
José Alberto Santos R.
Profesor
Director de Acción Consultores y creador del Retcambio. Miembro fundador de Ensign Leadership Center
Universidad Nacional de El Salvador
San Salvador, El Salvador
Para citar este artículo:
________________________
Santos, J. A. (2007, 26 de febrero). Reprogramación Conductual CEM. Revista PsicologiaCientifica.com, 9(14). Disponible en:
http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-246-1-reprogramacion-conductual-cem.html
________________________
RESUMEN
Este artículo describe un Modelo de Desarrollo Conductual basado en el Retcambio. El autor propone un mapa conceptual en el que establecen las constantes y variables del desarrollo conductual. El planteamiento surge del concepto obvias realidades o quiebres que enfrenta cada persona en su escenario de acción. Se establece una propuesta a partir de un estudio realizado en la década de los ochenta en la Universidad de El Salvador, en el que se exploraron los niveles de adaptación de una población que vivía una guerra civil. Los hallazgos de ese estudio llevaron al autor a formular el Síndrome de las Necesidades Vitales (SNV), como uno de los principales quiebres que enfrentaran las personas ante sus obvias realidades. A partir del SNV, el autor propone un proceso de desensibilización y reprogramación conductual que posibilite la liberación de quiebres y estimulación del potencial del individuo.
Palabras clave: Síndrome de las Necesidades Vitales, Quiebre, Retcambio, Constantes, Variables, Mapa conceptual, Reprogramación CEM.
¿Por qué en nuestro escenario personal nos vemos presionados, agobiados, estresados y enfermos emocionalmente?
Los seres humanos interactuamos en dos escenarios básicos: nuestro círculo de influencia y nuestro círculo de preocupación. El primero se relaciona con nuestra área de control y de comodidad, donde tenemos autonomía, autodirección, autoestima, autoconfianza, experiencias de éxito; sin embargo, nuestra segunda área se relaciona con las situaciones que nos controlan y preocupan, que no hemos resuelto, es decir, nuestros quiebres o bloqueos a la acción.
La administración de nuestra vida se asocia con la forma en que lidiamos con estos dos escenarios. Una persona sana tiene un área de preocupación pequeña y su área de control es mayor, comparable con un huevo estrellado, en donde la yema representaría el área de preocupación, y la clara la de control. Una persona debilitada, sumida en el estrés, la pérdida, los estados de ánimo depresivos y las conductas erróneas estaría en la situación opuesta. Las personas, a partir de aspectos como su carácter, temperamento, inteligencia y competencias, desarrollamos límites de tolerancia a la frustración. Algunos, cuando enfrentan la pérdida de un ser querido, un trabajo o la salud, pareciera que se reponen más rápidamente que otros, desarrollando respuestas heroicas ante sus quiebres apoyados en las experiencias exitosas del pasado. Otras personas, por el contrario parecen vulnerables ante cualquier preocupación, cayendo en la pérdida de la esperanza, la depresión y otros síntomas conductuales.
Paúl Chauchard (1971) menciona que toda patología de la adaptación se traduce a agotamiento nervioso y fatiga, por lo que las personas de este segundo escenario están más vulnerables ante los conflictos, las frustraciones y las pérdidas. Por su parte, Alvin Toffler (1974) vaticinó que la velocidad con que se suceden los cambios iría en un ritmo mayor al que el individuo se adapta a estos; como consecuencia aparece la "Enfermedad del Futuro", los trastornos nerviosos. El hombre ve su medio como una tortura, un castigo y reacciona defensivamente, desconfiado ante cualquier señal extraña tanto en su comunidad como trabajo.
Durante la década de los ochenta se presentaron, en Centro América, conflictos armados que incidieron particularmente en el riesgo de perder la vida, familiares, posesiones, etc. En ese período se realizó, en la Universidad Nacional de El Salvador, un estudio para medir el impacto que el conflicto estaba provocando entre diversos grupos de la población. Para ello se seleccionó una muestra de 1387 personas divididas en los estratos de empleados, estudiantes de secundaria, universitarios, profesionales, obreros y amas de casa. La idea era conocer el nivel de estrés que provocaban situaciones habituales durante el conflicto, como rapto, muerte de familiares, despidos, enfrentamientos armados, incrementos en los artículos de consumo diario, etc. Se eligieron veintiuna situaciones, expresando los sujetos de investigación, su reacción ante ellas, teniendo como opciones los niveles de ansiedad leve, moderado e intenso.
Al analizar dichos resultados aparecieron dos grupos con el impacto más intenso: las amas de casa y los obreros. Al comparar el comportamiento de estos dos grupos se podía observar una polarización frente a estímulos similares. Por un lado, los obreros actuaban en forma rebelde y agresiva, mientras las amas de casa se mostraban sumisas y pasivas.
