
Valentín González Calvo
Trabajador Social. Licenciado en Sociología
Mg. Orientación Familiar
Profesor de la Universidad Pablo de Olavide
Sevilla, España
Para citar este artículo:
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González Calvo, V. (2006, 10 de octubre). El duelo migratorio. Revista PsicologiaCientifica.com, 8(26). Disponible en:
http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-132-1-el-duelo-migratorio.html
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Trabajo publicado originalmente en Revista Trabajo Social N° 7, Bogotá-Colombia 2005 pag 77 a la 97, Revista del Departamento de Trabajo Social, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia.
"Deseo y anhelo continuamente irme a mi casa y ver lucir el día de mi vuelta"
Ulises, en La Odisea
RESUMEN
La inmigración conlleva una enorme cantidad de pérdidas. No siempre se analiza el fenómeno de la inmigración desde una perspectiva individual, centrándose especialmente en la persona, en los sufrimientos que comporta dejar el país de origen e intentar integrarse en un país de acogida en ocasiones poco hospitalario. El presente artículo pretende analizar este fenómeno desde la perspectiva del duelo, el llamado "duelo migratorio". Se pretende exponer la enorme complejidad del proceso de elaboración y los riesgos de cronicidad que este tipo de duelo comporta. Junto con los aportes teóricos de distintos autores se apuntan secuencias de narrativas de los propios inmigrantes.
Uno de los objetivos que pretende este documento es sensibilizar a los profesionales que intervienen con inmigrantes al objeto de una mayor compresión del proceso y de las reacciones que en él se dan.
Palabras clave: Pérdida, Duelo, Migración, Fases, Elaboración, Recurrencia, Cronicidad, Estrés, Dolor.
Introducción
El presente artículo intenta abordar el fenómeno de la inmigración desde una perspectiva micro social. En el acercamiento a los movimientos migratorios, se observa que éstos han sido ampliamente estudiados desde miradas muy distintas: economía, demografía, derecho, estadística, empleo pero, pocas veces, se contempla en concreto al ser individual, a la persona. No siempre se tienen en cuenta los sufrimientos, los temores, las pérdidas de cada ser como ente individual. El acercamiento a la realidad del inmigrante, desde el fenómeno del duelo migratorio, pretende hacer visible los avatares de la persona en su proceso de adaptación, de integración de lo nuevo que se adopta y de lo dejado atrás.
Este documento se inserta en el marco del estudio de las distintas modalidades de duelo que quien suscribe, lleva a cabo desde hace algunos años desde el ámbito profesional del Trabajo Social. En el contacto con personas que han sufrido pérdidas significativas y en el estudio de las distintas aportaciones teóricas sobre el duelo, he podido aprender lo difícil y complejo de este proceso de elaboración al cual estamos sometidos todos los seres humanos.
En la realidad española apenas hay estudios sobre este fenómeno que presenten datos concluyentes que inspiren, a su vez, el diseño de planes de acción y la puesta en marcha de servicios especializados (o sensibilizados) hacia este complejo proceso. Vale la pena destacar, especialmente, las aportaciones de Joseba Achotegui médico-psiquiatra del SAPPIR (Servicio de Atención Psicopatológica y Psicosocial a Inmigrantes y Refugiados); algunas de sus reflexiones están contenidas en este trabajo.
Los contenidos que a continuación se exponen se han estructurado en dos partes: la primera aborda de manera sintética los aspectos generales de los duelos. La segunda, presenta las características del duelo migratorio, acompañadas éstas de narrativas de personas inmigrantes de distintos países de América Latina que han sufrido o sufren este tipo de duelo (1). Por último, al final del trabajo se extraen conclusiones y propuestas de intervención. El interés en hablar de dos situaciones de duelos distintos estriba en la posibilidad de establecer una comparación entre ambas, resaltar, sobre todo, la enorme complejidad del duelo migratorio y sus dificultades de elaboración.
"Es difícil salir de esto, tienes tu pasado, tu país, tu familia... y eso no puedes cambiarlo por nada, por más dinero que tengas aquí, no puedes cambiarlo por nada" (Inmigrante colombiana).
"Yo me he encontrado algo diferente de lo que esperaba, lamentablemente hay mentiras de los amigos, no es lo que esperabas..." (Inmigrante ecuatoriana).
"El viaje fue muy triste. Conseguí una habitación con tres más, pero estuve los primeros cuatro días sin comer, no tenía para comer, triste por dejar mi familia" (Inmigrante ecuatoriana).
