
Gloria Patricia Hernández
Psicóloga
Coordinadora del equipo de asesoría psicológica de la Facultad de Psicologia de la Universidad Santo Tomás
Universidad Santo Tomás
Bogotá, Colombia
Adriana María Contreras
Investigadora en la Clínica de Nuestra Señora de la Paz
Bogotá - Colombia
Para citar este artículo:
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Herández, G. P. (1999, 10 de mayo). La red social del paciente con diagnóstico de episodio sicótico agudo como factor de rehabilitación y prevención de recaídas. Revista PsicologiaCientifica.com, 1(2). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-172-1-la-red-social-del-paciente-con-diagnostico-de-episodio-sicot.html
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RESUMEN
El presente estudio forma parte de la línea de investigación de Trastornos Severos desarrollada por el equipo de la Maestría de Psicología Clínica y de Familia. Se realizó con dos pacientes hospitalizados en la Clínica de la Paz (Bogotá, Colombia) y su red, diagnosticados con Episodio Sicótico Agudo. Se describió la dinámica de la red social como factor de rehabilitación y prevención de recaídas, teniendo en cuenta las siguientes categorías: sistemas de creencias respecto a la enfermedad mental, la rehabilitación y la prevención de recaídas; patrones de interacción, comunicación, y la red vista desde su estructura, función y vínculo. Este estudio se enmarca dentro de la investigación cualitativa y su diseño es multidimensional eco-sistémico-constructivista. Los resultados muestran cómo la red social del paciente puede llegar a potenciarse para lograr la rehabilitación del paciente, de manera que no se perpetúen los patrones relacionales que se dan al interior de los sistemas que conforman la red y que son mantenedores de la patología. Permite observar la relación que se da entre el tamaño de la red, las funciones que ésta cumple con el paciente y los vínculos que se establecen en su interior, de manera que puedan ser recursos potenciales para evitar el proceso de recaídas tan frecuente en estos pacientes. Se hace evidente la necesidad de re-significar los sistemas de creencias alrededor de la enfermedad mental para cambiar el estigma social que se tiene de estas personas, ya que tales creencias orientan el tipo de intervención que se ofrece al paciente y a sus familias. Permite ver cómo sistemas que hasta el momento no han sido tomados en cuenta en el tratamiento tienen un gran significado en las vidas de estos pacientes, tales como: algunos amigos, compañeros del contexto laboral o educativo, los cuales, en un momento dado podrían contribuir en los procesos de rehabilitación, ya que desempeñan funciones de red muy importantes para ellos. Por último, los aportes de esta investigación van encaminados también a reformular las políticas gubernamentales respecto a la salud mental, buscando construir una nueva cultura frente a la construcción de nuevas realidades.
Palabras clave: Psicosis, Esquizofrenia, Red social, Rehabilitación
Marco paradigmático de la esquizofrenia y el episodio sicótico agudo
Una de las formas de comprender la esquizofrenia es a partir de la
visión sistémica constructivista, la cual es base fundamental para esta
investigación.
A partir de este modelo, Bruno y Hernández (1983) mencionan que la
esquizofrenia es un fenómeno humano complejo que tiene componentes:
- Genéticos: que aparecen como alteraciones cromosómicas.
- Biológicos: que aparecen como alteraciones enzimáticas
confirmadas y que responden a tratamientos farmacológicos.
- De la psicología individual: manifiestos como alteraciones de todas
las funciones psíquicas.
- Del contexto familiar: identificados como patrones de interacciones
que aparecen típicos en estas familias.
- Socioculturales: en cuanto que el sentido, el tratamiento, y las
implicaciones sociales de estos trastornos varían con las creencias y los mitos
culturales acerca de la enfermedad y de las conductas desviadas de los
estándares sociales.
Todos esos componentes interactúan de acuerdo con patrones que aún no se
conocen claramente, de tal forma que no puede afirmarse con certeza de qué
manera cada uno de ellos contribuye al surgimiento y mantenimiento del
trastorno esquizofrénico.
Además, existen los estudios realizados por Selvini y cols (1990),
quienes proponen la teoría de los juegos sicóticos como una explicación
sistémica para mantener la sintomatología sicótica y la posibilidad de
descubrir al individuo.
De las redes
Elkaim (1989) desarrolla el concepto de red social (el cual será base
para esta investigación), que implica un proceso de construcción permanente
tanto individual como colectiva. Lo considera como un sistema abierto y que a
través de un intercambio dinámico entre sus integrantes, y con integrantes de
otros grupos sociales, posibilita la potenciación de los recursos que poseen.
Cada miembro de una familia, grupo o institución se enriquece por medio de las
múltiples relaciones que cada uno de los otros desarrolla, pues, como lo
manifiesta Sluzki (1990), la red social representa la sumatoria de todas las
relaciones que cuentan realmente o que son percibidas como tales por un
individuo; éste define el nicho social propio que contribuye a su
reconocimiento. La red constituye una fuente esencial para el sentimiento de
identidad, del deber ser, de la competencia, de la acción, así como las
actitudes habituales a nivel de la salud y del modo de adaptación en caso de
crisis.
Características de la red
Atneave y Ross (1982) afirman que la red social es depositaria de la
identidad y de la historia individual y es una fuente de retroalimentación y
reconocimiento social, en el sentido de que, en tales interacciones, cada
persona refleja y mantiene una imagen de sí misma, relacionada con el o los
roles que cada quien desempeña o asume en esa relación; tales relaciones se
caracterizan por ser intensas, recíprocas, valiosas, irremplazables y
mantenidas voluntariamente, pero no son exclusivas ni estrictamente esenciales
para la supervivencia; abarcan diferentes esferas de la vida social y su
utilización afectiva mejora la adaptación a la crisis. Estos autores
manifiestan que en toda red social es posible identificar atributos
estructurales, funcionales y de vínculo.