En esa época eran comunes los paros laborales, las amenazas y el comportamiento de choque por parte del sector obrero, contrastando con el comportamiento pasivo de las amas de casa quienes, por el contrario, eran muy dadas a mantenerse "acuarteladas" en sus casas, no dejaban salir a sus hijos, estaban pendientes de los noticieros, etc. Años después, al reflexionar sobre esa situación surgió esta declaración: "Cuando el suelo tiembla, el orden se rompe". Mantener el control es posible dentro de ciertos límites de tolerancia; sin embargo, cuando se traspasan enfrentamos la amenaza sometiéndonos o rebelándonos. A este cuadro le llamamos el Síndrome de las Necesidades Vitales (SNV), un cuadro caracterizado por un bloqueo a la acción, generado por una percepción de impotencia ante un estímulo o situación recurrente, produciendo sometimiento o rebelión, con lo que se perpetua la preocupación. En el SNV se observan las siguientes conductas:
- Una mirada incierta acerca del futuro.
- Reducción de contactos con su red de conocidos, disminución de actividades sociales, acuartelamiento en el hogar ante la preocupación de una amenaza repentina.
- Temor a asumir compromisos con el futuro, buscando acciones que posibiliten un escape del escenario de preocupación.
- Diseño de conversaciones circunscritas al círculo de la crítica y la queja sin articular posibilidades, lo que incrementa la preocupación.
- Estados emocionales de temor, ira, desánimo, frustración e indecisión que mantienen a las personas en su círculo de preocupación.
- Auto sabotaje en la acción, al responder de manera torpemente agresiva o con una pasividad incrédula, bloqueando posibilidades ante el futuro.
- Refuerzo diario de los síntomas de la turbulencia, amenaza y peligro, a través de los medios de comunicación social y los análisis que estos ofrecen.
- La energía que debería utilizarse para producir se consume en mantener un estado de alerta.
- La insatisfacción de necesidades esenciales paraliza el comportamiento reprimiendo o agrediendo, sometiéndose o rebelándose; intelectualizando dicha realidad o combatiéndola.
- Cuando el individuo, grupo o sociedad llega a ese nivel, se produce temor y duda, el cual es reforzado por acontecimientos del entorno.
- El orden se rompe, cuando la plataforma en que estamos parados se cae.

Si las personas son dominadas por su círculo de preocupación, orbitando dentro del SNV, ¿cómo podemos fortalecer nuestra personalidad, carácter, inteligencia y competencias? El camino nos enfrenta con el aprendizaje, la adquisición de nuevas creencias, estados de ánimo y prácticas, desarrollando esas respuestas heroicas que nos saquen del escenario del trauma hacia una liberación personal. El aprendizaje liberador nos mueve a trabajar en dos escenarios, uno que nos desate de las creencias limitantes y estados de ánimo ligados a nuestra historia y, otro, de las miradas interpretativas desesperanzadoras asociadas con el futuro. Ese movimiento va de la crítica y la queja hacia la autonomía, autodirección, autoconfianza, autoestima, asertividad y afirmatividad; de esa manera podríamos actuar como un niño pequeño, sin los recuerdos esclavizantes de su pasado y sin los temores asociados con su mañana.
Movernos del quiebre o bloqueo a la acción, hacia la creación de futuros, compromete el diseño de un mapa de aprendizajes que nos lleve desde el círculo de preocupación dominado por nuestras obvias realidades, hacia la construcción de futuros promisorios dentro de nuestro fortalecido círculo de influencia.
Aprender es articular nuevas acciones, adquiriendo mejores prácticas para superar obvias realidades. El vehículo para obtener resultados útiles son las competencias, las cuales están representadas por un conjunto de conocimientos, habilidades, actitudes, valores y acciones relacionadas causalmente con el logro de resultados exitosos.
El aprendizaje para la adaptación integra energía, sinergia y simplificación en la búsqueda de mejores respuestas. Las acciones inteligentes en este aprendizaje para la acción se orientan hacia la obtención de respuestas útiles. Aprender creando resultados útiles es una forma de investigación-solución en la que desarrollamos pasión por las respuestas, con los recursos disponibles.
El aprendizaje para la adaptación es un proceso que arranca de una obvia realidad (problema, necesidad, crisis, visión de futuro), desplegándose hacia la utilización de competencias que me permitan describir, explicar, predecir y ofrecer respuestas aplicables a la situación que ha originado dicho ciclo.
Los principios del aprendizaje son:
- El sentido del aprendizaje está en su conexión con el bien ser, el bien hacer, el bien estar y el bien tener.
- Alcanzar los cuatro verbos por medio del aprendizaje, demanda trabajar nuestro sistema de creencias y estados de ánimo.