"Fue muy duro, más de lo que me habían contado, me sentía vacía, no tenía a nadie" (Inmigrante ecuatoriana).
"A Madrid llegamos todos juntos, pero cuando llegamos a Andalucía nos pusieron a cada uno en un lado diferente" (Inmigrante peruana).
"Cuando comenzó ese boom que la gente salía y era bonito que algún amigo tenia la suerte de ir a otro país. Me imaginaba que esto era el paraíso, y que sólo venía la gente con un estatus social alto, o que cuando venías para acá era como te tocaba la lotería. Dentro de esas situaciones tuve la experiencia de que mi madre estaba por aquí (ya estaba como inmigrante en España), y cuando mi madre me comentaba cómo era la situación, la visualizaba, pero no me podía imaginar cómo, especialmente cuando la miré y percibí en mis propias carnes, la pude ver..." (Inmigrante ecuatoriana).
"Lo que más veo es la discriminación, me chocó. No nos toman como a personas, creen que venimos de la selva, siempre nos aíslan, donde no conocemos nada, me dolió mucho, mucho" (Inmigrante ecuatoriano).
"Donde estoy trabajando les dije que somos iguales, que yo soy morena y que tú eres blanca" (Inmigrante dominicana).
Transcurridos los primeros momentos de la novedad, y luego de observar lo distinto del país receptor (un tiempo variable) aparece la nostalgia, generalmente acompañada de tristeza, llanto, cambios de humor, sentimientos de culpa, ideas de muerte, somatizaciones y desórdenes psíquicos varios. El proceso migratorio es un cambio muy drástico. Todos los cambios están llenos de ganancias y pérdidas, de riesgos y beneficios. Integrar las pérdidas requiere un proceso de reorganización interna. Este proceso de reorganización (duelo) no se resuelve sólo con un buen trabajo y una situación legal estable. Sin duda, si los beneficios superan las pérdidas, el duelo resulta menos dificultoso, por cuanto el individuo se inclina a sopesar y reduce sus sufrimientos con aquello que está logrando (Achotegui, 2002).
"Los primeros momentos, todo era nuevo, donde estaba estudiando era bonito, tantos monumentos, ver tanta tradición, de repente veía mucha actividad... A mi me dijeron lo de la crisis de los seis meses. Me preguntaba: ¿qué estoy haciendo acá?, ¿para qué he venido?, ¿para qué estoy aquí? (Inmigrante peruana).
"Cuando me entra la pena, cuando me da el bajón, pienso en lo que he logrado y eso me anima" (Inmigrante chileno).
Se han descrito una serie de etapas que conlleva el proceso migratorio. Siguiendo a Sluzki (1979) señalamos las siguientes: etapa preparatoria, momento de la migración, período de asentamiento e integración, que incluyen la sobre compensación (momentos de aparente adaptación) y descompensación (momentos de crisis o desadaptación) y, finalmente, fenómenos transgeneracionales. Por su parte, Tizón (1993:59) apunta otra clasificación muy afín: preparación de la migración, momento o período de la migración, período de asentamiento, seguido de una adaptación para poder llegar a la integración.
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(1) Se han empleado grupos de discusión, entrevistas en profundidad e historias de vida para recoger la sensibilidad y las narrativas de personas inmigrantes (Colombia, Bolivia, Venezuela, República Dominicana, Perú, Ecuador, Chile) afincadas en la ciudad de Sevilla (España). Dichos discursos se han seleccionado e integrado en el texto junto a las características de duelo migratorio descritas por Achotegui (2002, 2003); Boss (2001); Tizón (1993) y Falicov (1999). El presente trabajo es parte extractada de un trabajo mayor en proceso de elaboración que pretende recoger "la narrativa de la personas inmigrantes en su proceso de elaboración del duelo migratorio".
(2) La palabra "nostalgia" procede del griego "algia" provocadas por la necesidad insatisfecha de retornos "nostos". Aunque ahora identificamos la nostalgia con sentimiento más o menos enternecedor y difuso, que abarca por igual la tierra perdida como el tiempo dejado atrás, en principio se empleo para designar toda una dolencia.