Características estructurales de la red
Tamaño o dimensión
Se refiere al número de miembros. Parece ser que las redes de mediana
dimensión son más eficaces que las pequeñas o muy grandes. Las pequeñas son
menos eficaces en las situaciones de larga duración, en donde los miembros
tienden a eludir el contacto para evitar una sobrecarga. Los factores que
modifican la dimensión de la red comprenden las migraciones o las emigraciones
(que la reducen dramáticamente, cuando ellos no se incapacitan) y el paso del
tiempo (la red social de las personas de edad se reducen por la incapacidad de
renovarlas y por causa de los duelos) (Atneave y Ross 1982; Sluzky, 1993).
Densidad
Es la conexión entre los miembros de la red, fuera del informante o
externos a él (mis amigos son también los amigos de mis amigos, mis parientes
próximos con ellos, también son íntimos entre ellos). Un nivel de densidad
mediana o moderada aumenta la eficacia del grupo, puesto que permite el
intercambio de impresiones, por ejemplo: "Ella se nota deprimida, ¿te
fijaste?". Una red de mayor densidad favorece, entre los miembros, un
deseo de conformidad -en donde se ejerce presión sobre el individuo para que se
adapte a las reglas del grupo- y si las desviaciones del individuo persisten,
es amenazado con la expulsión y, por lo tanto, se da una gran inercia y una
menor eficacia. Por último, una red de baja densidad presenta una eficacia
reducida, esto por la ausencia de un potencial de cambio (Sluzky, 1993).
Composición o distribución
Es la proporción de miembros de la red distribuidos dentro de cada
cuadrante y dentro de cada círculo. Las redes con una distribución muy
localizada son menos flexibles, menos eficaces y permiten menos opciones que
las redes con una distribución difusa. Encontramos personas para quienes la red
significativa está centrada sobre la familia, generalmente dos miembros,
ubicados en el círculo interior, mientras que el resto se encuentra en el
círculo intermedio, reflejándose la dependencia del informante con esas dos
personas y con la familia en general (Atneave y Ross, 1989; Sluzky, 1993) (Ver
Tabla No. 1)
Dispersión
Es la distancia geográfica entre los miembros, que refleja evidentemente
una red más sensible durante los cambios del individuo y afecta la rapidez o la
eficacia de la respuesta durante las situaciones de crisis.
La homogeneidad o heterogeneidad
Según la edad, el sexo, la cultura y el nivel socio-económico, con las
ventajas y los inconvenientes que ellos representan en términos de identidad,
reconocimiento de signos estresantes, activación y utilización.
Funciones de la red
- La compañía social. Designa la realización de actividades
colectivas o el simple hecho de hacerlas en compañía.
- El apoyo emocional. Representa los cambios que acompañan una
actitud emocional positiva, un clima comprensivo, de simpatía, empatía,
estimulación y apoyo. Es el tipo de funciones poco ambivalentes,
características de amistades íntimas y de las relaciones familiares cercanas.
- La guía cognitiva y los consejos. Representa las interacciones
destinadas a compartir una información personal o social, especificar las esferas
y suministrar los roles a jugar.
- La regulación social. Se refiere a
las interacciones que recuerdan y reafirman las responsabilidades y los roles,
neutralizando las desviaciones del comportamiento que se aíslan de lo común.
- La ayuda material y los servicios. Abarcan la colaboración
específica sobre la base de un conocimiento experimentado o de una ayuda
concreta que comprende los servicios de salud (realmente son un componente
importante dentro de la red de pacientes psiquiátricos crónicos).
Cada una de estas redes puede reemplazar muchas de estas funciones, por
ejemplo, puede ser que una hermana no sea una confidente de asuntos íntimos,
pero sí la compañía perfecta en la enfermedad. Puede ser la interlocutora para
las charlas ociosas mientras ordena la alcoba (compañía social y ayuda
material). Por el contrario, un amigo puede ser confidente de las intimidades,
sobre todo si sus consejos resultan ser poco normativos (apoyo emocional y
regulación social).
En circunstancias laborales, el saludo respetuoso de la recepcionista le
recuerda que usted está en un punto de vista de rol social (regulación social),
al igual que puede ayudarlo o aconsejarlo sobre el problema que usted tiene con
su carro (ayuda material), o pedirle una recomendación para otro trabajo (ayuda
material, pero en sentido inverso) (Sluzky, 1993).
Atributos de los vínculos
Cada uno de los vínculos puede ser analizado en términos de:
- Funciones principales: Son las funciones o
combinaciones que caracterizan los vínculos de manera preponderante.
- Multidimensionalidad: Es el número de las
funciones reemplazadas.
- Reciprocidad: Saber si una persona cumple con otra el mismo
tipo de funciones, o funciones equivalentes a las que esa persona cumple para
ella o no, es decir, simetría- asimetría. Por ejemplo, las relaciones padres
hijos, sin duda, no son recíprocas durante las primeras décadas de la vida
(salvo en caso de emergencia o de los hijos emparentados) pero, en la mayor
parte de los casos ellas se separan y subsecuentemente cuando los padres se
envejecen y se fragilizan, la relación se torna complementaria, no obstante, en
el otro sentido.
- Intensidad o compromiso de la relación: Es el tropismo o la
atracción (empatía entre los miembros). Es conocida como el grado de intimidad.
- Frecuencia de los contactos: Aquí conviene resaltar que entre
mayor sea la distancia, mayor es la necesidad de mantener el contacto vivo para
preservar la intensidad. Para otros, los lazos intensos pueden ser reanimados
rápidamente, sin importar que haya pasado un lapso de tiempo entre los
contactos.
Tabla No. 1 - Características estructurales funciones y cualidades de los lazos de las redes sociales

La red social en el campo de la salud mental
Mony Elkaim, citando a Desamarais y cols. (1989), señala que "el
campo de intervención en salud mental se inscribe en un marco multidimensional,
que incluye la dimensión individual, fisiológica y psicológica, la dimensión
interaccional y, por último, la ambiental, que tejen la trama de los problemas
relacionados con la psiquiatría".
Al confrontar los anteriores problemas se evidencia al paciente identificado, a
aquel que lo interviene, su medio ambiente y sus comportamientos, enmarcados en
un contexto económico-socio-político e ideológico propio de la época.
