemas separables". Además, Corr propone otra hipótesis de "subsistemas conjuntos", que complementa la anterior. Uniendo ambas hipótesis se argumenta que el BIS y el BAS son subsistemas que pueden analizarse por separado, pero que también se afectan de una manera interdependiente. 


Varios autores han señalado que estas propuestas de Corr (2001) pueden ser muy relevantes para explicar los resultados contradictorios al analizar la teoría de Gray (De Pascalis, Arwari,  Matteucci & Mazzocco, 2005; Matthews & Gilliland, 1999). Corr basa su hipótesis de los "subsistemas conjuntos", considerando que el BIS y el BAS tienen el potencial de influenciar el comportamiento a través del castigo y la recompensa mediados, teniendo presente como antecedente un nivel de activación diferente a cero en el BIS y el BAS. De acuerdo con esta hipótesis, la ansiedad y la impulsividad pueden producir efectos funcionalmente interdependientes: (a) Los individuos impulsivos-rasgo/baja ansiedad deben exhibir las respuestas deseables más altas y las emociones positivas; (b) los individuos ansiosos-rasgo/con poca impulsividad deben demostrar las respuestas negativas más altas y las emociones negativas. Según Corr (2001), la hipótesis común de los subsistemas no se debe considerar en contra de la teoría original de Gray, sino complementaria dentro de un modelo dual de procesos de funcionamiento del BIS y del BAS. Estos supuestos están aún por demostrarse y no existen evidencias concluyentes acerca de lo correcto de los mismos (por ejemplo: De Pascalis y colegas, 2005).


Cabe una breve nota para señalar que la teoría de Gray, aunque aún conserva la conceptualización original, es conocida recientemente bajo el nombre de teoría de la sensibilidad al reforzamiento (RST; Pickering et al., 1997). Además, Gray y cols. ofrecieron una aclaración en cuanto a la rotación de 45° en los ejes del campo factorial de Eysenck, señalando que una rotación de 30° sería más exacta (Pickering, Corr, & Gray, 1999).


La extrapolación de los sistemas BIS/BAS a la investigación aplicada



Como vimos, la desinhibición como concepto teórico tiene su origen en la tradición Pavloviana, y ha adquirido un significado preciso en ese contexto. De acuerdo con Mackintosh (1974), Pavlov definió la desinhibición como el proceso que, durante la extinción, sirve para incrementar la fuerza de la respuesta condicionada (RC) en ese ensayo. Gorenstein y Newman (1980), por su parte, señalaron que la intención al utilizar este término fue el de connotar la disrupción de los procesos inhibitorios activos regulando la tendencia a responder.


Particularmente, los datos de animales con lesión septal o en el hipocampo, le permitieron a Gray, en los años 70, desarrollar una  interpretación fisiológica novedosa para interpretar el concepto de "extraversión" de Eysenck. Y ésta se convirtió en una nueva fuente de desarrollo teórico para interpretar comportamientos humanos; no por la importancia de ubicar lesiones en el sistema límbico sino por las características perceptuales, motivacionales y psicológicas que involucraba la disfunción límbica en los animales. Así aparecieron propuestas sobre la extrapolación del modelo, como una analogía válida para estudiar comportamientos humanos, tales como la impulsividad, la ansiedad, etc. (por ejemplo ver: Gorenstein y Newman, 1980).