Bowlby (1983:31) lo define como el "proceso psicológico que se pone en marcha debido a la pérdida de una persona amada". Pangrazzi (1993), por su parte, hace el aporte de clasificar las distintas variedades de pérdidas que se pueden tener, y las clasifica en cinco grupos: pérdidas de personas significativas, pérdidas de aspectos de sí mismo, pérdidas de objetos externos, pérdidas ligadas con el desarrollo, pérdidas de objetos, de ideales, de ilusiones. Se puede decir, con toda certeza, que cada pérdida supone un duelo y que la intensidad del duelo no dependerá de la naturaleza del objeto-sujeto perdido, sino del significado, del valor que se le atribuye, es decir, de la inversión afectiva que se ha tenido en el objeto-persona que se ha perdido. A mayor apego, mayor dolor.
Las pérdidas por muerte (4) de un ser querido son de las que más crisis generan; según la clasificación de Holmes y Rahe (1972) puntúan con cien si se trata del cónyuge, sesenta y tres si es un pariente próximo y treinta y siete si es un amigo íntimo. El proceso de elaboración de este duelo es más lento y durante todo el proceso se vivencia un alto nivel de sufrimiento.
El duelo conlleva dos tipos de afrontamientos: un afrontamiento emocional y un afrontamiento racional. Es el primero el más difícil y el que más largo tiempo necesita; el segundo resulta más accesible transcurridos los primeros momentos de la pérdida. En el caso de duelo por muerte supone la crisis propia de la pérdida, el sufrimiento que comporta el tener que reconocer y aceptar que la persona fallecida ya no está y además, que no va a volver. Pero además, requiere el tener que afrontar el nuevo equilibrio que esta desaparición comporta y que implica un cambio en la estructura familiar.
Varias son las fases o etapas del duelo, no hay acuerdo al respecto de su denominación, pero nos quedaremos con las que mencionan algunos clásicos. Así, la doctora Klüber-Ross (2000) (5) habla de las fases de negación, rabia, negociación, depresión y aceptación. Por su parte, Bowlby (1993) señala las etapas de estupefacción o shock, tristeza y dolor intenso, negociación y búsqueda, ocultamiento y enfado, depresión-soledad y resolución. Worden (1997) señala que hay que desarrollar las siguientes tareas para la elaboración de un duelo: aceptar la realidad de la pérdida, sentir el dolor de la pérdida, adaptarse al medio en el que el fallecido está ausente, recolocar emocionalmente al fallecido.
El tránsito por estas fases/etapas/tareas no es lineal sino que hay movimientos hacia adelante y hacia atrás, progresiones y regresiones, a lo que Montoya Carrasquilla (2004) denomina "la montaña rusa" en el duelo; es decir, momentos buenos y malos, apareciendo con frecuencia, especialmente en las fases iniciales e intermedias de este proceso las llamadas "oleadas de angustia" o "espasmos" que son momentos de aflicción aguda coincidentes con recuerdos, evocaciones, fechas significativas.
No siempre el proceso de afrontamiento se lleva a cabo por igual en todas las personas, en algunos casos se dan situaciones especiales que hay que considerar; son este tipo de casos los que más ayuda precisan. Hay distintas clasificaciones del duelo: Duelo Normal: aquel que transita por las distintas etapas sin quedarse bloqueado en ninguna especialmente, que se lleva en un período de tiempo que discurre entre uno y dos años. Duelo Crónico: sostenimiento del dolor en forma de sufrimiento, con fuerte sentimiento de desesperación, unido a la incapacidad de rehacer su vida. Duelo Congelado: también llamado, inhibido, ausente, enmascarado, evitado, reprimido. Constituye una dificultad para desarrollo afectivo, dificultad para la expresión de las emociones, inhibición. Duelo Exagerado: una exagerada prolongación del duelo. Duelo Retardado: también diferido, aplazado; frecuente ante pérdidas inesperadas, supone una inhibición inicial, una prolongación de la negación que al tiempo puede responder de manera exagerada. Duelo Anticipatorio: elaboración anticipada del dolor por una pérdida previsible; es un proceso de desapego emotivo que puede favorecer el duelo posterior y que permite, en muchos casos, vivir las relaciones de manera más auténtica en los últimos momentos.
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(3) Entiéndase por objeto: persona, cosa, lugar, parte de si mismo, animal...
(4) Hablamos del duelo por muerte por ser uno de los fenómenos más estudiados, aunque coincidimos con Celia Falicov (2001) cuando señala que comparar las pérdidas del inmigrante con la muerte no es del todo acertado.
(5) Modelo Fásico.