Los autores mencionados anteriormente optaron por explorar la dimensión
ambiental propia de la salud mental mediante el concepto de red, llegando a
formular un modelo de intervención que se apoya en la red primaria para
elaborar una aplicación comunitaria de la salud mental.
Desamarais y cols. (1989) dividen la red en primaria y secundaria. La primaria,
es una entidad micro-sociológica constituida por un grupo de individuos que se
comunican entre sí a partir de afinidades personales, fuera de todo contexto
institucionalizado. De otro lado, la red secundaria, la define a partir de una
tarea, institución etc. Es el conjunto de las personas reunidas a partir de una
misma función, en un marco institucionalizado, tal como un sindicato, una
cooperativa, o un club social.
Asimismo, ellos describen la red de los pacientes sicóticos con un alcance más
débil que la de los no clínicos, cuatro o cinco personas la conforman y son, en
su mayoría, miembros de la familia; los lazos son densos y frecuentemente
asimétricos (van siempre en la misma dirección).
En el mismo sentido, al comparar sujetos sicóticos con no sicóticos,
Sokolovsky y cols. (1978) han observado que los segundos tienen más lazos con
contenidos múltiples (un lazo que suma dos funciones, por ejemplo, el apoyo
social y la ayuda material) con los miembros de su red, y más relaciones
recíprocas que los primeros.
Entre los sujetos sicóticos, los que tienen relaciones menos numerosas y de
menor densidad, corren mayor riesgo de hospitalización que los no sicóticos,
cuya red es mayor y más densa.
Tolsdor (1976) observa que, en una situación de crisis, la actitud de los
pacientes psiquiátricos se diferencia de la actitud de la población en general.
La población en general tiende a solicitar ayuda y sostén a los miembros de su
red cuando la movilización individual no es suficiente; en cambio, los
psiquiátricos, utilizan su red de manera superficial: no se entregan
suficientemente como para que los miembros de su red puedan brindarles
verdadero apoyo.
Cuando el estrés proviene de la red, los sujetos no psiquiátricos tienden a
utilizar el mecanismo de retiro terapéutico más selectivamente, mientras que
los sujetos denominados psiquiátricos tienden a cortar todos los contactos
íntimos.
Retomando la dimensión ambiental, Bronfenbrenner (1987) dice que el
ambiente ecológico se concibe como un conjunto de estructuras seriadas, cada
una de las cuales cabe dentro de la siguiente. En el nivel más interno está el
entorno inmediato que contiene la persona en desarrollo; el segundo nivel va
más allá de cada entorno por separado a las relaciones que existen entre ellos,
las cuales pueden ser tan decisivas para el desarrollo como lo que sucede
dentro den un entrono determinado. El tercer nivel del ambiente ecológico nos
lleva aún más lejos, evoca la hipótesis de que el desarrollo de la persona se
ve afectado profundamente por hechos que ocurren en entornos en los que la
persona ni siquiera está presente.
Una de las unidades del nivel interno del esquema ecológico es la díada o el
sistema de dos personas. La capacidad de una díada para servir como contexto
efectivo para el desarrollo humano depende de forma crucial, de la presencia y
la participación de terceras personas, como los esposos, familiares, amigos y
vecinos. Si no hay terceros, o si desempeñan un papel destructivo más que de
apoyo, el proceso de desarrollo considerado como sistema se desintegra. Por lo
tanto, en la intervención en salud mental, el apoyo material, afectivo y de
otras clases que puede ofrecer la red, influye también sobre la evolución,
resolución y actitud de una persona ante la crisis.
De la rehabilitación y la prevención de recaídas
Sarmiento (1993) definió la estructura de rehabilitación como la
compleja organización que en un hospital, o un servicio oficial, se ocupa del
diagnóstico, tratamiento, pronóstico y secuelas de las enfermedades y
malformaciones congénitas. Esta organización es una red de relaciones,
competencias y servicios que comparten la finalidad de rehabilitar en los
usuarios las funciones afectadas.
Para lograr este objetivo la estructura, desde la visión sistémica, debe ser
armónica pero articulada y extremadamente adaptable para responder a las
necesidades de los usuarios. La estructura indica que cada operador debe
reconocer y asumir un rol definido, tomando conciencia de las relaciones que lo
ligan a los otros, de forma tal que pueda ejecutarse una intervención
armónica. La estructura de rehabilitación, sea que forme parte de un
establecimiento hospitalario o que constituya una estructura independiente
especializada, debe presentarse al usuario como una organización de finalidades
compartidas. Por lo tanto, los problemas que debe enfrentar la rehabilitación
requieren de la participación de varios profesionales. El trabajo en equipo es
la única modalidad capaz de proponer a los usuarios un proyecto que no sea
sectorial y que, por ende, satisfaga sus necesidades y le ofrezca seguridad.
Fundamentos de la rehabilitación social
La rehabilitación social es una etapa en la que las acciones se establecen con
el entorno y facilitan la integración y reintegración de la persona con el
medio familiar y social. También incluye la preparación de estas personas para
que se desarrollen en la vida social y cumplan sus obligaciones de acuerdo con
su edad y condición.
Estas acciones deben tener en cuenta al sujeto y al contexto. Por un lado, el
sujeto debe responder a las exigencias del medio y, por otro, el contexto debe
prepararse para no crear barreras que limiten o impidan la inserción de la
persona a su medio.
Consideramos que algunas de estas acciones van dirigidas a la familia. Estas
pretenden buscar un compromiso y facilitar un medio donde sea propicia la
rehabilitación, teniendo en cuenta su autonomía, sus recursos y
potencialidades, así como sus expectativas, temores y angustias. Otras apuntan
a la comunidad, donde se requiere un trabajo de coordinación y compromiso y
donde las diferentes instancias que le dan soporte e identidad asumen su
responsabilidad frente a la persona que presenta una crisis para así garantizar
su participación.