- Cambiar la mirada de posibilidades implica pasar de la crítica y queja a la articulación de futuros promisorios, operando desde nuestro círculo de influencia y no desde nuestro círculo de preocupación.
- Las crisis, necesidades apremiantes o una visión retadora, son la materia prima del aprendizaje para el cambio.
- Obtenemos solo los cambios con los que estamos comprometidos.
Las demandas del proceso son:
- Cambie su mirada negativa o reactiva por una afirmativa.
- Pase de la agresividad o permisividad a la comunicación asertiva.
- Evite posiciones sobre las vidas triunfalistas o derrotistas, centrándose en la creación de una identidad sana y fuerte.
- Salga del encuadre mental posicionándose en sus posibilidades, en vez de enfocar sus limitaciones.
- Utilice el comportamiento creativo, asocie ideas, relacione lo que habitualmente no está relacionado, manteniendo el fin en la mente.
- Simplifique al máximo hasta obtener una solución adecuada, al menor costo.
- Aprender es una elección personal que depende del uso de nuestro poder de elección. El aprendizaje producido se convierte en una nueva práctica que es responsable de nuestro desempeño.
- Los seres humanos tenemos la opción de usar nuestra libertad multidimensional para atarnos a un futuro con otros. La preparación establece límites en nuestros horizontes, posibilidades y resultados.
- Para poder vivir en un mundo cambiante tenemos que renovarnos y lo hacemos reconociendo nuestras incompetencias en los nuevos dominios del conocimiento que aparecen.
El proceso de adquirir nuevas prácticas de solución sigue cuatro etapas, estas son:
1. Inconscientemente Incompetente: es el nivel en el que no sabemos que no sabemos, caracterizado por la ceguera cognitiva (no sabe que no sabe) o la contumacia ( no sabe que no sabe y actúa como si sabe).
2. Conscientemente Incompetente, en el que nos declaramos ignorantes en un dominio determinado. Pasamos de la ignorancia al nivel de aprendiz.
3. Conscientemente Competente, en el que desarrollamos prácticas con experticia en el dominio elegido.
4. Inconscientemente Competente, es el nivel de dominio inconsciente, en el que alcanzamos los niveles de experto e innovador.
El proceso CIAPCEI para el desarrollo de competencias es un camino de cuatro etapas, tal como se demuestra a continuación.

El cuadro presenta un perfil de los comportamientos típicos en el desarrollo de competencias para la acción, el cual va del nivel Inconscientemente Competente, Conscientemente Incompetente, Conscientemente Competente al Inconscientemente Competente.
El desarrollo de competencias para la vida es un proceso de apertura al aprendizaje que demanda salir del círculo de comodidad y pasar al círculo del cambio, declarando el quiebre al reconocer nuestra necesidad de adquirir nuevas prácticas. El quiebre representa un estado de insatisfacción con la situación actual que nos incomoda, provoca crisis de abandono y promueve el deseo activo y la determinación.
El deseo activo y la determinación posibilitan entrar al círculo de incomodidad, donde se producen los cambios y la manera en que lo hacemos es similar al camino que seguimos cuando queremos aprender a manejar patines o una bicicleta, es decir, montándonos en ella y comenzando a pedalear. Es útil recordar que el tamaño de los cambios debe trazarse de acuerdo con lo que estamos en capacidad de hacer, para no correr el riesgo del que se sube en la bicicleta y se deja venir de la loma, cayéndose y renunciando a volverlo a intentar.
La apertura expresada por el deseo activo y la determinación nos facilita salir del nivel Inconscientemente Incompetente al aceptar nuestras contumacias (terquedades, ignorancias), lo que abre la posibilidad del segundo paso, el compromiso con la acción de aprender, declarándonos ignorantes, con lo que avanzamos hacia el nivel conscientemente incompetente.
Guillermo Wechsler, consultor chileno en Coaching Organizacional, sostiene que declarar ignorancia abre la posibilidad de convertirnos en aprendices, al otorgar autoridad al maestro y alcanzar el comportamiento de un principiante. Permite avanzar al nivel de desarrollo de prácticas eficaces, con lo que llegamos al nivel Conscientemente Competente, siendo capaces de realizar prácticas eficaces en el dominio de aprendizaje elegido.
La constancia de propósitos en la mejora continua nos lleva a través de la práctica al cuarto nivel del perfeccionamiento de competencias. Actuando de manera Inconscientemente Competente alcanzamos la condición del experto, siendo capaces de discriminar entre varias opciones la mejor, tal es el caso del médico especialista, capaz de discriminar de entre un conjunto de síntomas aquel que explica el problema. El nivel del innovador se alcanza al pasar de experto en un determinado dominio, a un creador de nuevas prácticas capaces de cambiar la vieja manera de hacer las cosas, siendo un pionero de paradigmas.