Al extrapolar el sistema BAS al comportamiento humano, se considera que el BAS activa las conductas de acercamiento en respuesta a las pistas o señales de  recompensa o no-castigo. De esta manera, se puede considerar que el BAS es el motor del comportamiento y el BIS es el sistema de frenado. Las señales de castigo, no-recompensa, estímulo novedoso, y estímulo de temor innato llevan a la inhibición del comportamiento, a un incremento de alertamiento tenso, y a un incremento de la atención. El sistema puede considerarse tanto a nivel cognitivo como fisiológico (Fowles, 1988; Gray 1982). A nivel cognitivo, el papel del BIS es el de comparar el estado actual del mundo con las expectativas, e inhibir y modificar la conducta que lleva a desviaciones de las expectativas. Así como los rasgos de aproximación o acercamiento están asociados con el BAS, de igual manera los rasgos inhibitorios y de evitación están asociados con el BIS. Se ha supuesto que la ansiedad y el neuroticismo reflejan niveles altos y crónicos de la función del BIS (Gray, 1994); el afecto negativo y el estado de ansiedad son marcadores del estado de activación del BIS.


Más recientemente, las evidencias experimentales indican que la existencia de los dos sistemas motivacionales que subyacen al comportamiento animal, han sido comprobadas en el ser humano. De hecho, la teoría de Gray ha sido apoyada en humanos, por estudios de aprendizaje (Corr, Pickering, & Gray, 1997), de desempeño (Gómez & McLaren, 1997; Hagopian & Ollendick, 1994), por estudios electroencefalográficos (De Pascalis, Fiore, & Sparita, 1996; Harmon-Jones & Allen, 1997; Sutton & Davidson, 1997), por estudios de las respuestas al estrés cardíaco (Heponiemi, Keltikangas-Jarvinen, Kettunen, Puttonen, & Ravaja, 2004), y por estudios clínicos sobre diversas psicopatologías (Meyer, Johnson, & Winters, 2001), entre muchos otros; aunque también hay hallazgos conflictivos (ver una revisión: Matthews & Gilliland, 1999).


Sin embargo, la extrapolación de la teoría experimental de Gray a la investigación humana y aplicada ha enfrentado dificultades muy complejas, particularmente la evaluación de los sistemas (ver revisiones: Corr, 2001; Pickering et al., 1997; Torrubia, Avila, Molto, & Caseras, 2001). De acuerdo con Ávila y Torrubia (2005), los investigadores que han utilizado el modelo de Gray han encontrado un buen número de problemas. En primer lugar, la investigación con animales ha utilizado reforzadores que son claramente de relevancia para ellos (e.g., alimento, choques eléctricos, etc.) pero es poco probable que los procedimientos experimentales con humanos utilicen reforzadores realmente relevantes para ellos. En segundo lugar, la investigación ha utilizado, por lo general, una mezcla de estímulos condicionados e incondicionados; esto hace difícil saber, en algunos casos, si los resultados pueden atribuirse a la sensibilidad a los estímulos condicionados o a los incondicionados. En tercer lugar, los métodos basados en auto-reportes para valorar la reactividad y responsividad del BIS y del BAS, no siempre han estado al alcance de los investigadores. En último lugar, se ha señalado la importancia de incluir medidas (escalas) de ansiedad y de impulsividad al evaluar el modelo. Esto porque la desinhibición puede deberse a un fuerte BAS o a un débil BIS, por lo que la inclusión de ambas dimensiones debe considerarse simultáneamente para ofrecer una interpretación clara.


Por otra parte, se desarrolla un debate actual al incluir medidas reconocidas de ansiedad y de impulsividad para validar las medidas de BIS y BAS (Corr, 2001; MacAndrew & Steele, 1991;  Matthews & Gilliland, 1999). Esto porque las pocas medidas desarrolladas directamente de la teoría de Gray no parecen tener la misma interpretación de la teoría (ver: Carver & White, 1994; Caseras,  Ávila, & Torrubia, 2003) y, además, no muestran consistentemente, confiabilidad interna con diferentes muestras, ni validez convergente entre escalas (Torrubia, Ávila, Molto, & Caseras, 2001; Wilson, Barrett, & Gray, 1989; Wilson, Gray, & Barrett, 1990; Gómez & Gómez, 2005; Jorm y colegas, 1999). Y, sumado a lo anterior, parece favorecerse un razonamiento circular en el sentido que si se encuentran las relaciones esperadas entre medidas de BIS y medidas de ansiedad, se puede cuestionar qué estamos midiendo, si ansiedad como rasgo (o estado), o BIS. El mismo razonamiento aplica a las medidas de BAS e impulsividad; aunado en este último caso, al problema que representa la valoración de la impulsividad, que ha eludido una conceptualización y operacionalización clara y común, por décadas, y que sencillamente se le reconoce como multifactorial, en espera de una mejor explicación (Zuckerman, 1983; Solís-Cámara, 1996). 