Las autoras opinan que, aunque las acciones mencionadas anteriormente
son importantes y pueden facilitar el proceso de rehabilitación, dichos procesos
deberán abarcar contextos más amplios, de manera que se haga un verdadero
trabajo de red, y para ello es necesario intervenir conjuntamente con
instituciones gubernamentales que puedan crear leyes por medio de las cuales se
propague la participación e integración social y laboral de las personas que
presentan dificultades y trastornos mentales, pues como veremos a continuación,
la familia y la red del paciente que presenta una crisis sufre un gran impacto
que debe atenderse de una manera integral.
En el momento en que se diagnostica a un paciente con EPA se causa,
inevitablemente, un impacto en la vida social de los pacientes y en las redes
sociales de sus familias. Con el tiempo, algunos de sus síntomas (problemas de
atención, delirios o paranoias) pueden inducir a los enfermos a cuestionar o
percibir equivocadamente la intención y el significado de las comunicaciones
emitidas por otros integrantes de su mundo social, como sus amigos y
familiares, evitando el contacto con estos, siendo este un proceso de doble
vía; así, las personas que integran los otros contextos debido a las
representaciones sociales que tienen del enfermo mental lo estigmatizan y lo
rechazan contribuyendo a su aislamiento.
Cuanto más se prolongue el aislamiento social tanto más tenderán a
disminuir las habilidades sociales y a la larga, las conductas extrañas se
arraigarán. Las reiteradas respuestas negativas del ambiente mantendrán aún más
las pautas disfuncionales y la necesidad de retraerse, ya que la apatía, la
falta de motivación y la disminución de sus energías deteriorarán su
funcionamiento y alejarán a los otros.
Por lo tanto, es importante conectar a estos pacientes, relativamente
inmotivados, con una variedad más amplia de contactos sociales. De tal modo, el
clínico debe trabajar sobre esto, ya que amigos, conocidos y familiares suelen
sentirse inseguros con respecto a: ¿Hasta dónde acicatear al paciente, puesto
que, directa o indirectamente, esto podría provocar un resurgimiento de los
síntomas positivos? Y ¿hasta qué punto tolerar su falta de iniciativa o
reciprocidad? Porque, conformarse con mucho menos de lo que el paciente es
capaz de lograr, mantendrá un estado deficitario, ya que el esfuerzo
exigido para ser frente a las cuestiones inherentes a la convivencia con un
paciente esquizofrénico deja a los demás integrantes de la familia sin
entusiasmo, interés, ni siquiera capacidad para emprender muchas actividades
sociales fuera del hogar.
Otro elemento que aísla a la familia de su círculo social es el temor de
dejarle solo, al igual que muy pocos amigos o miembros de la familia extensa
comprenden verdaderamente lo que significa vivir con un enfermo mental crónico.
Algunas personas, a quienes los familiares desearían recurrir en busca de ayuda
y consuelo, no están disponibles o niegan su apoyo.
Por tanto, el clínico debe tratar de facilitar al paciente y a su familia el
uso de los sistemas de apoyo existentes y el establecimiento de otros nuevos,
con miras a combatir el aislamiento de ambos (Anderson y Reiss, 1982).
La pregunta que dio origen a esta investigación fue:
¿Qué componentes de la red social del paciente con diagnóstico de Episodio
Sicótico Agudo se dinamizan y como se relacionan en el proceso de
rehabilitación y prevención de recaídas?
Como objetivos se plantearon los siguientes:
- Identificar los componentes de la red social y los patrones de interacción
que se construyen entre ellos en el proceso de rehabilitación y prevención de
recaídas del paciente con diagnóstico de Episodio Sicótico Agudo.
- Describir la red social del paciente con diagnóstico de Episodio Sicótico
Agudo, teniendo en cuenta los patrones de relación que se establecen entre los
componentes de la red, relacionándolos con su proceso psicopatológico.
- Describir cómo los marcos de referencia de los diferentes sistemas sociales
se relacionan para facilitar o no el proceso de rehabilitación del paciente con
diagnóstico de Episodio Sicótico Agudo, mostrando los vínculos que establecen
con los otros elementos de la red.
- Identificar las pautas comunicativas que se establecen entre los diferentes
contextos que integran la red social en el proceso de rehabilitación y
prevención de recaídas en el paciente diagnosticado con Episodio Sicótico
Agudo.
- Describir las características de estructura, funciones y
atributos del vínculo que cumplen los diferentes sistemas sociales que integran
la red social en el proceso de rehabilitación y prevención de recaídas en el
paciente diagnosticado con Episodio Sicótico Agudo.
Marco metodológico
Este estudio está enmarcado en la investigación cualitativa de tipo descriptivo
y pertenece a la línea de investigación de trastornos severos desarrollada por
el equipo de la Maestría en Psicología Clínica y de Familia. Como estrategia
metodológica se realizó un diseñó multidimensional eco-sistémico-constructivista.
Multidimensional, ya que se refiere a la complejidad de perspectivas, de
niveles y focos comprometidos en la comprensión de la "realidad", que
para este caso fue la red, definida por sistemas observantes, y redefinida
continuamente a partir de las necesidades humanas vitales. Es así como
convergen en cada lectura múltiples dimensiones relacionadas, como son los
componentes de la red, los factores propios de las enfermedades mentales de los
pacientes, el número de ingresos previos, los departamentos en los cuales se
ubica dentro de la clínica, como piso o UCI, por ejemplo, los culturales y
otros que serían muy extensos de referir, y que de cualquier manera están
presentes en cada caso. Multidimensional también en debido a que hizo
referencia a la complejidad de perspectivas teóricas y epistemológicas de
niveles y focos comprometidos en la comprensión de la "realidad" de
la acción profesional en el contexto asistencial, de las relaciones familiares,
laborales, construidas por todos los miembros del sistema de investigación
definidas y redefinidas continuamente a partir de las necesidades humanas y
vivenciales de todos los participantes en el desarrollo del trabajo.
Ecológico, por cuanto tiene en cuenta las relaciones seriadas entre los
diferentes sistemas-contextos en las cuales, como desde la teoría de los
fractales, desde la conceptualización sobre isomorfismo, favorecen la
comprensión de las interacciones en contextos cada vez más amplios, invitando a
ver la coreografía cultural de la concepción sobre la enfermedad mental, la
posibilidad de rehabilitación y la prevención de recaídas.