Los pasos antes descritos están integrados en lo que llamaremos el ciclo de la acción para el desarrollo de competencias, que se presenta a continuación:

En el gráfico se observa la obvia realidad que arranca con el nivel Inconscientemente Incompetente y el resultado útil que aterriza con el nivel Inconscientemente Competente.
En el centro se ubica el círculo de comodidad y el paso hacia el círculo de aprendizaje a través del quiebre que posibilita alcanzar el deseo activo y la determinación, para avanzar hasta el innovador, del dominio inconscientemente competente. Tal como se presentó en el esquema anterior, el camino del aprendizaje de competencias para la vida es un proceso.
Cuando el aprendizaje se relaciona con el desarrollo del potencial individual, los mapas para la acción facilitan la definición de nuestros propósitos, es así como presentamos la pirámide de autogestión del potencial.
Toda intensión por salir de nuestro círculo de preocupación tiene su contraparte, representada por fuerzas que condicionan o limitan los propósitos establecidos. En el momento que elegimos un curso de acción aparecen circunstancias que favorecen el logro de nuestros propósitos y otras que lo obstaculizan. Esas fuerzas están dentro de nosotros y en el medio. El hombre es el gestor de su propia vida, debe administrar esas fuerzas reconociendo, en primera instancia, las que están en él (fortalezas y debilidades) y luego las que le rodean (oportunidades y amenazas).
¿Dónde espera estar usted en uno, tres o cinco años? ¿Con qué recursos cuenta? ¿Cómo piensa activar las fuerzas para alcanzar sus metas? ¿De qué manera se asegurará de llegar al destino fijado? El gestor comprueba que los hechos sucedan de acuerdo con lo planeado. Pero, así como hay gerentes que administran por reacción, actuando sólo cuando surgen los problemas (al igual que un bombero), los seres humanos podemos vivir cada día actuando contra y no en favor de las circunstancias. Si nuestras condiciones materiales de vida son muy limitadas, podemos esperar que vengan otros y nos extiendan la mano, una y otra vez hasta que se aburran o se les vacíen las bolsas; por el contrario, podemos definir nuestra visión a corto, mediano y largo plazo, aprovechando los recursos disponibles y crecer.
En Sudamérica existía un puerto en el que al atardecer aparecían los pescadores con sus redes llenas, así como grupos de gaviotas buscando compartir aquellos peces más pequeños, que para los marinos no eran importantes. Un día, al cerrarse el puerto, los pescadores se alejaron del lugar y desde entonces las gaviotas se mueren de hambre. El mar sigue lleno de alimento, pero las gaviotas perdieron el poder de autogestión, o endoliderazgo, por lo que ceden todo su potencial frente a las obvias realidades y, por tanto, mueren. Este caso ilustra como toda ayuda innecesaria debilita nuestro carácter, inteligencia y competencias.
La reprogramación conductual CEM es un mapa que nos compromete con la acción a partir del aprendizaje de competencias para la vida, hacia la administración de nuestro escenario influencia-preocupación. A continuación se presenta la pirámide de gestión personal, en la que se exponen tres niveles, tipos de gestión, estilos de respuesta y rasgos deseables en quienes se esfuerzan por pasar del lamento a la renovación.

Esta pirámide representa un perfil del desarrollo humano que va de lo básico hacia los niveles superiores.
El propósito de este perfil es el de conocer la estructura de nuestro propio desarrollo personal, definir dónde están las fallas y fijar aquellas metas que elevarán nuestra calidad de vida, tanto a nivel general, como específicamente en nuestra área laboral.
En la pirámide se observan tres niveles:
El primer nivel se ubica en la base y lo denominaremos TAD, ya que presenta tres dimensiones de la gestión personal, Triunfalismo, Autenticidad y Derrotismo.
Al segundo nivel le llamaremos AGAPE y está relacionado con el área interpersonal. Ofrece tres dimensiones de la Gestión Interpersonal que son: Agresividad, Asertividad o Aserción y Permisividad.
Al tercer nivel, ubicado en la punta, le llamaremos RAN. Está relacionado con el área existencial y ofrece tres dimensiones de la Gestión Integral: Reactiva, Afirmativa y Negativa.
La Autenticidad. Aquí encontramos a un individuo que ha labrado una imagen real y positiva de sí mismo, en la que no piensa ni se siente superior o inferior que los que le rodean; por ello, es capaz de confiar en sí mismo, reconociendo con claridad sus fortalezas y limitaciones.