Finalmente, este estado actual de la investigación aplicada al parecer actúa como causa y efecto del interés creciente por los estudiosos de la psicología en llevar a cabo investigación no sólo con jóvenes universitarios sino con la población general y en mayor número de países (i.e., Jorm y colegas, 1999). Latinoamérica parece ausente en estos desarrollos, por lo que esperamos que este estudio contribuya a despertar el interés.

 

 

 

Referencias



Abbagnano, N. (1985). Diccionario de filosofía. México: FCE.

Ardila, R. (1991). Presentación del Editor: Personalidad. Revista Latinoamericana de Psicología, Número Monográfico: Personalidad, 23, 7-9.

Ávila, C. & Torrubia, R. (2005). Personality, expectations, and response strategies in multiple-choice question examinations in university students: A test of Gray's hypotheses. European Journal of Personality.

Barkley, R. A. (1997). ADHD and the nature of self-control. Nueva York: Guilford Press.

Barratt, E.S. & Patton, J.H. (1983). Impulsivity: cognitive, behavioral, and psychophysiological correlates. En:  Zuckerman, Marvin. (Ed.). Biological bases of sensation seeking, impulsivity, and anxiety. New Jersey: LEA.

Buss, A.R. & Poley, W. (1979). Diferencias individuales. Rasgos y factores. México: Manual Moderno.

Buss, D.M. (1984). Evolutionary biology and personality psychology. Toward a conception of human nature and individual differences. American Psychologist, 39, 1135-1147.

Carver, C. S., & White, T. L. (1994). Behavioral inhibition, behavioral activation, and affecive responses to impending reward and punishment: The BIS/BAS Scales. Journal of Personality and Social Psychology, 67, 319-333.


Caseras, X., Avila, C., & Torrubia, R. (2003). The measurement of individual differences in behavioural inhibition and behavioural activation systems; a comparison of personality scales. Personality and Individual Differences, 34, 999-1013.

Chaplin, J.P. & Krawiec, T.S. (1978). Psicología: sistemas y teorías. México: Interamericana.

Comrey, A.L. & Schiebel, D. (1985). Personality test correlates of psychiatric case history data. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 53, 470-479.

Corr, P. J. (2001). Testing problems in J. A. Gray´s personality theory: a commentary on Matthews and Gilliland (1999). Personality and Individual Differences, 30, 333-352.

Corr, P. J., Pickering, A. D., & Gray, J. A. (1997). Personality, punishment, and procedural learning: A test of J. A. Gray´s anxiety theory. Journal of Personality and Social Psychology, 73, 337-344.

Costa, P. (2000). NEO Personality. En:  Kazdin, A. (Ed.). Encyclopedia of psychology. Washington, DC, & New York: American Psychological Association and Oxford University Press.

De  Pascalis, V., Arwari, B., Matteucci, M., & Mazzocco, A. (2005). Effects of emotional visual stimuli on auditory information processing: a test of J.A. Gray's reinformcement sensitivity theory. Personality and Individual Differences, 38, 163-176.

De Pascalis, V., Fiore, A. D., & Sparita, A. (1996). Personality, event related potential (ERP) and heart rate (HR): An investigation of Gray's theory. Personality and Individual Differences, 20, 733-746.

Depue, R. A., & Iacono, W. G. (1989). Neurobehavioral aspects of affective disorders. Annual Review of Psychology, 40, 457-492.