Sistémico, por cuanto la intención fue ver circularmente las
interacciones, así como acercarse a los diferentes sistemas-contextos desde
lecturas propias del enfoque sistémico, de la cibernética de segundo orden y
del paradigma de la complejidad. Diseñar los instrumentos para generar la
información a partir de los principios del paradigma, tales como formulación de
preguntas relacionales, circulares y reflexivas, considerar distintos niveles
de observación y sistemas observantes. Y, finalmente, los principios teóricos
que sustentan la concepción sobre enfermedad mental, esquizofrenia y
rehabilitación.
Constructivista, en principio por aceptar la propuesta de Milán como
guía conceptual-epistemológica. Por la posibilidad de construir escenarios en
los cuales se "sienten a dialogar los saberes" y así desarrollar
propuestas para la prevención de la recaída como una acción y compromiso de
todos los miembros de la red.
Instrumentos
Los instrumentos construidos son especialmente aptos para aprehender las
intenciones de los sujetos, así como los aspectos dinámicos, complejos y
cambiantes de la red social del paciente diagnosticado con Episodio Sicótico
Agudo. Son ellos la observación activa realizada desde diferentes niveles, las
guías de entrevista semi-estructurada: para el P. I., la familia, el equipo
terapéutico y los otros sistemas de la red, al igual que la guía de análisis
para los investigadores. La guía de observación durante la entrevista y la guía
para lo observación de documentos escritos y, por último, el mapa de red,
graficado por cada uno de los sistemas participantes.
La grabación y la trascripción de las anteriores entrevistas fue otro
instrumento para la recolección de información.
Para la creación de los instrumentos y para el análisis de la información se
tuvieron en cuenta las siguientes categorías:
- Patrones de interacción: quién hace qué - a/con quién- para qué- cómo y
cuándo.
- Sistema de creencias: con respecto a la enfermedad mental, la rehabilitación
y la prevención de recaídas.
- Comunicación: teniendo en cuenta la comunicación formal e informal, el uso de
metáforas y analogías, la congruencia entre la comunicación digital y la analógica.
- Estructura de la red: que comprende el tamaño o dimensión, la densidad,
composición o distribución, la dispersión, homogeneidad/ heterogeneidad.
- Función de la red: la cual comprende compañía social, apoyo emocional, guía
cognitiva y consejos, regulación social, ayuda material y servicios.
- Vínculo: comprende función prevaleciente, multidimensionalidad, reciprocidad,
intensidad o compromiso, frecuencia del contacto y la historia.
Resultados y discusión
Los resultados que se presentan a continuación son la información levantada a
partir de dos casos que sirvieron de fuente para reconocer cómo se organiza la
red y, a partir de ello, pensar acerca de la potenciación de la misma en la
rehabilitación y en la prevención de recaídas.
En cada uno de los casos se realizaron entrevistas con componentes de la red
activa en ese momento, como P. I., familia nuclear, familia extensa, amigos,
compañeros de trabajo o estudio, jefes inmediatos, e integrantes del equipo
terapéutico.
A partir de esta recolección se levanta la información que permite evidenciar
cómo se dan las interacciones en términos de pautas y patrones.
La descripción de la dinámica de la red social del paciente con diagnóstico de
EPA como factor de rehabilitación y prevención de recaídas se describe así:
De los dos casos en estudio se puede describir el patrón de red de la siguiente
forma. Un P. I. que presenta una dinámica relacional familiar que mantiene el
síntoma. Después de intentar diferentes alternativas de acuerdo con su sistema
de creencias y sin encontrar solución alguna, busca la hospitalización como
última opción en ese momento, con la expectativa de que allí el personal que
labora en la clínica pueda aliviar la "carga" que dichas familias han
sentido por determinado lapso de tiempo.
Cuando P. I. ingresa a la clínica, su caso es estudiado por el comité de
ingresos, donde se le asigna un médico psiquiatra profesional que mantiene un
sistema de creencias frente a la enfermedad mental, la rehabilitación y la
prevención de recaídas, que en lugar de cumplir con las expectativas de la
familia lo que hace es mantener el síntoma.
En este punto, las investigadoras dan cuenta de cómo el patrón familiar que
mantiene el síntoma se complementa y sigue siendo mantenido por el sistema de
creencias del médico tratante al negar cualquier opción posible de recuperación
para los pacientes -a menos que sea el tratamiento farmacológico, lo cual
alimenta las conductas de pasividad de los actores- mantiene las pautas
de funcionamiento y crea una cierta dependencia al contexto hospitalario.
Continuando con la descripción de esta dinámica, una vez el paciente es
hospitalizado inicia un tratamiento farmacológico cuyo objetivo es restablecer
el equilibrio biológico y nivelar los procesos bioquímicos de la enfermedad.
Los pacientes en la clínica pasan inicialmente por la unidad de cuidados
intensivos (UCI), donde la atención principal es recibida por los auxiliares de
enfermería. Esta atención consiste en suministrar la droga formulada por el
psiquiatra, brindar cuidados básicos al P. I. (higiene y, alimentación), hacer
registro de las notas de enfermería, comunicar novedades en la historia clínica
o a los otros enfermeros en el cambio de turno.
Cuando P. I. supera la crisis, es remitido a cuidados intermedios y luego a
piso. Estando allí se considera que ya está menos confuso para poder
recibir atención psicológica. Dentro de los criterios que tiene el departamento
de psicología para brindar este servicio a los pacientes están los siguientes:
no tener más de tres ingresos y no haber sido diagnosticado con Síndrome Mental
Orgánico. Aquellos pacientes que hayan superado este número de ingresos se
consideran "crónicos", y se les facilita el acceso a terapia de grupo
para iniciar procesos de socialización.