2º Parte: El duelo migratorio. Características
Brink y Saunders describieron ya, en 1977, unas etapas del proceso migratorio que reflejan perfectamente las secuencias que se desarrollan en el proceso migratorio. Estas etapas tienen como fondo la elaboración del duelo y la adaptación/integración -si finalmente éste se culmina con éxito- o la disfunción y/o patología, si éste se estanca. Describen cuatro etapas: la etapa de "luna de miel", la etapa "depresiva", la etapa de "adaptación" y la etapa de rechazo de la cultura original. A continuación se explica cada una.
Etapa de Luna de Miel. las expectativas son muy elevadas, la intención de mejorar las condiciones de vida, el éxito. Cuando éstas no se cumplen son fuente de frustración, desánimo y resentimiento.
Algunas características de duelo migratorio
Siguiendo especialmente a Achotegui (2002), Tizón (1993), Valladares (2004) y a Falicov (1999,2002) a continuación se enumeran algunas características que presentan los duelos migratorios. Como aspectos específicos cabe destacar los siguientes:
1. Es un duelo parcial, recurrente y múltiple.
Es un duelo múltiple, se pierden muchas cosas a la vez, todas valiosas, importantes, significativas:
a. El duelo por la familia y los amigos: Este duelo comprende la separación de la familia: hijos pequeños, padres mayores, hermanos, familia extensa, además de los amigos y de las relaciones íntimas. Supone una pérdida de la red familiar. Hay que destacar que este proceso no es de pérdida total, por cuanto una de las tendencias más frecuentes es al "reagrupamiento". En cualquier caso, el reagrupamiento no puede ser completo y en muchos casos éste no se llega a dar ni en una mínima parte. "No puedo dejar de pensar en mi padre y en mi madre, ellos son mayores. Mi cuñada tiene a mis dos hijos, yo aquí tengo a dos más. Ahora lloro menos, pero al principio lloraba y lloraba todas las noches"; " Me angustio pensando en mis hijos, ellos están creciendo sin mi"; "El nexo con amigos, el utilizar los mismos códigos, hecho de menos el hablar de cuando teníamos quince años e íbamos al colegio y caminábamos por la playa y nos íbamos a tomar tragos"; "Recordar a los amigos, haber crecido juntos"; "Mi hijo mayor quedó de once años y medio, la niña, de siete; es muy duro cuando hablo con ellos, mi hija me dice que cuándo voy a volver... y entonces lloro, lloro mucho" (Inmigrante ecuatoriana). "Pienso que la tierra da la felicidad, aquí no me siento como en mi tierra. Para mi, mi sueño es estar con mi familia" (Inmigrante boliviana).
b. El duelo por la lengua: La pérdida del idioma, o lengua materna, para el uso cotidiano en la mayoría de los contextos, hace difícil la expresión de los aspectos íntimos. El aprendizaje de la nueva lengua no conlleva la incorporación de claves y códigos que permitan la expresión de lo que cada cual lleva dentro. "He aprendido el español, sin embargo, cuando hablo con mi familia recupero mi acento, ellos me lo notan; mis sobrinos dicen que hablo diferente" (Inmigrante venezolana). "He perdido el compartir conceptos, pequeños códigos, mis palabras" (Inmigrante chileno).
c. El duelo por la cultura: Se siente una pérdida por aquellos hábitos, valores, formas de vida propios de la cultura de procedencia. Se intenta revivir día a día esas costumbres y usos. Desde el tipo de comidas que se cocinan, el tipo de indumentarias que se visten, los colores con los que se pintan las paredes. "Me cuesta acostumbrarme a las comidas, a la movilidad, a encontrar trabajo..."; "con la comida, casi me he ido acostumbrando, pero piensas en la comida de allá... aquí no se encuentra". (inmigrante colombiana).
d. El duelo por la tierra: Este tipo de duelo entiende la "tierra" en sentido amplio: los paisajes, los colores, los olores, la luminosidad. Cuando una persona no quiere estar en un lugar tiende a magnificar los aspectos negativos de ese lugar y lo vive como asfixiante y agobiante (7) . "Me falta la presencia de las montañas de Bogotá, no sé, estoy como desorientado, eso de mirar al horizonte y no ver nada..." (Inmigrante colombiana); "Cómo me gustaría ahora fumarme un pitillo con un flaco en la playa de Valparaíso" (Inmigrante chileno); "Lo que más me cuesta afrontar es la tierra, la tierra, la tierra (con emoción). Esa sensación de tener el mar cerca, esa sensación... poder ir a caminar a la playa tranquilamente. No se aquí vas al parque, pero tienes que tener mucho cuidado porque te andan afanando" (Inmigrante chileno); "Ver esos colores... ese sentimiento de tierra lo echo de menos todos los días" (Inmigrante dominicana).