Depue, R. A., Krauss, S. P. & Spoont, M.R. (1987). A two-dimensional threshold model of seasonal bipolar affective disorder. In: D. Magnusson & A. Öhman (Eds.). Psychopathology: an interactional perspective (pp. 95-123). San Diego, CA: Academic Press.

Errasti, J., (1998). Usos y abusos de la psicología de Eysenck. Psicothema, 10 (3), 517-533.

Eysenck, H.J. (1955). A dynamic theory of anxiety and hysteria. Journal of Mental Sciences, 101, 28-51.

Eysenck, H.J. (1967). The biological basis of personality. Springfield, IL: Thomas.

Eysenck, H.J. (1981). A model for personality. Berlin, FRG: Springer-Verlag.

Eysenck, H.J. (1982). Personality, genetics, and behaviour. New York: Praeger.

Eysenck H.J. & Eysenck, S.B.G. (1987). Personalidad y diferencias individuales. Madrid: Pirámide.

Eysenck, S. B.G. y Porrata, J.L. (1984). Un estudio transcultural de personalidad: Puerto Rico e Inglaterra. Revista Latinoamericana de Psicología, 16, 355-372.

Eysenck, H.J., y Rachman, S. (1965). The causes and cures of neurosis. Londres: Routledge & Kegan Paul.

Feist, J. & Feist, G.J. (2002). Theories of Personality. New York: McGraw-Hill.

Ferré, N. S. (1989). La cuestión maldita de Pavlov y la investigación en Psicología. Revista Intercontinental de Psicología y Educación, 2, 27-42.

Fowles, D. C. (1988). Psychophysiology and psychopathology: a motivational approach. Psychophysiology, 25, 373-391.

Fowles, D. C. (1993). Biological variables in psychopathology: A psychobiological perspective. In: P. B. Stuker & H. E. Adams (Eds.). Comprehensive handbook of psychopathology (2nd ed., pp. 57-82). New York: Plenum Press.

Furnham, A., Jackson, C. J., Forde, L., & Cotter, T. (2001). Correlates of the Eysenck Personality Profiler. Personality and Individual Differences 30, 587 594.

Gómez, R. & Gómez, A. (2005). Convergent, discriminant and concurrent validities of measures of the behavioural approach and behavioural inhibition systems: confirmatory factor analytic approach. Personality and Individual Differences 38, 87-102.

Gómez, R., & McLaren, S. (1997). The effects of reward and punishment on response disinhibition, moods, heart rate, and skin conductance level during instrumental learning. Personality and Individual Differences, 23, 305-316.

Gorenstein, E.E. y Newman, J.P. (1980). Disinhibitory psychopathology: a new perspective and a model for research. Psychological Review, 87, 301-315.

Gray, J.A. (1967). Strength of the nervous system, introversion, conditionability and arousal. Behavior Research and Therapy, 5, 151-159.

Gray, J. A. (1970). The psychophysiological basis of introversion-extraversion. Behavioral Research and Therapy, 8, 249-266.

Gray, J.A. (1982). The neuropsychology of anxiety: an enquiry into the functions of the septo-hippocampal system. New York: Oxford University Press.

Gray, J.A., Owen, S., Davis, N., Tsaltas, E, (1983). Psychological and physiological relations between anxiety and impulsivity. In:  Zuckerman, M. (Ed.). The biological bases of sensation seeking, impulsivity and anxiety. 189-217 Hillsdale, NJ: Erlbaum.

Gray, J. A. (1987a). Perspectives on anxiety and impulsivity: A comentary. Journal of Research in Personality, 21, 493-509.

Gray, J. A. (1987b). The psychology of fear and stress. Cambridge, England: Cambridge University Press.

Gray, J. A. (1994). Three fundamental emotion systems. In:   Ekman, P. &  Davidson, R. (Eds.). The nature of emotion (pp. 243-247). New York: Oxford University Press.