Son cuestionables los criterios anteriormente mencionados para llegar a definir
a un paciente como crónico. Acaso, ¿el hecho de tener más de tres ingresos hace
que una persona sea irrecuperable? ¿Cuál es la representación del término
"paciente psiquiátrico crónico" y cómo esta representación influye en
la relación que se puede establecer con él? ¿Cómo dicha relación complementa el
patrón disfuncional con el que viene P. I.? ¿Es que acaso una persona que haya
superado el cuarto ingreso deja de tener recursos personales para enfrentar
situaciones vitales? Y ¿qué pasa con su red y las funciones de las personas que
forman parte de ella? ¿No es esta postura "crónica" en sí
misma?
Respecto a la terapia de grupo, ¿la socialización es el único objetivo que
pueden cumplir estas sesiones? Las autoras consideran que se manejan dobles
mensajes con el paciente y con la familia, en el sentido de decir "este
es un contexto donde se puede ayudar a las personas con problemas mentales",
mensaje que es contradictorio, pues le niega la posibilidad de atención
psicoterapéutica, y se considera que "lo único por hacer con estos
pacientes es desarrollar habilidades sociales sencillas".
Con asombro se encontró un valioso intento por parte del departamento de
psicología al querer implementar nuevas estrategias de intervención, tales como
incorporar a la familia en el tratamiento, querer generar un trabajo en equipo
y, últimamente, crear una rotación por "red de redes". Sin embargo,
es incongruente la misma definición de "enfermedad mental" que aún se
maneja por parte de algunos profesionales de este departamento, tales como
"la enfermedad mental es una conducta anómala" e incluso, en
ocasiones, "aún no sé cómo definir la enfermedad mental, sin embargo
todos sabemos que es crónica y de recuperación difícil". Lo que se
observa a lo largo de este estudio es que dependiendo del sistema de creencias
alrededor de la enfermedad mental, así mismo se encaminan los procesos de
rehabilitación e intervención. De la misma manera, los profesionales, en su
afán por crear nuevas alternativas, generan disonancias cognoscitivas,
quedándose en el discurso y dejando de lado "el hacer", manteniendo
los dobles mensajes al interior del equipo terapéutico y con los pacientes, lo
que contribuye al mantenimiento de la comunicación que se da en la dinámica
familiar.
Los tipos de comunicación que se dan en esta dinámica de red son de tipo formal
e informal. La primera, manejada por medio de la historia clínica y las notas
de remisión tanto internas (entre los sistemas del contexto psiquiátrico) como
externas (del contexto hospitalario con entidades remisorias). A pesar de que
todos los miembros reconocen la historia clínica como un medio de comunicación
entre los profesionales, asimismo, admiten que muchas de las evoluciones que
ellos realizan no son leídas por la totalidad del equipo terapéutico, tanto así
que muchos médicos no tienen en cuenta algunas observaciones para determinar
una salida parcial y/o definitiva.
En el momento en que se llevó a cabo este estudio, en la revisión de los
documentos escritos también se pudo observar la no existencia de las notas
aclaratorias de cierre relacionadas con el proceso terapéutico que siguió el
paciente durante su estadía, situación que no permite la continuidad en el
tratamiento de los pacientes en caso de ser remitidos a otro médico tratante.
Esta situación se explica al entender que el objetivo "terapéutico"
que se percibe es la desaparición de la sintomatología, de ahí que lo
importante sea solo consignar en la historia clínica la medicación con la que
el paciente está siendo tratado, lo cual también es congruente con el sistema
de creencias del que ya se hizo mención.
La comunicación informal es, quizá, la que más se maneja en este contexto, pues
en la historia clínica se encuentran hojas que contienen observaciones
importantes, las cuales carecen del logotipo de la clínica, pero que cobran
validez al llevar el sello de alguna dependencia.
Entre los miembros del equipo se da este tipo de comunicación, especialmente
cuando el médico tratante, para obtener información del acudiente de los
pacientes, se remite al auxiliar de enfermería o a la información dada en los
cambios de turno, presentándose a veces el fenómeno del "teléfono
roto", descrito así por la auxiliar de enfermería, sin respetar los
marcadores de contexto para un trabajo en equipo. Tampoco existe una
comunicación clara y abierta entre los miembros del equipo para definir las
salidas parciales y/o definitivas, situación que resulta bastante incomoda,
especialmente para el departamento de psicología, pues sus miembros sienten que
su labor terapéutica queda obstaculizada ante tales decisiones de las que no
son informados previamente.
Se presentan rumores entre los miembros del equipo terapéutico respecto a la
calidad del servicio que ofrecen algunos de ellos, manejándose así agendas
ocultas sin que se llegue a niveles superiores para poder tomar correctivos. Se
observa así como entre ellos existe la dificultad de enfrentar conflictos, de
hablar abiertamente las cosas con el otro, asumiendo la posición que
manifiestan muchas de las familias de estos pacientes y es "aguantar el
que la situación se siga presentando". De esta manera, cuando el
paciente ingresa a la clínica encuentra isomórficamente las mismas pautas de
relación y de comunicación de su contexto.
Continuando con la descripción de la dinámica del patrón de red, se observa que
cuando se trata de un paciente particular, los criterios para definir salida
son: no hay dinero o la sintomatología ha desaparecido. En cambio, cuando se
trata de un paciente que es remitido por alguna entidad, en este caso por el
Instituto de Seguros Sociales, los criterios para definir la salida son:
mejoría (desaparición de síntomas) o porque lleva más de sesenta días y debe
salir así no haya mejoría, obedeciendo más a políticas administrativas (no
pagar la pensión por invalidez mental), que por políticas del mismo
tratamiento, frente a lo cual se ha encontrado una solución y es darle de alta
al P. I. y recibirlo 24 horas después en la institución, para evitar así la
continuidad en la hospitalización. Sin embargo, aquí se observan consecuencias
para el P. I. tales como que su nuevo ingreso le resta oportunidades por ser
catalogado quizá como crónico, llegando a encontrar algunos profesionales que
cuando P. I. regresa a la clínica ha empeorado su situación al haber retornado
a su ambiente familiar. Ante esta situación es importante preguntarse si: ¿El
proceso de cronificación es dado por el deterioro psicológico del paciente, o
es definido por el poder y el criterio que manejan algunas instituciones
respecto a su estadía y tratamiento?