f. El duelo por el contacto con el grupo étnico: Nuestra mayor seguridad la obtenemos en el encuentro con nuestro grupo de pertenencia, donde nos identifican y reconocen. Sin embargo, la confluencia de la distancia de lo nuestro y posibles situaciones de rechazo y aislamiento hacen más patente esa pérdida. "Mis patrones cotidianos están bastante presentes, mis relaciones sociales con gente de mi país de origen están bastante presentes en mi vida. El hecho de que colabore con una asociación de ecuatorianos... y aunque la verdad me digo no tengo que relacionarme con gente de Ecuador porque he tenido malas experiencias, pero no sé, es como algo de mi, parte de mi sangre me llama hablar y a decir cosas del país. Una añoranza bastante grande" (Inmigrante ecuatoriana).
g. El duelo por los riesgos físicos: "Una cuñada me iba a recibir, pero no me recibió, me quedé en la calle por varios días, con las maletas; no teníamos nada, pase miedo, mucho miedo en Madrid" (Inmigrante ecuatoriana). Los riesgos del viaje, las amenazas para la salud y para la integridad física hacen vivir de manera muy intensa la inseguridad. En muchos casos los riesgos presentes no son tan elevados como los dejados atrás, especialmente en aquellos casos en los que el abandono del país de origen viene de la mano de la amenaza bélica.
h. El duelo por la pérdida del proyecto migratorio: Algunas personas vienen con un plan más o menos trazado de lo que pretenden hacer, lo que desean conseguir, lo que quieren alcanzar para sí y para su familia. Otras, en cambio, vienen con unas expectativas poco realistas o con información deficiente. El no poder llegar a conseguir los objetivos por los cuales emprendieron el viaje es un factor desestabilizador, a la vez que estresante y que lleno de culpas.
g. El duelo por no poder regresar: El sentimiento y el deseo de volver siempre está, no se abandona nunca. Para el inmigrante, por motivos económicos (8), si las condiciones económicas y administrativas lo permiten, es posible regresar en algún momento, aunque sea para visitar a los seres queridos; sin embargo, esa visita momentánea no siempre satisface el deseo de volver (en algunos casos ese reencuentro y la nueva marcha se vive como otra verdadera pérdida, y un reinicio del duelo).
Es posible que el inmigrante vaya desarrollando su proyecto migratorio. Los logros, los éxitos parciales resultan reconfortantes, no obstante, en ocasiones producen emociones contradictorias: alegría-tristeza; logros-desesperanza; ausencia-presencia; esto favorece el llamado duelo perpetuo (Falicov, 2002). El inmigrante vive o sobrevive entre la adhesión y la resistencia hacia el país de acogida. Asimismo, es frecuente que al país de origen lo idealice o bien sienta rabia por haber tenido que marchar, por no ofrecerle las condiciones necesarias para su supervivencia. La ambivalencia entre el origen y el destino puede ser continua; ésta puede estar presidida por emociones diversas: frustración, añoranza, enfado, deseo.
Achotegui (2002: 17) señala: "es frecuente que esta expresión de ambivalencia se haga muy patente en la siguiente forma: cuando se está en el país de acogida se elogia desmesuradamente el país de origen; y cuando se está en el país de origen, se elogia desmesuradamente el país de acogida". Terminan sintiéndose mal en todas partes. Un caso extremo de ambivalencia, es la "depresión del éxito": hace referencia a dos tipos de sentimientos de culpa que se pueden dar en el caso de que la migración resulte exitosa: cuando se comparan las ganancias de la migración sabiendo lo que se ha dejado atrás, y cuando se tienen importantes ganancias de la migración, pese a despreciar el país de acogida.
3. El duelo migratorio es transgeneracional
Pauline Boss (2001:15) señala, en su libro La pérdida ambigua, cómo la nostalgia por los seres queridos se transformó en una parte central de "mi cultura familiar". Nunca supe muy bien quién formaba parte de la familia, o dónde estaba realmente mi hogar: ¿en el viejo país o en el nuevo? ¿Eran de verdad mi familia esas personas a las que nunca había llegado a ver o encontrar? "Nunca llegaron a superar la pérdida de esos familiares queridos y, en consecuencia, los que vivíamos con ellos también experimentábamos la ambigüedad de la ausencia y la presencia".