Gutiérrez Maldonado, J. (1997). Psicología de la personalidad y síntesis experimental del comportamiento. Revista Latinoamericana de Psicología, 29, 435-457.

Hagopian, L.P. & Ollendick, T.H. (1994). Behavioral inhibition and test anxiety: an empirical investigaction of Gray's theory. Personality and Individual Differences, 16, 597-604.

Harmon-Jones, E., & Allen, J. J. B. (1997). Behavioral activation sensitivity and resting frontal EEG asymmetry: Covariation of putative indicators related to risk for mood disorders. Journal of Abnormal Psychology, 106, 159-163.

Heponiemi, T., Keltikangas-Jarvinen, L., Kettunen, J., Puttonen, S., & Ravaja, N. (2004). Bis-Bas sensitivity and cardiac autonomic stress profiles. Psychophysiology, 41, 37-45.

Herrero, M., Viña, C., González, M., Ibáñez, I., & Peñate, W. (2001). El Cuestionario de Personalidad Zuckerman-Kuhlman-III (ZKPQ-III): Versión Española. Revista Latinoamericana de Psicología, 33, 269-287.

Howarth, E. & Cattell, R. B. The multivariate experimental contribution to personality research. En: Benjamin B. Wolman (Ed.), (1973). Handbook of General Psychology. Prentice-Hall, New Jersey.

Hurtado P., C. (2006). El conductismo y algunas implicaciones de lo que significa ser conductista hoy.  Revista Diversitas - Perspectivas en Psicología,  2(2), 321- 328.

Jackson, D. N. Structured personality assessment. En: Benjamin B. Wolman (Ed.), (1973). Handbook of General Psychology. Prentice-Hall, New Jersey.

Jorm, A. F., Christensen, H., Henderson, A. S., Jacomb, P. A., Korten, A. E., & Rodgers, B. (1999). Using the BIS/BAS scales to measure behavioural inhibition and behavioural activation: Factor structure, validity and norms in a large community sample. Personality and Individual Differences, 26, 49-58.

Kagan, J. (1994). Distinction among emotions, moods, and temperamental qualities. In: Ekman P. &  Davidson, R. (Eds.) The nature of emotion (pp. 74-78). New York: Oxford University Press.

Le Doux J. (1996). The Emotional Brain. New York: Simon & Schuster.

Leen-Feldner, E. W., Zvolensky, & M. J., Feldner, M. T. (2004). Behavioral inhibition sensitivity and emotional response supression: A laboratory test among adolescents in a fear-relevant paradigm. Journal of Clinical Child and Adolescent Psychology, 33, 783-791.

Loehlin, J.C. (1989). Partitioning environmental and genetic contributions to behavioral development. American Psychologist, 44, 1285-1292.

Mace, C. A. (1970). Editorial foreword. En: Cattell, R. B. The scientific analysis of personality. Pelican Books, England.

Mackintosh, N.J. (1974). The psychology of animal learning. New York: Academic Press.

McAndrew, C., & Steele, T. (1991). Gray´s Behavioral Inhibition System: a psychometric examination. Personality and Individual Differences, 12, 157-171.

Matthews, G., & Gilliland, K. (1999). The personality theories of H.J. Eysenck and J.A. Gray: a comparative review. Personality and Individual Differences, 26, 583-626.

Meyer, B., Johnson, S.L. &Winters, R. (2001). Responsiveness to Threat and Incentive in Bipolar Disorder: Relations of the BIS/BAS Scales With Symptoms. Journal of Psychopathology and Behavioral Assessment, 23, 133-143.

Morris, C. (1992). Introducción a la Psicología. México: Prentice-Hall Interamericana.

Pelechano, V. (1997). H. J. Eysenck (1916-1997) y la psicología de la inteligencia Anales de Psicología, 13(2), 93-110.