La autenticidad es alimentada por un conjunto de creencias y estados de ánimo apoyados en logros del pasado y en actitudes frente a la vida del tipo "Yo estoy bien y los demás están bien", reflejando auto aceptación de rasgos, como el color de su piel, su estatura, color de los ojos, tipo de nariz; así como cualquier limitación con la que naciera o que adquiera en el transcurso de su vida. Esta aceptación no es pasiva, ya que implica reconocer que hay rasgos que están con él y continuarán así, por lo que elige trasladar su energía hacia el cambio personal.
La aceptación activa va reforzando la autoestima, la cual no es más que el valor que el individuo se atribuye a sí mismo frente a sus circunstancias. El reconocer su individualidad entre tantos "unos" le permite saber que es importante, es diferente, irrepetible y que descubrir su propio valor le permitirá hacer los cambios en su personalidad que lo acercarán a su potencial. La autoestima le permitirá, entonces, adquirir la confianza de que cuando caiga, pierda o fracase se podrá levantar, volver a empezar, recuperarse y triunfar frente al rival más importante: Él mismo.
Pero no siempre el individuo mantiene una disposición hacia la autenticidad; puede perder "la sintonía" y caer en el triunfalismo, actitud adulterada, en la que aflora una seudoconfianza que lo lleva a cantar victoria antes de entrar a la cancha.
En el otro extremo encontramos al derrotista, la actitud opuesta al triunfalismo. El derrotismo sustituye la seguridad racional de la confianza por el temor de perder, el cual es tan fuerte que desactiva la energía disponible para el esfuerzo inteligente, cediéndolo todo, aún su propia autoestima, antes de siquiera iniciar el intento.
En el segundo nivel, hacia arriba, encontramos la Asertividad, rodeada de la Agresividad por un lado y la Permisividad por el otro. La asertividad, o aserción, es una competencia basada en la comunicación efectiva asociada con los resultados que busco en mi escenario público.
Recordemos que los seres humanos construimos una telaraña social que nos permite transitar entre los seres humanos a través de pedidos, promesas, ofertas, compromisos, negociaciones y reclamos, los que se expresan por medio de la palabra. La asertividad nos recuerda que el valor de la comunicación está en lo que el otro escucha, entiende y hace con lo que le digo. La persona asertiva expresa lo que piensa, siente y desea que suceda de manera efectiva, buscando entender, antes de pretender ser entendida. Esta teoría surgida en los años setenta consiste en la capacidad de defender los derechos humanos básicos propios, sin violar los derechos humanos básicos de los demás (Jakubowski-Spector).
La persona asertiva expresa sus derechos sin violar los de otros, ha aprendido a actuar con su yo adulto, pero no se niega el derecho a sentirse molesto o enojado. Controla sus emociones y se adapta positivamente a las circunstancias.
En un extremo aparece la Agresión, situación en la que una persona invade los límites de los derechos individuales de otros, actuando en forma descortés, irrespetuosa y ofensiva. Expresa emociones en forma directa, golpeando afectivamente a los demás, desplazando su malestar hacia afuera, frente al otro, enmascarándolo con coraje, rebeldía, violencia, odio y hostilidad.
En el caso del jefe, que le dice al empleado se quede a una reunión, podría este último responderle en voz alta y explosiva: "como va a creer que por su maldita reunión voy a dejar plantado a mi hijo".
En el otro extremo aparece la permisividad, que implica una falta de habilidad para mantener los límites adecuados entre los derechos propios y los del otro. Ocurre cuando permitimos que otros restrinjan nuestro margen de decisiones, ya sea por temor a que se molesten, respondan mal, etc. Esconde emociones como ansiedad, culpa, depresión, fatiga o nerviosismo.
Esta persona, al surgir un conflicto, prefiere ceder en lugar de reaccionar defendiendo sus derechos ante el desacuerdo, aunque más tarde se sienta peor. Cuando una persona accede a las exigencias de los otros sin tomar en cuenta sus necesidades e intereses legítimos es permisiva y, en vez de afrontar el problema, termina auto castigándose. En el caso del padre que prometió estar con el hijo, cuando su jefe inesperadamente lo invita a una reunión, le dice que sí, aunque pase el resto de la noche sintiéndose mal consigo mismo por engañar a su hijo.
El significado de la comunicación es la respuesta verbal y no verbal que damos a un estímulo. El valor de la comunicación no está en lo que se dice sino en lo que el otro hace al respecto.
Si observamos a un político o a un vendedor, al atender lo que dicen encontraremos elementos que se repiten, siendo el énfasis de los gestos y cambios los que convencen. La atención se centra en cómo se dicen las cosas, pero el 90% de la comunicación relevante es no verbal. Ejemplo: En Inglaterra, los actores practican 17 formas diferentes de decir No. El significado depende de como se transmite el mensaje.