Muchos hijos de los inmigrantes tienen la sensación de estar atrapados en un callejón sin salida. De una parte, han nacido o se han criado en el país de acogida y de otra, han interiorizado fuertemente la cultura de los padres del país de origen. No se sienten completamente ni de aquí, ni de allí. La inclusión no es completa en el país de acogida, sin embargo, tampoco lo es en el país de origen. Cuando se viaja a ver a la familia extensa, se siente que no es como el resto de familiares, ni tampoco como los nativos del país de acogida.
Otro factor importante es la transmisión generacional de los estilos de afrontamiento, las conductas y mecanismos de defensa ante el duelo. Los padres llevan a cabo una serie de conductas de adaptación ante las nuevas circunstancias y un proceso de elaboración de lo que han dejado atrás; pero estos procesos no quedan sólo en las figuras parentales o en los adultos de la familia, son transmitidas e influyen y moldean la personalidad de los niños mediante las identificaciones que éstos realizan con las figuras parentales. En términos generales, se podría decir que como los padres/madres elaboren sus duelos, así los hijos/as aprenden en parte a elaborar los suyos. La forma en que elaboran el duelo los progenitores ejerce una profunda influencia sobre las siguientes generaciones.
Un factor que puede ayudar a las siguientes generaciones para el proceso de elaboración radica en los vínculos y las redes que se establezcan en el país de acogida. De otra parte, la posibilidad de expresar las vivencias que se tiene, acceder a servicios de ayuda sin el temor que podían sentir la primera generación, sobre todo si no se tiene el tema administrativo resuelto.
4. El segundo duelo migratorio: el retorno
El regreso del inmigrante, ya sea temporal o definitivamente, es una "nueva migración". Tras años, en muchos casos, décadas fuera del país de origen, se han producido muchos cambios, cambios en el entorno, en las gentes y en la propia persona del inmigrante retornado, ya no es el mismo, nada es lo mismo.
Se está ante un proceso de cambio. Se han dejando atrás, en el país de acogida, personas, vínculos, vivencias. Esta situación se torna más dificultosa cuanto más apego se haya generado, y también cuanto más difícil haya sido la elaboración del duelo migratorio inicial. El estilo de afrontamiento se repite; cuanto más ambivalencias, cuantas más defensas se utilizan (negación, idealización, etc.), más complicado es el regreso.
5. El duelo migratorio no solo lo sufre quien emigra, sino también los que se quedan
Si la inmigración tiene repercusiones para quien emigra, evidentemente, para quien recibe también supone cambios que es necesario integrar (no siempre por desgracia esto ocurre). Finalmente, también afecta a los que se quedan en el país de origen. Estos últimos notan la ausencia de quién se marchó, viven la separación de manera dolorosa. La comunicación intermitente reaviva el dolor. La fantasía del regreso, del reencuentro, del reagrupamiento aviva y prolonga los duelos. Entre tanto pasan los años y los hijos que han quedado atrás, los padres cada vez más mayores.
6. El duelo migratorio afecta a la identidad
Todos los duelos generan cambios en la identidad del sujeto. Si el duelo se elabora correctamente la persona crece, se enriquece, incorporando un gran repertorio de habilidades, recursos y vivencias que le ayudan para cuando se presenten nuevos duelos. Además estos aprendizajes le sirven para conectar con otras personas en duelo y poder orientarles o al menos saber comprenderlas.
"Soy otra, cuando voy a mi casa, dicen que soy otra". (Inmigrante ecuatoriana)
"Yo soy más maduro, tengo más experiencia, más conocimiento" (Inmigrante chileno).
"Yo digo que los inmigrantes somos -exiliados económicos-" (Iinmigrante argentino).
7. El duelo migratorio conlleva regresiones psicológicas
Entendemos por regresión el mecanismo generado por el bloqueo que supone afrontar situaciones complejas para las cuales el individuo no tiene respuestas ni recursos. Mediante este mecanismo se regresa a etapas precedentes donde el afrontamiento si fue eficaz. En el proceso migratorio se está sometido a un sin fin de cambios y adaptaciones. Es frecuente sentirse abrumado e inseguro. Las conductas regresivas expresan una búsqueda de apoyo y ayuda.