Pickering, A. D., Corr, P. J., & Gray, J. A. (1999). Interactions and reinforcement sensitivity theory. A theoretical analysis of Rusting & Larsen (1997). Personality and individual differences, 26, 357-365.

Pickering, A. D., Corr, P. J., Powell, J. H., Kumari, V., Thornton, J. C., & Gray, J. A., (1997), individual differences in reactions to reinforcing stimuli are neither black nor white: To what extend are they Gray? In: H. Nyborg. The scientific study of personality: Tribute to Hans J. Eysenck at eighty. London: Elservier Sciences.


Quay, H. C. (1993). The psychobiology of undersocialized aggressive conduct disorder: A theoretical perspective. Development and psychopathology, 5, 165-180.

Quilty, L.C. & Oakman, J.M. (2004). The assessment of behavioural activation--the relationship between impulsivity and behavioural activation. Personality and Individual Differences, 37, 429-442.

Romero, E., Luengo, M.A., Gómez-Fraguela, J.A., & Sobral, J. (2002). La estructura de los rasgos de personalidad en adolescentes: el modelo de cinco factores y los cinco alternativos. Psicothema, 14, 134-143.

Rawlins, Nick. (2004). Obituary. Guardian News and Media Limited. Internet.

Sargent, S. S. The humanistic approach to personality. En: Benjamin B. Wolman (Ed.), (1973). Handbook of General Psychology. Prentice-Hall, New Jersey.

Schalling, D., Edman, G., & Asberg, M. (1983). Impulsive cognitive style and inability to tolerate boredom: psychobiological studies of  temperamenta vulnerability. En: Zuckerman, M. (editor). Biological basis of sensation seeking, impulsivity and anxiety. Hilsdale, N.J.:Lawrence Erlbaum Assocoates, Inc Publishers.
 
Skinner, B.F. (1974). About behaviorism. New York: Knopf.

Snow, R.E. (1986). Individual differences and the design of educational programs. American Psychologist, 41, 1029-1039.

Solís Cámara R., P. (1996). Random and cognitive responders on the Matching Familiar Figures Test: Alternatives for users. Perceptual and Motor Skills, 83, 543-562, 1996.

Solís-Cámara V., P & Solís-Cámara R, P. (1994). La ciencia y la revolución cognitiva. Ciencia 45, 291-302.

Sutton, S. K., & Davidson, R. J. (1997). Prefrontal brain asymmetry: A biological substrate of the behavioral approach and inhibition systems. Psychological Science, 8, 204-210.

Torrubia, R., Avila, C., Molto, J., & Caseras, X. (2001). The Sensitivity of Punishment and Sensitivity to Reward Questionnaire (SPSRQ) as a measure of Gray´s Anxiety and Impulsivity Dimensions. Personality and Individual Differences, 31, 837-862.

Wilson, G. D., Barrett, P. T., & Gray, J. A. (1989). Human reactions to reward and punishment: a questionnaire examination of Gray´s persoality theory. British Journal of Psychology, 80, 509-515.

Wilson, G. D., Gray, J. A. & Barrett, P. T. (1990). A factor analysis of the Gray - Wilson personality questionnaire. Personality and Individual Differences, 11, 1037-1045.

Wolman, B.B. (1973). Dictionary of Behavioral Sciences. New York: Van Nostrand Reinhold.
 
Zuckerman, M., Kuhlman, M., Joireman, J., Teta, P., & Kraft, M. (1993). A comparison of three structural models for personality: the big three, the big five, and the alternative five. Journal of Personality and Social Psychology, 65, 757-768.

Zuckerman, M. (1983). Biological basis of sensation seeking, impulsivity and anxiety. Hilsdale, N.J.:Lawrence Erlbaum Associates, Inc Publishers. 

Zuckerman, M. (1998). Psychobiological theories of personality. En: D.F. Barone, M. Herson y V.B. Van Hasselt (Eds.): Advanced Personality. Nueva York: Plenum.
 

 

 




    www.PsicologiaCientifica.com