No hay fracasos, solo resultados o feeback. Si uno hace mucho de lo mismo no es flexible y no funciona; lo mejor es probar con cualquier otra cosa. Un comportamiento es inteligente cuando toma en consideración el feedback y cuando la flexibilidad lleva a resultados más adaptativos, exitosos y efectivos.
La integración que asegura la autodirección de nuestra vida está en la afirmatividad. Así como existen tres elementos en los que se desarrolla la vida (agua, tierra y aire), el hombre adopta tres posturas frente a las circunstancias del diario vivir. Por un lado encontramos al negativo, convencido que nació para fracasar, buscando razones para reafirmar que él está mal y los demás bien. No tiene la dirección de su vida, cree en el destino y que para él será siempre negro. Amigo de la mala suerte, fanático de ideas y posturas como: "Yo ya soy así".
El reactivo, por su parte, muestra una actitud variable: unas veces está bien y otras mal, dependiendo de las circunstancias que le lleguen. Al igual que el negativo, no acepta el reto de tomar la dirección de su vida, la cede a las circunstancias, como la oruga procesionaria da vueltas y vueltas alrededor de la maceta, sin tener el valor de cambiar el rumbo.
Compra billetes de lotería, espera el día en que mágicamente se gane una casa, un carro, un ascenso, la persona de sus sueños, etc. Espera con ansiedad llegue el sábado, las vacaciones, el aguinaldo, un regalo de un familiar que está en el extranjero, etc. El día que por casualidad gana un premio, hecha la casa por la ventana y comienza a gastar hasta volver a la pesadilla de la rutina diaria, sin mejorar su calidad de vida.
En el trabajo se limita a la ley del mínimo esfuerzo, se acomoda a la rutina y prefiere un empleo donde tenga asegurada la jubilación, independientemente de su rendimiento. Se resiste al cambio o se acomoda por inercia, cede su iniciativa a los jefes y evade responsabilidades cuando le es posible.
Si el negativo y el reactivo se doblegan ante su guión personal o circunstancias,
La afirmatividad ofrece un enfoque del individuo frente a su vida, en el que vive con entusiasmo el presente, capitaliza los aprendizajes del pasado y se prepara para afrontar el futuro con optimismo. Reconoce que la adversidad y los problemas son la sal de la vida sin los cuales ésta no tendría sentido.
Usa sus problemas para generar metas que mantendrán motivación en su vida. Sabe que hoy puede perder su trabajo, pero confía que unos días después encontrará otro.

Algunas creencias del afirmativo son:
- Reconoce que habrá frustraciones y conflictos.
- Al igual que lo expresó Howard W. Hunter (al quedar inválido), reconoce que hay puertas que se cierran de continuo en nuestra vida.
- Ha descubierto nuevos amigos.
- Tiene la capacidad de aprender de las piedras del camino, tal como lo expresó Robert Browning Hamilton en su poema "Por el Camino":

- Toma conciencia sobre la experiencia humana del dolor, la frustración o la adversidad. Aprende a esperar, confiar o buscar nuevos caminos, sin perder de vista el horizonte escogido.
- Posee conciencia del valor de su tiempo, por ello hace un uso adecuado de éste, reconociendo que hay un momento para planear y otro para actuar; uno para trabajar y otro para descansar; uno para compartir y otro para meditar; uno para aprender y otro para trascender.
- Cree en establecer metas, definir un tiempo para alcanzarlas, convertirlas en
retos que eleven su potencial.
- Es consistente en su conducta. Se guía por principios y no por posiciones.
Para el afirmativo:
- Cuando los resultados no corresponden con nuestras expectativas, solo podemos renovarnos o resignarnos.
- Renovarnos significa retar nuestras obvias realidades al aprender, transformar y trascender en nuestro escenario personal, interpersonal y transpersonal.
- Cambiar adentro posibilita lograr en nuestro escenario público los resultados que esperamos.
- En la vida solo obtenemos los resultados para los que estamos comprometidos. El compromiso se orienta hacia un proceso de aprendizaje inteligente, renovando nuestro carácter e inteligencias, adquiriendo competencias para la vida a través de prácticas realmente efectivas.
- Un viaje de renovación hacia el protagonismo en el que pasamos por la negación y el desprendimiento. Negar nuestras recurrencias y tradiciones inocuas o improductivas que producen esterilidad de resultados, desprendiéndonos del orgullo, la contumacia del que no sabe y presume que sabe, procediendo a declararnos ignorantes y aprendices del hecho nuevo.
Tabla 2 - Perfil de la persona reactiva, negativa y afirmativa

Las personas configuramos nuestro mundo interno para responder al mundo externo y siempre lo hacemos a través de estructuras subjetivas. Normalmente, no reaccionamos directamente al estímulo externo sino a lo que nuestro mapa interno nos dice que hagamos: "caso de las fobias". Nuestras creencias forman parte de ese mapa. El medio puede variar, pero si las representaciones del mismo no varían, nuestras reacciones van a seguir.