Las conductas regresivas más frecuentes son: Conductas de dependencia y comportamiento sumiso y conductas de queja y protesta infantil ante situaciones de frustración y dolor. Es frecuente que esta queja y protesta se dirija a quienes mejor tratan al inmigrante, lo cual es muy desconcertante para los profesionales. La queja se manifiesta allá donde puede ser contenida. Estas regresiones no se deben confundir con incapacidad o debilidad, sino como reacción a una fuerte presión, tensión y estrés ambiental. La falta de apoyo familiar, la pobreza en la red social favorece la aparición de estas regresiones (Achotegui, 2002). En muchos casos, las regresiones a los rituales y costumbres vividas en la infancia, pero que se han dejado de practicar de adultos, se vuelve a recuperar cuando se produce el "retorno"; se practican fiestas y tradiciones colectivas que ayudan al establecimiento del vínculo y adquirir más seguridad.
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(6) Riesgos psicopatológicos y sanitarios.
(7) Achotegui, 2003:11.
(8) Más complicado lo tienen las personas que se ven obligadas a desplazarse por motivos de guerras, violencia, persecución.
Predictores y expresiones sintomáticas del duelo migratorio
a. La fatiga, el cansancio, falta de fuerza o incapacidad para seguir adelante. Cuando la persona no es capaz de enfrentar las nuevas situaciones y elaborar los duelos, se siente con menos energía.
b. La pérdida o aumento del apetito. El cambio de ambiente influye sobremanera en el cambio de los hábitos alimentarios; la dificultad para encontrar los mismos productos, no disponer de los recursos económicos suficientes, pero, sobre todo tiene que ver con la ansiedad. Hay quienes la aplacan comiendo y quienes lo hacen vomitando. "No estaba acostumbrada a este tipo de comida, a este clima; las tripas, como dicen aquí, se me movían todos los días... entonces me puse muy delgada" (Inmigrante peruana).
c. Continuando con los síntomas característicos de la tensión excesiva es frecuente la presencia de dolores de cabeza frecuentes que suelen presentase en forma de cefaleas tensionales y en menor grado las migrañas.
d. Las ideas de muerte y suicidio no son síntomas frecuentes, aunque en ocasiones son pensamientos recurrentes. En general, el inmigrante tiene una gran capacidad para luchar y para afrontar la adversidad. La religión también influye notablemente, ya que todas las religiones prohíben expresamente el suicidio. "Ha habido muchos días en que me quería morir" (Inmigrante peruana).
e. La sensación de soledad, aun en compañía. La persona inmigrante, al verse alejado de cosas y personas con las que tenía una gran vinculación, intenta crear nuevas relaciones. El crear nuevas relaciones supone el riesgo de generar arraigo y no siempre se está dispuesto a echar raíces, por cuanto esto supone negar o dificultar la posibilidad de volver, de regresar. Sin embargo, el establecer nuevas relaciones no resulta tan fácil. El problema del idioma, la pobreza de redes sociales, el desconocimiento de las maneras de "ser y estar" de la sociedad de acogida. La falta de los resortes fundamentales para establecer vínculos, especialmente la familia (por medio de la cual se articulan muchos de los contactos sociales) y los compañeros de trabajo, pueden generar una enorme sensación de soledad. También es frecuente buscar la soledad como refugio y como conexión con lo perdido (aflicción). "Entonces...creo que fue una etapa, no fue hacía las personas, sino hacia las situaciones. Era una soledad, en cierto modo me la buscaba yo. Cuando estoy en la casa, estoy en la cama y no quiero salir, porque quiero estar sola... es como estar en la casa, comiendo, acostada... (Inmigrante ecuatoriana). "Al principio no podía soportar estar tanto tiempo sola, no conocía a nadie, nadie en la calle me hablaba, las compañeras de habitación llegaban cansadas, se me movía todo el piso y no podía hablar con nadie... sin mis padres... mis hermanos...-expresión de tristeza-" (Inmigrante ecuatoriana).
f. La alteración frecuente del sueño. Problemas para conciliar el sueño, el despertar precoz, el sueño entrecortado y jalonado de pesadillas son síntomas frecuentes en el duelo migratorio. Como ya hemos señalado, las preocupaciones recurrentes, la ansiedad, la presión son factores que predisponen. Además, la noche es el momento en el que afloran los recuerdos y la soledad. El lugar donde se duerme, las condiciones para dormir, incluso en situaciones de tener que compartir cama con desconocidos o intercambiar la cama cada cierto tiempo, son circunstancias altamente estresantes que dificultan un sueño tranquilo.
g. La pérdida de memoria es un síntoma poco frecuente y que, en ocasiones, se asocia a situaciones de estrés postraumático, en este caso, cuando el viaje migratorio es especialmente peligroso.
h. Los desajustes fisiológicos varios. Junto con los ya descritos dolores de cabeza-cefaleas-migrañas recurrentes, se pueden señalar otros como: dolores gástricos, malestar intestinal, pérdida del sueño, cansancio, hipertensión, vómitos, dolores musculares, amenorrea, ulceraciones, dermatitis, caída del pelo, muy asociados todos a factores de tensión y de depresión.