Al ser dado de alta, al P. I. se le ofrecen diferentes alternativas de
seguimiento, en el caso del paciente remitido por el ISS, el programa sigue la
siguiente dinámica, el paciente debe acercarse a un centro ambulatorio que
tenga la especialidad de psiquiatría para seguir allí los controles, donde es
citado una o dos veces al mes, observándose que el P. I. deja de asistir a los
controles, suspende la medicación, o no recibe apoyo de su red, siendo éstos
algunos de los factores que contribuyen a las frecuentes recaídas.
Si se trata de un paciente particular, el departamento de psicología ofrece una
posibilidad de seguimiento el cual consiste en realizar llamadas telefónicas
hasta después de un mes de la salida del paciente o atenderlo por consulta
externa en la unidad médica, donde deberá ser atendido por el psicólogo
tratante, e igual se observa que P. I. deja de asistir a los controles,
contribuyendo así al proceso de recaídas.
Una tercera opción es la que ofrece el departamento de enfermería, que consiste
en hacer llamadas telefónicas para saber cómo está P. I. y si se le han
presentado dificultades en su familia. Estos contactos telefónicos son
realizados por enfermería o por trabajo social. Adicionalmente, se realiza cada
dos meses la reunión multifamiliar dirigida por trabajo social para enseñar a
la familia los síntomas de la enfermedad y las acciones a seguir antes de la
hospitalización. Por último, se realizan visitas domiciliarias.
Respecto al programa de seguimiento, es válido hacer en este momento algunos
comentarios. Como se puede observar, estos programas son opcionales para los
pacientes, lo cual implica que estos no son parte del proceso terapéutico sino
un anexo del mismo, perdiendo la seriedad y la continuidad que debieran tener.
Se podría considerar como una alternativa la oficialización del programa de seguimiento
para todos los pacientes. Si esta opción es vista como coercitiva para los
pacientes, entonces vale la pena mirar cuáles son los factores que contribuyen
a la deserción de estos del mencionado programa. Lo que se pudo ver a lo largo
de este estudio, y que está relacionado con la función de apoyo emocional que
se espera cumplan los miembros del equipo terapéutico, es que no se crea un
vínculo significativo entre estos y los pacientes, vínculo que debería estar
marcado por la cercanía, el compromiso y la frecuencia de los contactos.
Al no existir ese vínculo cuando el P. I. sale de la clínica, no se siente
motivado por seguir las recomendaciones hechas por los profesionales, entre
ellas, asistir a los controles, tomar la medicación, asistir a las reuniones
programadas por trabajo social, pues no se ha creado un sentido de identidad ni
de pertenencia con la institución, que es muy distinto a las relaciones de
dependencia que se crean en este contexto.
Respecto a la pretensión de que el paciente en consulta externa deba ser
atendido por el psicólogo tratante y, volviendo al caso de Rosalba, ¿cómo se
espera que esto suceda si nunca logró establecer contacto con el paciente?
¿Dónde está el vínculo, apoyo emocional que se supone deben establecer
los profesionales de la salud mental con sus pacientes?
Observando la dinámica comunicacional que existe entre los diferentes miembros
del equipo, cabe plantear la pregunta: ¿cómo es que entre los departamentos no
existe conocimiento acerca de los programas de seguimiento que cada uno ofrece?
¿No sería más práctico unificar esfuerzos y recurso humano para crear un
programa de seguimiento institucional, con objetivos y metas claras?
Respecto al programa de seguimiento que ofrece el Instituto de Seguro Social
(ISS), se observa claramente que los controles están más dirigidos a la
continuidad de las prescripciones médicas que a un proceso psicoterapéutico,
pues no hay un lazo creado con el nuevo tratante, siendo esta una de las
razones por las cuales tampoco hay continuidad en los controles, y por las que
se presenta la recaída.
De toda esta dinámica se puede pensar que el alto índice de recaídas está dado
no solo por que un paciente no se tome la medicación, no asista a los controles
o no siga un programa de seguimiento. La comprensión de este fenómeno debe ir
más allá, de manera que la dinámica interactiva sea más compleja. Es así como
se puede observar cómo no se realiza un proceso psicoterapéutico que logre
desenmarañar toda la trama relacional que se da al interior de estas familias,
cómo estos mismos patrones isomorficamente los encuentra el paciente en el
contexto hospitalario, a su vez, mantenidos por otras entidades que tienen
relación directa con este contexto y con el paciente, alimentados por políticas
administrativas que mantienen el patrón anteriormente descrito.
Esta dinámica relacional, al igual que los mapas de red construidos con los
participantes en esta investigación, se pueden observar en los anexos.
Conclusiones e implicaciones del estudio
Este estudio permite observar la fuerte relación que existe entre la red social
del paciente con diagnóstico de EPA y los procesos de rehabilitación y
prevención de recaídas, ya que permite tener una mirada más compleja de cómo se
mantiene la enfermedad mental, saliéndonos de la familia como único sistema que
mantiene patrones disfuncionales y abarcando sistemas más amplios, tales como
el contexto hospitalario, el sistema de amigos, el contexto educativo, el
laboral, y el sistema remisorio, viendo las relaciones que se dan entre ellos y
que en un momento dado se pueden potenciar para encontrar nuevas soluciones que
permitan enfrentar la enfermedad mental.
Lo anterior se ve claramente en la teoría propuesta por Bronfenbrenner (1987),
ya que dejamos de abarcar el microsistema para hacer una mirada al mesosistema,
pues en este estudio se trabajó con el nexo de la red y no con la matriz de red
que equivaldría a haber abarcado un exosistema. Estamos seguros que si se hace
esta aproximación nos estaremos acercando no solo a una lectura de la red
social, sino a una lectura de red de redes para la comprensión de las
realidades humanas.