Aun cuando el mapa no es el territorio, las personas actuamos con base en su mirada interpretativa y para cambiar primero necesitamos ver desde un nuevo ángulo de posibilidades sus circunstancias. Lo anterior demanda, como condición para acceder al mapa de un cliente, "calibrar" los datos que se manejan. ¿Qué ve el cliente? ¿Qué escucha? ¿Qué siente? ¿Qué huele? ¿Qué gusta? ¿Cómo actúan estos datos en la persona?
Los seres humanos tenemos un marco acerca de cómo es el mundo, un marco basado en sus percepciones y experiencia previa. Lo usamos para enfrentar el mundo, aquellas creencias y prácticas a las que podemos echar mano. Las miradas interpretativas develan sus patrones en la búsqueda y uso del poder (temor, inseguridad, crítica, queja, enojo, impaciencia, etc.).
Si todos actuamos, si todos reaccionamos de acuerdo con nuestras representaciones del mundo y no desde la realidad en sí, no es el mundo quien dicta nuestra felicidad o frustración, sino la versión que tenemos de este. Nuestros constructos internos como actitudes, hábitos, motivaciones, adaptaciones, neurosis y psicosis son nuestra versión del mundo, los cuales nos comprometemos en la terapia a renovar.
Imaginemos las posibilidades de cambiar asociadas con la luz. La zona de oscuridad representa la ausencia de luz, el área de preocupación es dominada por el temor incapacitante. En este escenario hay ausencia de poder. La persona es controlada por sus preocupaciones, es una zona ausente de fe, dominada por creencias paralizantes, estados de ánimo depresivos, negativos y ausencia de acción inteligente.
Un segundo escenario está representado por el área de penumbra, una zona gris a la que llega una débil luz. El área de penumbra representa la zona de duda, en la que hacemos uso del poder por medio de intentos débiles que nos mantienen en el área de control de nuestras preocupaciones. En este escenario la persona es controlada por la queja, la crítica, la indecisión y las acciones reactivas a la espera de que la suerte, la magia u otros resuelvan por el quiebre. Las personas en la zona de penumbra creen que otros deben resolver su situación, debilitándose ante ese tipo de creencia, porque cuando se hace por otros lo que ellos deben hacer por sí mismos, se les está volviendo débiles.
Un tercer escenario está representado por el área de luz, una zona iluminada, donde se identifica nuestra área de poder, la capacidad de creer para crear y construir opciones. En este escenario la acción se desplaza con fluidez hacia los resultados. Los quiebres son identificados como retos y son abordados a través de la iniciativa, la articulación de alternativas y la acción inteligente.
Un cuarto escenario está representado por el arco iris. Cuando la luz de descompone, de ella surge el espectro de colores. Este escenario representa el poder del experto y del innovador que resuelve situaciones complejas y a la vez se anticipa ante quiebres futuros, diseñando, construyendo y multiplicando soluciones.
Para trabajar los tres niveles de la pirámide de autogestión hacia el carácter afirmativo, liberándonos de nuestros quiebres, nos enfocamos en la reprogramación conductual. Un descubrimiento impresionante consiste, paradójicamente, en el hecho de que cambiando internamente podemos cambiar nuestro medio.
La conducta presenta los siguientes elementos:
- Lo que la persona piensa y cómo lo piensa.
- Lo que la persona siente y cómo lo siente.
- Aquello que la persona dice y cómo lo dice.
- Lo que la persona hace con lo que piensa, siente y dice.
- La manera que el cuerpo expresa lo que la mente piensa y siente.
Para alcanzar el cambio afortunado la primera condición está determinada por los compromisos; terapéuticamente solo logramos facilitar aquellos cambios con los que los clientes están comprometidos. Enriquecer el mundo interno posibilita enriquecer el mundo externo, cuando nos comprometemos con la acción.
Al incursionar en el mundo interior de la persona descubrimos, dentro de su versión de la realidad, lo que le es útil y lo que le intoxica. Para identificar estos elementos, al explorar el modelo interno de la persona es útil conocer sus señales de acceso a ese mundo las cuales, según la Programación NeuroLingüística, son visuales, auditivas, kinestésicas y olfatorias. Ver lo que no se ve, oir lo que no esta al oído, anticipar lo que no ha sucedido, son elementos de la intuición práctica que demanda leer la corporalidad, emocionalidad, diseño conversacional, creencias y patrones conductuales. La lectura nos mueve a enriquecer el mundo interno de la persona, al ofrecerle miradas alternativas, nuevos estados de ánimo y prácticas para disolver sus quiebres.