Elaboración del duelo
Según Achotegui (2002:15-17) en la elaboración del duelo se ponen en marcha una serie de mecanismos de defensa, los más utilizados son:
-Negación: "todo es igual que en mi país"; "a mi no me afectan estos cambios".
-Proyección: "aquí la gente es muy diferente"; "en mi país no somos tan mal intencionados".
-Idealización: "mi país es el más bonito del mundo, y la comuna donde yo vivo, más aun"; "aquí si que se vive bien".
-Animismo: Es una forma de antropomorfismo ingenuo, atribuir rango humano a entes no humanos: lengua, cultura, país, etc. que sufren, están tristes, gozan de salud como los humanos (Ej.: Marruecos llora a los hombres y mujeres muertos en el Estrecho.)
-Formación Reactiva: Hacer lo contrario de lo que demanda el impulso, en el intento de amoldarse a la nueva cultura intentan rechazar su cultura de origen.
-Racionalización: Separar el componente afectivo del cognitivo, evitando el sufrimiento.
"Cuando estoy mal lo comparto, no me lo quedo. Donde laboro hay una
compañera ecuatoriana que siempre está llorando, no habla de lo que le pasa, siempre está triste... yo lo hablo, se lo cuento a mi pololo..." (Inmigrante chileno).
"estuve con más amigos que me dieron las espaldas" (Inmigrante peruana).
"Superé la tristeza, salí con amigas, escuchaba música, cambié el trabajo en el que porque me trataban muy mal" (Inmigrante boliviana).
"Trataba de sobreponerme, encontré a una amiga, eso me ayudó" (Inmigrante dominicana).
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(9) Decálogo del inmigrante: No sufrirás al partir. Te harás duro en cuanto pises el avión. Deberás rendir examen todos los días fuera de tu país. Deberás apoyarte en tus compatriotas, y no escapar de ellos. No renunciarás nunca, por más que sea íntimamente, a tu propia identidad. Tu actitud deberá ser diferente, y tendrás que acostumbrarte a otros tonos, otras costumbres, otros decires y otras historias. No crees nunca tu propio "ghetto" encerrándote en tu casa y en tu familia. Aprende a comprender a la gente del país al que te has ido. Te ayudará la convivencia. No pienses en volver. La emigración es en la mayoría de las ocasiones, un camino sin regreso definitivo. No sufras por lo que has dejado. Alégrate por lo que has encontrado. Disfruta de lo que vives y no desaproveches el tiempo.
A modo de apunte final, vale la pena señalar que el objeto de las reflexiones aquí expuestas ha pretendido contribuir a clarificar la idea de duelo migratorio y a sensibilizar a los profesionales que trabajan con inmigrantes al respecto. Los trabajadores sociales, en la realidad española, cada vez se encuentran más con usuarios inmigrantes demandantes de atención profesional, de prestaciones y servicios. Junto con la necesaria preparación en materia de interculturalidad, está la sensibilización respecto del duelo migratorio, ya que éste no sólo afecta a la psique del individuo, sino a la dimensión sociofamiliar del mismo. Los trabajadores sociales se entroncarían sobremanera en la línea psicosocial de actuación en torno al duelo migratorio que en este artículo hemos señalado. De manera general, y en el tema que nos trae de manera específica, si hay algo con lo que los trabajadores sociales trabajamos son con las pérdidas y los duelos de nuestros usuarios/familias (pérdidas de empleo, de poder adquisitivo, de vivienda, de derechos, de libertad, etc.); somos profesionales habituados a trabajar con las pérdidas de los clientes.
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(10) A este respecto, Tizón, San-Jose y Nadal (1997:160-161): Protocolos y programas elementales para la atención primaria a la salud mental. Herder. Barcelona, proponen unos objetivos y técnicas específicas para el trabajo con grupos de inmigrantes.
Referencias
Achard de Demaría, L. y Galeano Massera, J. (1998): Vicisitudes del inmigrante. Asoc. Psicoanalítica Argentina. Buenos Aires.
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