Este estudio permite observar cómo algunos de los sistemas tenidos en cuenta
hasta el momento como significativos en el proceso de rehabilitación del
paciente con diagnóstico de EPA (desde el marco de referencia de las
investigadoras), tales como el médico tratante y el psicólogo, no cobran dicha
importancia en estos pacientes ni en los procesos de rehabilitación y
prevención de recaídas, mientras que sistemas como el departamento de
enfermería, algunos amigos y algunas personas significativas ubicadas en
contextos laborales y educativos pueden llegar a ser potenciados por el vínculo
que establecen con el paciente y las funciones de red que cumplen.
En la construcción del mapa general de red de nuestros actores principales, se
observa que es una red de tamaño mediano, lo que equivale a una red muy
potencial para el proceso de rehabilitación y prevención de recaídas para estos
pacientes, factor que debería ser aprovechado por el equipo terapéutico para
definir objetivos de cambio. Sin embargo, observamos que en momentos de crisis
(presencia de EPA) esta red se reduce por varias razones: la primera de ellas
es por el sistema de creencias que manejan tanto las familias como los
pacientes; segundo, porque se limita el acceso a los contactos, lo que ayuda a
reducir mucho más la red en este tipo de situaciones, observándose que las
funciones que eran cumplidas antes por otros actores de la red ahora se limitan
y no son asumidas por las personas del contexto hospitalario; los vínculos se
reducen en su intensidad, su frecuencia y únicamente a dos a tres personas que
se "encargan" de P. I. en este período. Es así como en un determinado
momento el P. I. busca reemplazar estos vínculos y estas funciones con algunos
compañeros de la clínica.
Existen sistemas de creencias diferentes respecto a la enfermedad mental, la
rehabilitación y la prevención de recaídas, que marcan el tipo de solución
buscado tanto en el contexto clínico como en los otros contextos que conforman
la red. Esto nos lleva a buscar cada vez nuevas explicaciones respecto a la
esquizofrenia, de manera que se puedan construir y redefinir los estigmas sociales
que hay alrededor de este tipo de problemática, pues si el sistemas de
creencias es más flexible, la búsqueda de soluciones es más rica y creativa y
se fortalece cada vez más la red social.
Respecto a la comunicación que se da al interior de la red, se puede observar
que ésta se da entre los miembros que mantienen un vínculo bastante cargado de
afectividad, favorecido por una alta frecuencia en los contactos, mientras que
no se da ningún tipo de comunicación entre los miembros ubicados en cuadrantes
diferentes (es decir, entre la familia y las personas de un contexto laboral, o
entre las personas de un contexto educativo y las personas del contexto
hospitalario, por ejemplo), ya que no hay interés por establecer un puente
comunicacional entre estas personas, lo que más adelante podría traducirse en
realizar una intervención en red.
No existe una comunicación clara y abierta entre los sistemas que conforman el
contexto hospitalario, llegándose a desconocer el trabajo que se realiza en
cada uno de ellos, lo que a veces ha implicado repetir esfuerzos en lugar de
unificarlos, para mejorar la calidad del servicio y de atención que se presta
al paciente y a sus familias, llegándose a percibir muchas veces como ruedas
sueltas dentro de la institución.
Cada uno de los profesionales que conforman el equipo terapéutico maneja una
concepción diferente de lo que puede ser este tipo de trabajo; se presumen
cuáles deben ser las funciones de este equipo, pero no hay un consenso al
respecto. Algunas de estas concepciones están orientadas a pensar que el
trabajo en equipo equivale al trabajo en red o es la misma red.
Realmente, no se realiza un trabajo en equipo, existe una sana intensión por
realizarlo, pero dista mucho de la realidad que se está viviendo en la
institución. Esta idea surge más del departamento de Psicología y de otros
profesionales que de los médicos tratantes, quienes no asumen un compromiso
claro frente a esta propuesta. Si bien es cierto, reconocemos las dificultades
de la falta de recurso humano para atender a todos los pacientes, también
consideramos que con el personal que existe allí se pueden redimensionar y
aprovechar sus múltiples potencialidades para la intervención y el cambio.
Por más que se intervenga en familia se sigue pensando que no tiene sentido
leer la enfermedad mental desde otra óptica, lo cual se relaciona con lo que
piensan los psiquiatras, quienes consideran la rehabilitación y la prevención
de recaídas como una utopía.
A pesar del gran espacio que ha ganado el Departamento de Psicología en esta
institución, el rol del psicólogo para el psiquiatra sigue siendo el de
evaluador y aplicador de pruebas, que en un momento dado apoya el trabajo del
médico tratante, viéndose limitados los alcances que los psicólogos pueden tener
en estos contextos ya que la definición de enfermedad mental que manejan abre
más el abanico de posibilidades para el paciente y sus familias.
Es importante resaltar cómo cada una de las personas que realizaba un mapa de
red tenía una representación de la familia del P. I. y como todos en algún
momento la evocaban, así los profesionales encargados del caso no la tuvieran
en cuenta para su intervención. Al comprender las funciones que desempeñan y
los vínculos que establecen las personas en la red de relaciones de un
paciente, se hace más claro el tipo de intervención que se puede brindar.
El microsistema en el cual se desarrolla el paciente ha generado patrones que
mantienen el síntoma, los cuales se perpetúan en el tiempo y encuentran eco en
el mesosistema, donde se complementan, se mantienen mutuamente en un procesos
de repercusión permanente, negando así las posibilidades de cambio.
En la descripción de esta dinámica de red es importante identificar y reconocer
la historia de la organización "Clínica de la Paz" sobre el
tratamiento del Episodio Sicótico Agudo y las familias, al igual que es
importante a partir de esta trayectoria comenzar a co-crear una historia nueva,
re-significando la red de los psiquiatras y asistentes del tratamiento con las conexiones
de la historia de dicha organización y de quienes las consultan.
De la red del paciente es importante destacar algunos sistemas que se pueden
potenciar en el proceso de rehabilitación y que hasta el momento no han sido
tenidos en cuenta en el tratamiento con estos pacientes, como lo son algunos
amigos significativos, personas del contexto laboral, educativo, la iglesia y
otros que han marcado la historia personal del paciente y pasan a ser
significativas por las funciones de red que cumplen con los pacientes.
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