Ampliar el mundo de una persona es mucho más que cambiarla, es mantener lo que funciona y sumarle recursos apoyados en miradas de posibilidades capaces de ahogar la crítica y queja.
Renovar su modelo interno permite actuar con más flexibilidad, con manos libres para los cambios funcionales, comprometidos con propósitos claros. Responder a la necesidad propia y del otro requiere flexibilidad y fortaleza. Actuar llevando consigo alternativas de acción, seleccionando en cada situación la adecuada, enriquece el poder personal.
Tener más puntos de referencia abre el abanico de miradas con lo que el cambio oportuno emerge más fácilmente.
Mantener lo que funciona, restándole lo que enferma, permite multiplicar el poder de un nuevo recurso. Cuando la persona no ha sacado lo que enferma, termina diluyendo la utilidad del nuevo recurso.
Las personas escogen la mejor alternativa que tienen a disposición en un momento dado. Todos tenemos extraordinarios recursos dentro de los cuales no nos damos cuenta, a ellos podemos acceder y usarlos.
Las fases del proceso CEM son:
Explicar al cliente dinámica. Explorar estrategias inocuas.
Declaración I.I.- Identificación del problema, intensidad, PM, deshidratación, arreglos.
- Mapa del último viaje, en el que se revisan las conductas recurrentes asociadas con el problema central del cliente.
- Identificación de quiebres, preocupaciones o problema central del cliente, para lo cual pueden usarse técnicas energéticas, como la prueba muscular.
- Análisis y compresión de quiebres. La identificación de quiebres pasa por un espacio de internalización con el apoyo de meditaciones, visualizaciones y ejercicios de coaching ontológico, para enriquecer la mirada de posibilidades.
- Soltar la cuerda. Analogía en la que el cliente se compromete a romper con la mirada, emociones y prácticas que lo han mantenido anclado al problema.
- Mirar la serpiente ardiente. Analogía para reforzar la mirada de posibilidades, asociada con el estado en el que el cliente ha superado el quiebre que lo lleva a la consulta.
- Desarrollo del nuevo mapa de posibilidades, basado en el libro Un nuevo comienzo.
- Responsabilidad e impecabilidad en el cumplimiento de tareas terapéuticas del libro Un nuevo comienzo.
- Chequear inversos con PM, contradicciones (callejones sin salida, autosabotaje).
- Corregir enganche de Cook con reflejo neurolinfático.
- Meditación CEM.
- Fijar declaraciones, quiebre sanadora.
- Repetir hasta llevar a SUD a 0.
- Utilización de protocolos de terapia energéticas y de PNL.
- Cambio de escenarios usando la analogía de las 7 zambullidos o 7 repeticiones para afianzar las conductas reprogramadas.
Dejar limpia la casa y reamueblarla. Se establecen prácticas de refuerzo para llenar el espacio que ocupaban las viejas tradiciones.
Estas cuatro etapas se pueden representar de la siguiente manera:

- Calibrar:
Es probar lo que sucede en la comunicación e interacción de las persona. Escuchar y mirar puntos de comportamiento consistente (comunicación no verbal, gestos, ojos, tono, postura). Hacer pausa y comparar con intuición. Confirmar señales de interes, motivación, congruencia
- Congruencia:
Concordancia entre comunicación verbal y no verbal.
- Raport:
Establecer relaciones de confianza, lo hacen los buenos comunicadores. Un buen raport es amistoso -reflejar o hacer espejo-. Para lograr raport usamos el matching.
Matching o marcar el paso. Ajustamos nuestra conducta al ritmo del interlocutor, en lugar de forzarlo al nuestro. Es un a forma amable de establecer comunicación, encontrando a la otra persona en su propio modelo o mundo. Para hacer matching o copiar la imagen de la otra persona podemos ajustar todo el cuerpo, la mitad, el ángulo de la cabeza y hombros, expresiones faciales, gestos.
La búsqueda de mapas para la acción para disolver quiebres en sus diversas intensidades nos mueve a explorar diversos modelos terapéuticos. La reprogramación conductual CEM busca presentar una alternativa dentro de la familia de terapias que integran conceptos de desensibilización y programación.
Callahan, R (1996). Thought Field Therapy and Trauma: Treatment and teory.
Clinton, A.N (2001). Seemorg Matrix Work, Levels 1, 2 and 3, Third editions Princeton, N.J.Energy Revolution.
Covey, S. R. (1971). How to Succeed with People. Deseret Book Company.
Chauchard, P. (1971). La fatiga. Barcelona: Editorial IOKOS-TAB, S. A.
Fleming, T. (1996). Reduce traumatic stress in minutes: The taps acupressure tecnique (TAT). Work book, Torrence, CA: Tapas Fleming.
www.PsicologiaCientifica.com